<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557</id><updated>2011-12-24T02:58:29.481-08:00</updated><category term='Año Paulino'/><category term='Episcopado'/><category term='Papa'/><category term='Educadores'/><category term='Elecciones España'/><category term='Reino Unido'/><category term='Documento'/><category term='Paz'/><category term='Evolución'/><category term='Declaración'/><category term='Valencia'/><category term='Costa Rica'/><category term='Iglesia'/><category term='Comunicación'/><category term='Obispos'/><category term='Historia'/><category term='Sacerdocio'/><category term='Nicaragua'/><category term='Gobierno'/><category term='Beatificación'/><category term='Catequesis'/><category term='General'/><category term='Ideario'/><category term='Capitulo'/><category term='Cuaresma'/><category term='Delegaados'/><category term='León'/><category term='Comentario'/><category term='Discernir'/><category term='Niños'/><category term='Africa'/><category term='Celestina'/><category term='Comunidad'/><category term='Mensaje'/><category term='EEUU'/><category term='Seminaristas'/><category term='Doctrina'/><category term='P. General'/><category term='Centro América'/><category term='Elecciones Nicaragua'/><category term='Católicos'/><category term='Pascua'/><category term='Reflexión'/><category term='Pastoral'/><category term='Calasanz'/><category term='Ecumenismo'/><category term='Caribe'/><category term='Jóvenes'/><category term='Congregación'/><category term='Ciencia'/><category term='África'/><category term='Familia Calasancia'/><category term='Escuela Pía'/><category term='Obrero'/><category term='Sinodo'/><category term='Vocación'/><category term='Musulmanes'/><category term='Juan Pablo II'/><category term='Ética'/><category term='Viceprovincia'/><category term='Homilía'/><category term='Politica'/><category term='Provincial'/><category term='Religiones'/><category term='Benedicto XVI'/><category term='Magisterio'/><category term='Misión'/><category term='Presbiterado'/><title type='text'>MAGISTERIO</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>124</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-4252062020689992974</id><published>2011-12-24T02:55:00.000-08:00</published><updated>2011-12-24T02:58:29.502-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia'/><title type='text'>HOMILIA DEL OBISPO DE LEÓN –Mnsr BOSCO VIVAS- EN LA LAVADA DE LA PLATA.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;HOMILIA DEL OBISPO DE LEÓN –Mnsr BOSCO VIVAS- EN LA LAVADA DE LA PLATA.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;EL VIEJO, CHINANDEGA&lt;br /&gt;06 DE DICIEMBRE DEL 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanos y hermanas: Aquí, en este santuario de la Madre de los Nicaragüenses, el Evangelio se hace un encuentro vivo de toda la familia eclesial junto a Cristo y bajo la mirada atenta y amorosa de la Madre Santísima.  Aquí, sentimos la fe como algo nuestro, dinámico, consolador y transformante.  No necesitamos (al estar aquí) demasiadas ideas; nos basta dejamos llevar por el impulso del Espíritu Santo hacia aquella a la que Cristo, desde la cruz, nos entregó y a la que fuimos confiados por Él.  Es esta una experiencia que podemos testimoniar los que hemos venido aquí motivados por la fe.  El contacto con lo Sagrado se hace en este lugar muy fuerte y motivador, así como el deseo del bien se convierte en propósito de mejorar la vida viviéndola en Cristo por medio de la Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este Santo lugar, pues, creamos y aceptemos la experiencia de la presencia de Cristo entre nosotros y dejémonos cobijar por la purísima luz que irradia de la Virgen Madre que nos ve amorosamente en Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Donde está Jesucristo nuestro Dios y Señor, está la Virgen y donde está la Virgen está su Hijo.  No hay competencia indebida entre ellos! Todo es armonía. paz y belleza entre la Santísima Trinidad y su criatura humana predilecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen Madre del Mesías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la proclamación de la Palabra se nos anuncia a una Mujer y su descendencia en batalla contra el adversario de Dios.  Es la primera página del Génesis, el primer Evangelio, (Buena Nueva) en la Biblia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En San Lucas se nos afirma que esta profecía se ha cumplido cuando una Doncella llamada María concibe por obra del Espíritu Santo al Mesías prometido, un Hijo que es “Dios con nosotros” (Enmanuel) y que se llama Jesús (Salvador).  Hay, pues, una unión indisoluble, por voluntad de Dios, entre el hijo y la madre que se anuncian y entre el Hijo y la Madre que realizan la profecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente que entre el anuncio de la profecía y su realización transcurre mucho tiempo y sin embargo, ni el anuncio se apaga ni la esperanza desaparece de generación en generación.  Este espacio y este tiempo lo llena la amorosa providencia de Dios con los seres humanos y la confianza que alientan los profetas en que esta Palabra se cumplirá en la plenitud de los tiempos.  El amor providente de Dios se llama Gracia.  La acogida de la Palabra de Dios de parte del ser humano se llama fe.  Esta gracia y esta fe llegan a su cumbre de perfección en la que es llamada Bendita por haber creído, es decir, en Nuestra Señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gran diferencia hay, sin embargo entre la página del Génesis y la del Evangelio.  La primera es oscura, borrascosa y trágica, mientras la segunda es plácida y luminosa y serena (alegre).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos enseña que las circunstancias más oscuras y tristes pueden ser trocadas en historia de salvación si Dios está con nosotros y como la Virgen María obedecemos su palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este don de la gracia que salva por el poder de Jesucristo si es aceptada por la fe nos ha hablado el apóstol San Pablo en su carta a los Efesios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cuánto amor tienes Señor a tu Santa Madre que has querido demostrar con tu propia vida lo unido que estás con tu Madre Inmaculada y lo mucho que te agrada verla amada y honrada por todos los redimidos con tu Sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen María Madre de Misericordia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los santos que hablan llenos del Espíritu de Dios nos dicen que es a través de la mediación maternal de la Virgen que se consiguen los mejores frutos espirituales de la vida cristiana.  San Bernardo explica que es útil y provechoso hablar de la pureza y de la humildad de la Madre del Señor; pero nos mueve más a confiar en el Señor el pensar que es nuestra madre rica en bondad para con nosotros sus hijos enfermos y pecadores.  Lo mismo expresa San Alfonso al asegurar que con toda verdad, y según su propia experiencia y la de su Congregaron religiosa, ninguna palabra resulta tan provechosa para la conversión de los pueblos Corno la que trata sobre la misericordia maternal de la Virgen María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría hablar de mi propia experiencia y afirmar inspirándome en palabras de Santa Teresa de Jesús que mucho me ha valido no olvidar nunca la misericordia maternal de la Virgen, como también el verificar el sumo provecho espiritual que se puede lograr cuando se promueve la devoción a la Virgen y se habla de su amor y de su mediación materna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la razón más importante para hablar de la bondad de María Santísima Nuestra Señora es porque es precisamente por medio de Ella que descubriremos con gozo el amor de Cristo por nosotros y responderemos a ese amor con mayor generosidad y agradecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen en la Anunciación ejercita su fe al recibir al Verbo y usa de misericordia para con nosotros al darnos a Jesucristo, el amor encarnado y acomodado a nuestra naturaleza humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen bajo la cruz se hace depositaria de la misericordia divina, que sale del corazón de Jesús, la recoge en su corazón y la entrega a sus hijos que somos nosotros cumpliendo así su misión maternal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen María Medianera Maternal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta manera Jesucristo, Vida nuestra, nos es entregado por el Padre a través de María Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además el Único Mediador de justicia que es Jesús ha unido a su Madre como mediadora maternal de gracias a su obra redentora.  Por la Virgen Jesús se une a nosotros y nosotros a Él para llegar de la tierra al cielo.  El camino recorrido por Cristo para venir a nosotros es el que usamos nosotros para ir a Él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuan cierto es que el todopoderoso ha hecho cosas grandes en la Madre Inmaculada de su Hijo y dándole al Hijo le dio con Él todas las cosas y las puso en sus manos.  La llenó de gracia a Ella y con la colaboración de Ella nos entrega su gracia a nosotros.  Esta es la razón por la cual la oración de la Madre siempre es oída por Dios tanto cuando Ella lo alaba con todo su ser como cuando ruega por los que nos ponemos bajo su amparo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias sean dadas al Padre porque la divina misericordia que se nos ha manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro, (muerto y resucitado por nuestra salvación) se nos entrega en la Iglesia por la acción del Espíritu Santo envuelta en la ternura maternal de María Santísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te rogamos Señora nuestra que nos consigas la fuerza del Espíritu Santo para fortalecer nuestra voluntad debilitada por los errores y equivocaciones, por las envidias y divisiones, por la mentira y la hipocresía, por la violencia y el desenfreno moral, en pocas palabras: la voluntad envenenada por el pecado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí estamos, Madre, para implorarte que nos concedas la gracia del arrepentimiento, de la conversión verdadera manifestada en obras de caridad y de perdón, en actitudes de reconciliación y sobre todo en la decisión de entrega sincera a Jesucristo.  Porque Señora: ¿a quién iríamos si lo dejamos a Él?  Él tiene Palabra de Vida Eterna. Tu aceptaste esa palabra de manera perfecta y total, sin limitaciones ni imperfecciones; tu encarnaste en tu mente, y en tu corazón y en tu vientre al Verbo Divino de tal modo que te trasformaste en Él, en la santidad y en la Divinidad y lo hiciste a Él semejante a ti en la humildad y la sencillez de la humanidad. ¿Quién mejor que tú, Madre, para enseñarnos a aceptar a Jesucristo, a creer en Él, y a amarlo sobre todas las cosas?  Maestra Santísima, llena de gracia, Virgen de limpia hermosura, Candor de luz eterna y espejo sin mancha que refleja de modo perfecto la Belleza de Dios, recíbenos entre tus alumnos y discípulos y vence la dureza de nuestro entendimiento y la frialdad de nuestro corazón con la Verdad de Cristo y el Fuego del Espíritu Santo; Verdad y Fuego que colman tu Corazón encendido de Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te bendecimos Oh Dios por María Inmaculada, tu criatura amada cual ninguna otra.  Gracias por habérnosla entregado a nosotros como consuelo y esperanza, como signo y señal segura de encontrarte a Ti en Ella y por Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen es la Casa del Señor, el Templo vivo de Jesucristo y el monte en donde se posa el Eterno para gobernar el universo. ¡Vamos a la Casa del Señor, entremos en su Morada, subamos al Monte Carmelo! ¡Todo esto es la Virgen!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La invitación no es solo a confiar en el poder y en el amor de la Virgen como intercesora maternal entre Cristo y nosotros, sino que es sobre todo a entrar (con la ayuda de la Madre) en comunión de fe viva con el Hijo de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús por su parte, quiere usar de misericordia con nosotros, haciéndonos reposar y vivir en su Casa. en el Corazón de su Madre Inmaculada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es en la Casa de Cristo, el Corazón de su Madre, donde los seres humanos seremos realmente hermanos y saborearemos la dicha de la reconciliación y de la paz en la Iglesia y en la sociedad humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen María Madre Reconciliadora&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Virgen, la gracia del Espíritu Santo, derramada en plenitud tal como lo exigía su dignidad de Madre de Dios, se junta con todos los dones divinos que la capacitan para ejercer su función maternal perfecta y eficazmente.  Dios concedió a la Virgen Santísima el vivir, como nadie (después de Jesucristo) el amor de Dios y el amor al prójimo.  Amor a Dios que la eleva hasta tener los sentimientos del mismo Cristo en su corazón y amor al hombre que la lleva a sacrificar a su Hijo con ardiente caridad para lograr la salvación traída por su Hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen es Madre de reconciliación:  Ella atrae a todo el que quiera responder al don que ofrece el Espíritu Santo.  El acercarnos a Ella es un paso necesario y seguro para dejarnos encontrar por Jesucristo el buen Pastor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los que aquí estamos y todos los que están unidos a nosotros a través d~ los medios de comunicación de cualquier índole que sean, ciertamente que tenemos en común, además de la sed de paz y el anhelo de un mundo mejor, lo más grande y hermoso que es la fe en Jesucristo, la pertenencia-a la Iglesia y la ternura filial y confiada en Nuestra Señora.  Sin embargo es seguro que pensemos diferente en asuntos sociales, políticos, económicos, etc. Es posibilísimo que no todos estén con el mismo ánimo: habrá quien esté alegre, sereno y en paz; habrá quien esté triste, de duelo, angustiado e incluso al borde de la desesperación por diversos motivos, habrá quien se encuentre alejado de Dios por el pecado. Habrá quien desee agradecer a la Madre y quien desee pedirle dones.  Aunque somos diferentes, como en toda familia, en la Iglesia somos hermanos, amados todos por Dios y protegidos todos por María Santísima.  Esto es motivo de serenidad y esta es buena disposición para participar en esta celebración en honor a la Reina y Madre de Nicaragua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante el Trono de la Virgen sintámonos dichosos de saber que todo su poder es de misericordia y tranquilicemos el corazón con la seguridad de que el amor de la Virgen es inigualable y ¿Cómo no va a ser inigualable si fue Dios mismo quien le dio esa capacidad para que pudiera amar dignamente a Aquel a quien los cielos no pudieron contener?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pecado pone un dique al torrente divino de la gracia.  Pero el amor de Dios sigue fluyendo de Él y se deposita en la única criatura que Él ha preparado para ese propósito: la Bienaventurada Virgen María. La Inmaculada Concepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gracia contenida por el pecado dice San Luís María G. de Monfort se precipitó con todas sus fuerzas y en plenitud en el Corazón de la Virgen María en cuanto una criatura es capaz de recibirla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros experimentamos que, aún ahora, el Adversario de Dios y el mundo influenciado por el espíritu anticristiano trabajan para lograr (si les fuere posible) el fracaso al Plan Divino de la Salvación de la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabernos que esto no le será posible y que la victoria de Jesucristo está asegurada, pero la experiencia nos dice que el mal se extiende en algunas épocas de la historia más que en otras y que el hombre y la mujer somos débiles ante las tentaciones ya que llevamos el tesoro de la amistad con Dios en vasos frágiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demos gracias a Dios, sin embargo, porque se nos garantiza la victoria gracias a Jesucristo, Nuestro Señor que nos ama con amor eterno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es la Misericordia: tener poder para sacar bien del mal y pará lograr que de los males surjan los bienes y el mayor de los bienes que es el perdón de Dios, ese perdón que nos hace hijos suyos por la acción del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta salvación traída por Jesús nos ha sido dada — así lo dispuso Dios — por la colaboración libre y la obediencia total a la voluntad divina de salvación de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santo Tomás dice que la aceptación (el sí) de la Virgen a la Palabra de Dios fue la llave que hizo derramarse sobre el mundo y la humanidad los torrentes de gracia que el pecado había frenado y lo más bello es que todo ese torrente de amor divino colmó primero a la Virgen y lo más bello es que todo ese torrente del amor divino de la gracia colmó primero a la Virgen para ser después dado a nosotros...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conclusión&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo decirles que: “El reino de Cristo que es reino de justicia, de amor y de paz, sólo lo logran quienes se dominan así mismos hasta vencer el mal con el bien.  Esta fuerza se ofrece con mayor eficacia por medio de la Virgen María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La que tuvo poder por su fe para hacer bajar al Verbo al mundo y de lograr su encarnación y después su manifestación primera y pública en Caná; la que pudo adelantar la hora de la verdadera liberación, la que fortaleció la fe de los discípulos en Cristo, la que entregó la paz al mundo entero.  Ella es la Madre de Nicaragua y desea más el bien de nuestro país que lo que lo deseamos nosotros mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanos y hermanas: hoy al iniciar las solemnes fiestas en conmemoración de los 450 años de tener con nosotros la imagen Sagrada de María Inmaculada, Nuestra Señora del Trono, Madre y Patrona de Nicaragua, hoy, repito, debe resonar fuertemente en los oídos de todos y cada uno de los católicos nicaragüenses la invitación que la iglesia nos hace inspirándose en las palabras escritas en esta Basílica Santuario Nacional: Vengan todos de un rincón a otro del país a venerar a la Excelsa Madre de Dios y Madre nuestra Purísima; vengan a postrarse ante el trono de la reina pero, sobre todo, vengan todos a abrazar a la Madre.  Recordemos las palabras de Santa Teresita del Niño Jesús: La Virgen es más Madre que reina.  Por lo tanto, si es reina tiene poder sin límite ante su Divino Hijo Jesucristo y si es Madre y nos ve desvalidos o tristes, preocupados o desalentados, se hace toda ternura y bondad apoyando nuestra oración y haciéndola suya ante Dios; así, nuestras plegarias y ofrendas defectuosas y pobres en sí mismas serán agradables al Señor y fructificaran en obras de bien y en gracia de Dios por la pureza de la Madre que aboga por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanos y hermanas: Desde que somos iglesia, pueblo de Dios, hace ya casi cinco siglos la Inmaculada Concepción de María ha sido nuestro faro luminoso que nos ha mantenido navegando victoriosamente en la nave de la iglesia católica entre tormentas y huracanes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciéndome eco de la predicación de San Bernardo les digo: si no quieren hundirse en la desesperación al considerar la gravedad de sus culpas, si no quieren destrozar su vida por los vicios, la violencia, la soberbia, el egoísmo o por cualquier otro mal, sea este propio, familiar o nacional, miren a la Estrella, invoquen a María.  Entonces gozaremos lo que han experimentado todas las generaciones cristianas: la dulzura, la misericordia y la piedad de la Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+ Mons. Bosco Vivas Robelo&lt;br /&gt;Obispo de León.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santuario Nacional&lt;br /&gt;Basílica de La Inmaculada Concepción de María&lt;br /&gt;Patrona de Nicaragua&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-4252062020689992974?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/4252062020689992974/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=4252062020689992974' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4252062020689992974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4252062020689992974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/12/homilia-del-obispo-de-leon-mnsr-bosco.html' title='HOMILIA DEL OBISPO DE LEÓN –Mnsr BOSCO VIVAS- EN LA LAVADA DE LA PLATA.'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-4948484638286053774</id><published>2011-11-29T00:55:00.000-08:00</published><updated>2011-11-29T00:57:44.827-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Africa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><title type='text'>ÁFRICA, su realidad (Benedicto XVII 2011)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VIAJE APOSTÓLICO A BENÍN 18-20 DE NOVIEMBRE DE 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENCUENTRO CON LOS MIEMBROS DEL GOBIERNO,  REPRESENTANTES DE LAS INSTITUCIONES DE LA REPÚBLICA,  EL CUERPO DIPLOMÁTICO Y REPRESENTANTES DE LAS PRINCIPALES RELIGIONES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;Palacio Presidencial de Cotonú, Sábado 19 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Presidente de la República, Distinguidas autoridades civiles, políticas y religiosas, Damas y caballeros Jefes de Misiones Diplomáticas, Queridos hermanos en el Episcopado, Señoras y Señores, queridos amigos,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doo noumi! [saludo solemne en fon]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Presidente, habéis querido ofrecerme la ocasión de este encuentro ante una prestigiosa asamblea de personalidades. Es un privilegio que aprecio, al mismo tiempo que agradezco de todo corazón las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todo el pueblo de Benin. Deseo dar las gracias también la Señora representante de los Cuerpos Constituidos por sus palabras de bienvenida. Y expreso mis mejores deseos para todas las personalidades presentes, que son responsables de primer orden de la vida nacional en Benin, cada uno en su respectivo ámbito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mis intervenciones anteriores, he unido frecuentemente la palabra África a la de esperanza. Lo hice hace dos años en Luanda, en un contexto sinodal. Por otro lado, la palabra esperanza se encuentra muchas veces en la Exhortación apostólica postsinodal Africae munus que luego firmaré. Cuando digo que África es el continente de la esperanza, no hago retórica fácil, sino expreso simplemente una convicción personal, que es también de la Iglesia. Con demasiada frecuencia nuestra mente se queda en prejuicios o imágenes que dan una visión negativa de la realidad africana, fruto de un análisis pesimista. Es siempre tentador señalar lo que está mal; más aún, es fácil adoptar el tono del moralista o del experto, que impone sus conclusiones y propone, a fin de cuentas, pocas soluciones adecuadas. Existe también la tentación de analizar la realidad africana de manera parecida a la de un antropólogo curioso, o como alguien que no ve en ella más que una enorme reserva de energía, minerales, productos agrícolas y recursos humanos fáciles de explotar para intereses a menudo escasamente nobles. Estas son visiones reduccionistas e irrespetuosas, que llevan a una cosificación nada correcta para África y sus gentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy consciente de que las palabras no tienen el mismo significado en todas partes. Pero el término esperanza varía poco según las culturas. Hace algunos años dediqué una Carta encíclica a la esperanza cristiana. Hablar de la esperanza es hablar del porvenir y, por tanto, de Dios. El futuro enlaza con el pasado y el presente. El pasado lo conocemos bien: lamentamos sus errores y reconocemos sus logros positivos. El presente, lo vivimos como podemos. Lo mejor, lo espero aún y con la ayuda de Dios. En este terreno, compuesto de múltiples elementos contradictorios y complementarios, es donde se trata de construir con la ayuda de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, quisiera leer a la luz de esta esperanza que nos debe animar, dos aspectos importantes de África en la actualidad. El primero se refiere a la vida sociopolítica y económica del continente en general; el segundo al diálogo interreligioso. Estos aspectos son interesantes porque nuestro siglo parece haber nacido con el dolor y la dificultad de hacer crecer la esperanza en estos ámbitos específicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos meses, muchos han expresado su deseo de libertad, su necesidad de seguridad material y su deseo de vivir en armonía en la diferencia de etnias y religión. Ha nacido incluso un nuevo Estado en vuestro continente. También ha habido muchos conflictos provocados por la ceguera del hombre, por sus ansias de poder y por intereses político-económicos que ignoran la dignidad de la persona o de la naturaleza. La persona humana aspira a la libertad, quiere vivir dignamente; desea buenas escuelas y alimentación para los niños, hospitales dignos para cuidar a los enfermos; quiere ser respetada y reivindica un gobierno límpido que no confunda el interés privado con el interés general; y, sobre todo, desea la paz y la justicia. En estos momentos hay demasiados escándalos e injusticias, demasiada corrupción y codicia, demasiado desprecio y mentira, excesiva violencia que lleva a la miseria y a la muerte. Estos males afligen ciertamente vuestro continente, pero también al resto del mundo. Toda nación quiere entender las decisiones políticas y económicas que se toman en su nombre. Se da cuenta de la manipulación, y la revancha es a veces violenta. Desea participar en el buen gobierno. Sabemos que ningún régimen político humano es perfecto, y que ninguna decisión económica es neutral. Pero siempre deben servir al bien común. Por tanto, estamos ante una reivindicación legítima, que afecta a todos los países, de una mayor dignidad y, sobre todo, de más humanidad. El hombre quiere que su humanidad sea respetada y promovida. Los responsables políticos y económicos de los países se encuentran ante decisiones determinantes y opciones que no pueden eludir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde esta tribuna, hago un llamamiento a todos los líderes políticos y económicos de los países africanos y del resto del mundo. No privéis a vuestros pueblos de la esperanza. No amputéis su porvenir mutilando su presente. Tened un enfoque ético valiente en vuestras responsabilidades y, si sois creyentes, rogad a Dios que os conceda sabiduría. Esta sabiduría os hará entender que, siendo los promotores del futuro de vuestros pueblos, es necesario que seáis verdaderos servidores de la esperanza. No es fácil vivir en la condición de servidor, de mantenerse íntegro entre las corrientes de opinión y los intereses poderosos. El poder, de cualquier tipo que sea, ciega fácilmente, sobre todo cuando están en juego intereses privados, familiares, étnicos o religiosos. Sólo Dios purifica los corazones y las intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Iglesia no ofrece soluciones técnicas ni impone fórmulas políticas. Ella repite: No tengáis miedo. La humanidad no está sola ante los desafíos del mundo. Dios está presente. Y este es un mensaje de esperanza, una esperanza que genera energía, que estimula la inteligencia y da a la voluntad todo su dinamismo. Un antiguo arzobispo de Toulouse, el cardenal Saliège, decía: «Esperar no es abandonar; es redoblar la actividad». La Iglesia acompaña al Estado en su misión; quiere ser como el alma de ese cuerpo, indicando incansablemente lo esencial: Dios y el hombre. Quiere cumplir abiertamente y sin temor esa tarea inmensa de quien educa y cuida y, sobre todo, de quien ora incesantemente (cf. Lc 18,1), que muestra dónde está Dios (cf. Mt 6,21) y dónde está el verdadero hombre (cf. Mt 20,26; Jn 19,5). Desesperar es individualismo. La esperanza es comunión. ¿No es este un camino espléndido que se nos propone? Invito a emprenderlo a todos los responsables políticos, económicos, así como del mundo académico y de la cultura. Sed también vosotros sembradores de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera abordar ahora el segundo punto, el del diálogo interreligioso. No parece necesario recordar los recientes conflictos provocados en nombre de Dios, y las muertes causadas en nombre de Aquel que es la vida. Toda persona sensata comprende la necesidad de promover la cooperación serena y respetuosa entre las diferentes culturas y religiones. El auténtico diálogo interreligioso rechaza la verdad humanamente egocéntrica, porque la sola y única verdad está en Dios. Dios es la Verdad. Por tanto, ninguna religión, ninguna cultura puede justificar que se invoque o se recurra a la intolerancia o a la violencia. La agresividad es una forma de relación bastante arcaica, que se remite a instintos fáciles y poco nobles. Utilizar las palabras reveladas, las Sagradas Escrituras o el nombre de Dios para justificar nuestros intereses, nuestras políticas tan fácilmente complacientes o nuestras violencias, es un delito muy grave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo puedo conocer al otro si me conozco a mí mismo. Sólo lo puedo amar si me amo a mí mismo (cf. Mt 22,39). Por tanto, el conocimiento, la profundización y la práctica de su propia religión es esencial para un verdadero diálogo. Este sólo puede comenzar con la oración personal sincera de quien quiere dialogar. Que se retire en el secreto de su habitación interior (cf. Mt 6,6) para pedir a Dios la purificación de sus motivos y la bendición para el encuentro deseado. Esta oración pide también a Dios el don de ver en el otro a un hermano que debe amar, y de reconocer en la tradición en que él vive un reflejo de esa Verdad que ilumina a todos los hombres (Nostra Aetate, 2). Por eso conviene que cada uno se sitúe en la verdad ante Dios y ante el otro. Esta verdad no excluye, y no comporta una confusión. El diálogo interreligioso mal entendido conduce a la confusión o al sincretismo. No es este el diálogo que se busca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante los esfuerzos que se han hecho, sabemos también que a veces el diálogo interreligioso no es fácil, o incluso inviable por diversas razones. Esto no significa un fracaso. Las formas de diálogo interreligioso son múltiples. La cooperación en el ámbito social o cultural pueden ayudar a las personas a comprenderse mejor a sí mismas y a vivir juntos con serenidad. También es bueno saber que no se dialoga por debilidad, sino que dialogamos porque creemos en Dios, creador y padre de todos los hombres. El diálogo es una forma más de amar a Dios y al prójimo (cf. Mt 22,37) en el amor de la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tener esperanza no es ser ingenuo, sino hacer un acto de fe en Dios, Señor del tiempo y Señor también de nuestro futuro. La Iglesia Católica pone así en práctica una de las intuiciones del Concilio Vaticano II, la promoción de las relaciones amistosas entre ella y los miembros de religiones no cristianas. Durante décadas, el Consejo Pontificio que lo gestiona establece lazos, multiplica las reuniones y publica regularmente documentos, con el fin de favorecer ese diálogo. La Iglesia trata de reparar la confusión de lenguas y la dispersión de los corazones nacida del pecado de Babel (cf. Gn 11). Saludo a todos los líderes religiosos que han tenido la amabilidad de venir aquí para encontrarme. Deseo asegurarles, así como a los de otros países africanos, que el diálogo ofrecido por la Iglesia Católica nace del corazón. Les animo a promover, especialmente entre los jóvenes, una pedagogía del diálogo, de modo que descubran que la conciencia de cada uno es un santuario que se ha de respetar, y que la dimensión espiritual construye la hermandad. La verdadera fe lleva invariablemente al amor. Y en este espíritu os invito a todos a la esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas consideraciones generales se aplican de manera particular a África. En vuestro continente, hay numerosas familias cuyos miembros profesan creencias diferentes, pero siguen permaneciendo unidas. Esta unidad no se debe sólo a la cultura, sino que está cimentada en el afecto fraterno. Hay naturalmente a veces fracasos, pero también muchos éxitos. En este ámbito concreto, África puede ofrecer a todos materia de reflexión y ser así una fuente de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, quisiera utilizar la imagen de la mano. Esta compuesta por cinco dedos muy diferentes entre sí. Sin embargo, cada uno de ellos es esencial y su unidad forma la mano. El buen entendimiento entre las culturas, la consideración no altiva de unos hacia otros y el respeto de los derechos de cada uno, son un deber vital. Se ha de enseñar esto a todos los fieles de las diversas religiones. El odio es un fracaso, la indiferencia un callejón sin salida y el diálogo una apertura. ¿No es ese el buen terreno donde sembrar la simiente de la esperanza? Tender la mano significa esperar a llegar, en un segundo momento, a amar. Y, ¿hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate (cf. Gn 4,1ss) o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo. Puede hacer florecer la esperanza, sobre todo cuando la mente balbucea y el corazón recela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según la Sagrada Escritura, hay tres símbolos que describen la esperanza para el cristiano: el yelmo, que le protege del desaliento (cf. 1 Ts 5,8), el ancla segura y firme, que fija en Dios (cf. Hb 6,19 ), y la lámpara, que le permite esperar el alba de un nuevo día (cf. Lc 12,35-36). Tener miedo, dudar y temer, acomodarse en el presente sin Dios, y también el no tener nada que esperar, son actitudes ajenas a la fe cristiana (cf. S. Juan Crisóstomo, Homilía XIV sobre la Carta a los Romanos, 6: PG 45, 941C) y también, creo yo, a cualquier otra creencia en Dios. La fe vive el presente, pero espera los bienes futuros. Dios está en nuestro presente, pero viene también del futuro, lugar de la esperanza. El ensanchamiento del corazón no es sólo la esperanza en Dios, sino también la apertura al cuidado de las realidades corporales y temporales para dar gloria a Dios. Siguiendo los pasos de Pedro, del que soy sucesor, deseo que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios (cf. 1 P 1,21).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos son los votos que formulo para toda África, que me es tan querida.&lt;br /&gt;¡Ten confianza, África, y levántate.&lt;br /&gt;El Señor te llama!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que Dios os bendiga.&lt;br /&gt;Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-4948484638286053774?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/4948484638286053774/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=4948484638286053774' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4948484638286053774'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4948484638286053774'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/11/africa-su-realidad-benedicto-xvii-2011.html' title='ÁFRICA, su realidad (Benedicto XVII 2011)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-4009438161968968405</id><published>2011-11-29T00:47:00.000-08:00</published><updated>2011-11-29T00:51:58.073-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><title type='text'>DSCURSO AL PARLAMENTO FEDERAL (Benedicto XVI) 2011</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VIAJE APOSTÓLICO A ALEMANIA 22-25 DE SEPTIEMBRE  DE 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reichstag, Berlín, Jueves 22 de septiembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ilustre Señor Presidente Federal,&lt;br /&gt;Señor Presidente del Bundestag,&lt;br /&gt;Señora Canciller Federal,&lt;br /&gt;Señor Presidente  del Bundesrat,&lt;br /&gt;Señoras y Señores Diputados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es para mi un honor y una alegría hablar ante esta Cámara alta, ante el Parlamento de mi Patria alemana, que se reúne aquí como representación del pueblo, elegido democráticamente, para trabajar por el bien común de la República Federal de Alemania. Agradezco al Señor Presidente del Bundestag su invitación a pronunciar este discurso, así como sus gentiles palabras de bienvenida y aprecio con las que me ha acogido. Me dirijo en este momento a ustedes, estimados señoras y señores, también como un connacional que por sus orígenes está vinculado de por vida y sigue con particular atención los acontecimientos de la Patria alemana. Pero la invitación a pronunciar este discurso se me ha hecho en cuanto Papa, en cuanto Obispo de Roma, que tiene la suprema responsabilidad sobre los cristianos católicos. De este modo, ustedes reconocen el papel que le corresponde a la Santa Sede como miembro dentro de la Comunidad de los Pueblos y de los Estados. Desde mi responsabilidad internacional, quisiera proponerles algunas consideraciones sobre los fundamentos del estado liberal de derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permítanme que comience mis reflexiones sobre los fundamentos del derecho con un breve relato tomado de la Sagrada Escritura. En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín.[1] Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él; cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y llevarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros seres humanos. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.&lt;br /&gt;Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación. En el siglo III, el gran teólogo Orígenes justificó así la resistencia de los cristianos a determinados ordenamientos jurídicos en vigor: “Si uno se encontrara entre los escitas, cuyas leyes van contra la ley divina, y se viera obligado a vivir entre ellos…, por amor a la verdad, que, para los escitas, es ilegalidad, con razón formaría alianza con quienes sintieran como él contra lo que aquellos tienen por ley…”[2]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Basados en esta convicción, los combatientes de la resistencia actuaron contra el régimen nazi y contra otros regímenes totalitarios, prestando así un servicio al derecho y a toda la humanidad. Para ellos era evidente, de modo irrefutable, que el derecho vigente era en realidad una injusticia. Pero en las decisiones de un político democrático no es tan evidente la cuestión sobre lo que ahora corresponde a la ley de la verdad, lo que es verdaderamente justo y puede transformarse en ley. Hoy no es de modo alguno evidente de por sí lo que es justo respecto a las cuestiones antropológicas fundamentales y pueda convertirse en derecho vigente. A la pregunta de cómo se puede reconocer lo que es verdaderamente justo, y servir así a la justicia en la legislación, nunca ha sido fácil encontrar la respuesta y hoy, con la abundancia de nuestros conocimientos y de nuestras capacidades, dicha cuestión se ha hecho todavía más difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano.[3] De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de esta vinculación precristiana entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico de la Ilustración, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el desarrollo del derecho, y para el desarrollo de la humanidad, ha sido decisivo que los teólogos cristianos hayan tomado posición contra el derecho religioso, requerido por la fe en la divinidad, y se hayan puesto de parte de la filosofía, reconociendo a la razón y la naturaleza, en su mutua relación, como fuente jurídica válida para todos. Esta opción la había tomado ya san Pablo cuando, en su Carta a los Romanos, afirma: “Cuando los paganos, que no tienen ley [la Torá de Israel], cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos... son ley para sí mismos. Esos tales muestran que tienen escrita en su corazón las exigencias de la ley; contando con el testimonio de su conciencia…” (Rm 2,14s). Aquí aparecen los dos conceptos fundamentales de naturaleza y conciencia, en los que conciencia no es otra cosa que el “corazón dócil” de Salomón, la razón abierta al lenguaje del ser. Si con esto, hasta la época de la Ilustración, de la Declaración de los Derechos humanos, después de la Segunda Guerra mundial, y hasta la formación de nuestra Ley Fundamental, la cuestión sobre los fundamentos de la legislación parecía clara, en el último medio siglo se produjo un cambio dramático de la situación. La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término. Quisiera indicar brevemente cómo se llegó a esta situación. Es fundamental, sobre todo, la tesis según la cual entre ser y deber ser existe un abismo infranqueable. Del ser no se podría derivar un deber, porque se trataría de dos ámbitos absolutamente distintos. La base de dicha opinión es la concepción positivista de naturaleza adoptada hoy casi generalmente. Si se considera la naturaleza – con palabras de Hans Kelsen – “un conjunto de datos objetivos, unidos los unos a los otros como causas y efectos”, entonces no se puede derivar de ella realmente ninguna indicación que tenga de algún modo carácter ético.[4] Una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza de manera puramente funcional, como las ciencias naturales la entienden, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el derecho, sino dar nuevamente sólo respuestas funcionales. Pero lo mismo vale también para la razón en una visión positivista, que muchos consideran como la única visión científica. En ella, aquello que no es verificable o falsable no entra en el ámbito de la razón en sentido estricto. Por eso, el ethos y la religión han de ser relegadas al ámbito de lo subjetivo y caen fuera del ámbito de la razón en el sentido estricto de la palabra. Donde rige el dominio exclusivo de la razón positivista – y este es en gran parte el caso de nuestra conciencia pública – las fuentes clásicas de conocimiento del ethos y del derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que afecta a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El concepto positivista de naturaleza y razón, la visión positivista del mundo es en su conjunto una parte grandiosa del conocimiento humano y de la capacidad humana, a la cual en modo alguno debemos renunciar en ningún caso. Pero ella misma no es una cultura que corresponda y sea suficiente en su totalidad al ser hombres en toda su amplitud. Donde la razón positivista es considerada como la única cultura suficiente, relegando todas las demás realidades culturales a la condición de subculturas, ésta reduce al hombre, más todavía, amenaza su humanidad. Lo digo especialmente mirando a Europa, donde en muchos ambientes se trata de reconocer solamente el positivismo como cultura común o como fundamento común para la formación del derecho, reduciendo todas las demás convicciones y valores de nuestra cultura al nivel de subcultura. Con esto, Europa se sitúa ante otras culturas del mundo en una condición de falta de cultura, y se suscitan al mismo tiempo corrientes extremistas y radicales. La razón positivista, que se presenta de modo exclusivo y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios. Y, sin embargo, no podemos negar que en este mundo autoconstruido recurrimos en secreto igualmente a los “recursos” de Dios, que transformamos en productos nuestros. Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo esto de modo justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿cómo se lleva a cabo esto? ¿Cómo encontramos la entrada en la inmensidad, o la globalidad? ¿Cómo puede la razón volver a encontrar su grandeza sin deslizarse en lo irracional? ¿Cómo puede la naturaleza aparecer nuevamente en su profundidad, con sus exigencias y con sus indicaciones? Recuerdo un fenómeno de la historia política reciente, esperando que no se malinterprete ni suscite excesivas polémicas unilaterales. Diría que la aparición del movimiento ecologista en la política alemana a partir de los años setenta, aunque quizás no haya abierto las ventanas, ha sido y es sin embargo un grito que anhela aire fresco, un grito que no se puede ignorar ni rechazar porque se perciba en él demasiada irracionalidad. Gente joven se dio cuenta que en nuestras relaciones con la naturaleza existía algo que no funcionaba; que la materia no es solamente un material para nuestro uso, sino que la tierra tiene en sí misma su dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. Es evidente que no hago propaganda de un determinado partido político, nada más lejos de mi intención. Cuando en nuestra relación con la realidad hay algo que no funciona, entonces debemos reflexionar todos seriamente sobre el conjunto, y todos estamos invitados a volver sobre la cuestión de los fundamentos de nuestra propia cultura. Permitidme detenerme todavía un momento sobre este punto. La importancia de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar seriamente un punto que – me parece – se ha olvidado tanto hoy como ayer: hay también una ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvamos a los conceptos fundamentales de naturaleza y razón, de los cuales hemos partido. El gran teórico del positivismo jurídico, Kelsen, con 84 años – en 1965 – abandonó el dualismo de ser y de deber ser (me consuela comprobar que a los 84 años se esté aún en condiciones de pensar algo razonable). Antes había dicho que las normas podían derivar solamente de la voluntad. En consecuencia – añade –, la naturaleza sólo podría contener en sí normas si una voluntad hubiese puesto estas normas en ella. Por otra parte – dice –, esto supondría un Dios creador, cuya voluntad se ha insertado en la naturaleza. “Discutir sobre la verdad de esta fe es algo absolutamente vano”, afirma a este respecto.[5] ¿Lo es verdaderamente?, quisiera preguntar. ¿Carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presupone una razón creativa, un Creator Spiritus?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A este punto, debería venir en nuestra ayuda el patrimonio cultural de Europa. Sobre la base de la convicción de la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la conciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su integridad. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al joven rey Salomón, a la hora de asumir el poder, se le concedió lo que pedía. ¿Qué sucedería si nosotros, legisladores de hoy, se nos concediese formular una petición? ¿Qué pediríamos? Pienso que, en último término, también hoy, no podríamos desear otra cosa que un corazón dócil: la capacidad de distinguir el bien del mal, y así establecer un verdadero derecho, de servir a la justicia y la paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Notas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1] De civitate Dei, IV, 4, 1.&lt;br /&gt;[2] Contra Celsum GCS Orig. 428 (Koetschau); cf. A. Fürst, Monotheismus und Monarchie. Zum Zusammenhang von Heil und Herrschaft in der Antike. En: Theol. Phil. 81 (2006) 321 – 338; citación p. 336; cf. también J. Ratzinger, Die Einheit der Nationen. Eine Vision der Kirchenväter (Salzburg – München 1971) 60.&lt;br /&gt;[3] Cf. W. Waldstein, Ins Herz geschrieben. Das Naturrecht als Fundament einer menschlichen Gesellschaft (Augsburg 2010) 11ss; 31 – 61.&lt;br /&gt;[4] Waldstein, op. cit. 15-21.&lt;br /&gt;[5] Citado según Waldstein, op. cit. 19.&lt;br /&gt;© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin_sp.html&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-4009438161968968405?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/4009438161968968405/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=4009438161968968405' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4009438161968968405'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4009438161968968405'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/11/dscurso-al-parlamento-federal-benedicto.html' title='DSCURSO AL PARLAMENTO FEDERAL (Benedicto XVI) 2011'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-4273224535848647998</id><published>2011-11-29T00:39:00.000-08:00</published><updated>2011-11-29T00:45:09.385-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Elecciones España'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Obispos'/><title type='text'>Nota ante las elecciones generales de 2011</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Conferencia Episcopal España&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:11.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Verdana"&gt;Viernes, 21 de Octubre de 2011 12:00 | Comisión Permanente |&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;1. El próximo día 20 de noviembre estamos todos convocados a las urnas. Con este motivo, los obispos ofrecemos a los católicos y a cuantos deseen escucharnos algunas consideraciones que ayuden al ejercicio responsable del deber de votar. Es nuestra obligación de pastores de la Iglesia orientar el discernimiento moral para la justa toma de decisiones que afectan a la realización del bien común y al reconocimiento y la tutela de los derechos fundamentales, como es el caso de las elecciones generales.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;2. En su discurso sobre los fundamentos del derecho, pronunciado el mes pasado ante el Parlamento federal de Alemania, el Papa recordaba que “el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho [...], la razón abierta al lenguaje del ser”. Nosotros hacemos nuestras consideraciones desde ese horizonte de los fundamentos prepolíticos del derecho, sin entrar en opciones de partido y sin pretender imponer a nadie ningún programa político. Cada uno deberá sopesar, en conciencia, a quién debe votar para obtener, en conjunto, el mayor bien posible en este momento.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;3. No se podría hablar de decisiones políticas morales o inmorales, justas o injustas, si el criterio exclusivo o determinante para su calificación fuera el del éxito electoral o el del beneficio material. Esto supondría la subordinación del derecho al poder. Las decisiones políticas deben ser morales y justas, no sólo consensuadas o eficaces; por tanto, deben fundamentarse en la razón acorde con la naturaleza del ser humano. No es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;4. En concreto, como ha señalado el Papa en agosto, aquí en Madrid, la recta razón reconoce que hemos sido creados libres y para la libertad, pero que no actúan de modo conforme con la verdadera libertad quienes “creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos; desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar a cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento”.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;5. Por todo ello, hemos de llamar de nuevo la atención sobre el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, o que incluso llegan a tratar como un derecho lo que en realidad constituye un atentado contra el derecho a la vida. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos. Es necesario promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida, así como el derecho de los españoles a ser tratados por la ley específicamente como “esposo” y “esposa”, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;6. La grave crisis económica actual reclama políticas sociales y económicas responsables y promotoras de la dignidad de las personas, que propicien el trabajo para todos. Pensamos en tantas familias, carentes de los medios necesarios para subvenir a sus necesidades más básicas. Pensamos también en el altísimo porcentaje de jóvenes que nunca han podido trabajar o que han perdido el trabajo y que, con razón, demandan condiciones más favorables para su presente y su futuro. Son necesarias políticas que favorezcan la libre iniciativa social en la producción y que incentiven el trabajo bien hecho, así como una justa distribución de las rentas; que corrijan los errores y desvíos cometidos en la administración de la hacienda pública y en las finanzas; que atiendan a las necesidades de los más vulnerables, como son los ancianos, los enfermos y los inmigrantes.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;7. El ordenamiento jurídico debe facilitar el ejercicio efectivo del derecho que asiste a los niños y jóvenes a ser educados de modo que puedan desarrollar lo más posible todas sus capacidades. Debe evitar imposiciones ideológicas del Estado que lesionen el derecho de los padres a elegir la educación filosófica, moral y religiosa que deseen para sus hijos. En cambio, ha de ser facilitada la justa iniciativa social en este campo. La presencia de la enseñanza de la religión y moral católica en la escuela estatal - como asignatura fundamental opcional - es un modo de asegurar los derechos de la sociedad y de los padres que exige hoy una regulación más adecuada para que esos derechos sean efectivamente tutelados.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;8. Recordamos de nuevo que se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español. Y también, que es necesario tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;9. Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, dado que el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión justa y razonable de la vida.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;10. Ante los desafíos que se presentan a la comunidad internacional, son necesarias políticas guiadas por la búsqueda sincera de la paz, basadas en el respeto al derecho, nacional e internacional, así como en la promoción del entendimiento y de la solidaridad entre los pueblos y las culturas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;Pedimos al Señor de la paz y a su Madre santísima que iluminen a quienes vamos a votar, para que lo hagamos de manera verdaderamente libre y responsable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align: none;text-autospace:none"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-bidi-font-size:13.0pt; font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;mso-bidi-font-family:Tahoma"&gt;29 de octubre de 2011&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;color:windowtext;text-decoration: none;text-underline:none"&gt;&lt;a href="http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/documentos-permanente/2370-nota-ante-las-elecciones-generales-de-2011.html"&gt;http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/documentos-permanente/2370-nota-ante-las-elecciones-generales-de-2011.html&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-4273224535848647998?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/4273224535848647998/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=4273224535848647998' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4273224535848647998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4273224535848647998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/11/nota-ante-las-elecciones-generales-de.html' title='Nota ante las elecciones generales de 2011'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-3996356658473727080</id><published>2011-11-29T00:33:00.000-08:00</published><updated>2011-11-29T00:35:36.290-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Elecciones Nicaragua'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Obispos'/><title type='text'>Comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua sobre los resultados electorales 2011</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral, pueblo católico, hermanos en la fe cristiana, a todos los nicaragüenses, hombres y mujeres de buena voluntad:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;1. Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, como discípulos de Jesucristo que nos pide en cada momento de la historia «juzgar lo que es justo» (cf. Lc 12,57), y conscientes de la misión recibida de Dios, quien «nos confió el ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,18), deseamos ofrecer como pastores de la Iglesia una palabra de luz y de esperanza al país en este difícil momento que vivimos, a raíz de las elecciones nacionales celebradas el pasado domingo seis de noviembre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Ante todo queremos manifestar nuestra admiración hacia esa gran mayoría del pueblo nicaragüense que con tanta decisión participó en este proceso electoral. Nos llena de regocijo constatar que nuestro pueblo haya demostrado su madurez política ejerciendo su derecho ciudadano al voto, no sólo para apoyar a la alianza o partido de su preferencia, sino intentando fortalecer el sistema democrático de nuestro país y ser responsable del futuro de la nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Hay que decir, sin embargo, que esta determinación madura y cívica de los nicaragüenses no ha sido respetada como es propio en un sistema democrático auténtico, debido a las irregularidades que han caracterizado este proceso electoral desde el inicio. Ya en nuestro último mensaje del 7 de octubre, constatábamos la desconfianza que se percibía en la ciudadanía frente a las actuales autoridades del poder electoral, y que creaba ya antes de las elecciones «un ambiente lleno de recelo y de prejuicios que ponían en entredicho su carácter de legalidad, honestidad y respeto a la voluntad popular» (Mensaje de la CEN, 7.10.11, n. 9d). Reconocemos que ese recelo y desconfianza popular se ha materializado en las numerosas denuncias que ciudadanos, organismos de la sociedad civil, observadores nacionales e internacionales y partidos políticos, han hecho públicas en cuanto a la falta de transparencia y honestidad con que fueron administrados estos comicios electorales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. El Consejo Supremo Electoral no ha sido capaz de «ejercer sus funciones con responsabilidad y honestidad, actuando con tal transparencia en el escrutinio de los votos que no permitiera ni la más mínima duda acerca del respeto a la voluntad popular en estas elecciones» (Mensaje de la CEN, 7.10.11, n. 13). Esto ha producido lógicamente un fuerte descontento en gran parte de nuestro pueblo en relación con los resultados oficiales, los cuales no ofrecen garantía de reflejar con fidelidad la voluntad popular. De este modo la legitimidad del proceso electoral y el respeto a la voluntad del pueblo han quedado totalmente en entredicho. Como creyentes poseemos la firme convicción de que cualquier acción deshonesta que atenta contra la soberanía del pueblo, no es un simple hecho éticamente negativo, sino algo reprobable a los ojos de Dios, quien espera que las autoridades civiles sean las primeras en «conocer el derecho» (Miqueas 3,1), es decir, las primeras en respetar y hacer cumplir las exigencias de la justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. La incertidumbre que se ha creado en el país no debe ser, sin embargo, motivo de desaliento, antes bien debe llevarnos a crecer y madurar como sociedad, reunificada alrededor de una conciencia ciudadana responsable de sus derechos y deberes y comprometida con la paz que es fruto de la justicia. Si hay que exigir a las instituciones que cumplan con su deber y a los poderes del Estado que respondan a sus obligaciones, a través de todo tipo de manifestaciones públicas y privadas y en el marco de los derechos humanos, hay que hacerlo siempre en modo pacífico. Al mismo tiempo demandamos a las autoridades de policía y a cualquier otro grupo que se le respete al pueblo su derecho a movilizarse y a manifestarse pacíficamente. Rechazamos toda forma de agresividad y violencia, sabiendo que ésta no es jamás la solución adecuada a los conflictos y haciéndonos merecedores de las palabras de Jesús: «¡Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios!» (Mt 5,9).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Urge recuperar el Estado de Derecho, en donde el poder está sujeto a la ley. Si no se logra esto, no habrá avance democrático en Nicaragua y se estarán repitiendo continuamente errores del pasado, que podrían conducir al país a mayores divisiones, a enfrentamientos violentos y al retroceso económico y social, con toda la carga que esta situación comporta para las familias y para cada ciudadano en particular. Es obligación de los políticos y principalmente al gobierno encontrar con urgencia la mejor solución legal y cívica para superar la crisis actual del país. Nicaragua necesita que todos sus hijos e hijas puedan encontrarse y convivir en una sociedad basada en la verdad, la tolerancia y la justicia, en la que todos podamos reconocernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. No debemos perder la esperanza. San Pablo nos da una lección sobre la esperanza cuando se pregunta: «¿Cómo es posible esperar una cosa que se ve?» (Rom 8,24). No nos desalentemos ante lo que no se ha podido aún construir en materia democrática, sino más bien esforcémonos por hacer real lo que es todavía posible en Nicaragua. Exhortamos a todo el país a vivir este momento no con pesimismo, sino como un reto para nuestra esperanza. Esperar es tener capacidad para ver, aun cuando nuestros ojos no ven. Esperar es recuperar nuestra capacidad de seguir soñando con una sociedad mejor para todos y esforzarnos para que ésta llegue a ser posible: una sociedad construida a partir del diálogo entre todas los sectores de la nación y fundada en el Estado de Derecho, la legalidad, la solidez institucional y caracterizada por un desarrollo socio-económico sostenible del que puedan gozar todos los ciudadanos. Para los creyentes esperar es acoger cada día la gracia de Cristo Resucitado que hace nuevo este mundo con la fuerza de su Espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. Que la Virgen María, Madre de la esperanza, ya en vísperas de la fiesta de su Purísima Concepción, nos acompañe en este esfuerzo y proteja con su amor maternal a Nicaragua, consagrado a su Inmaculado Corazón, y conduzca a todos los nicaragüenses, sin distinción alguna, a amar y construir la paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado en Managua, a los dieciséis días del mes de noviembre de dos mil once, “Año de encuentro con Cristo en la Palabra”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-3996356658473727080?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/3996356658473727080/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=3996356658473727080' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3996356658473727080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3996356658473727080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/11/comunicado-de-la-conferencia-episcopal.html' title='Comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua sobre los resultados electorales 2011'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-4116312322214600096</id><published>2011-11-28T21:10:00.000-08:00</published><updated>2011-11-28T21:15:02.374-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Papa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Africa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><title type='text'>ÁFRICA. A su servicio (Benedicto XVI,, XI.2011)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL AFRICAE MUNUS&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;DEL PAPA BENEDICTO XVI A LOS OBISPOS, AL CLERO, A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A LOS FIELES LAICOS&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;SOBRE LA IGLESIA EN ÁFRICA AL SERVICIO DE LA RECONCILIACIÓN, LA JUSTICIA Y LA PAZ&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 13.14)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INDICE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTRODUCCIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. El compromiso de África con el Señor Jesús es un tesoro precioso que confío en este comienzo del tercer milenio a los Obispos, a los sacerdotes, a los diáconos permanentes, a las personas consagradas, a los catequistas y a los laicos de ese querido continente y de las islas vecinas. Esa misión comporta que África ahonde en la vocación cristiana. Invita a vivir, en nombre de Jesús, la reconciliación entre las personas y las comunidades, y a promover para todos la paz y la justicia en la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. He deseado que la segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 octubre de 2009, estuviera en continuidad con la Asamblea de 1994 que quiso ser un «acontecimiento de esperanza y de resurrección, en el momento mismo en que las vicisitudes humanas parecían más bien empujar a África hacia el desánimo y la desesperación»[1]. La Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Africa de mi predecesor, el beato Juan Pablo II, recogía las orientaciones y las opciones pastorales de los Padres sinodales para una nueva evangelización del continente africano. Convenía, al final del primer decenio de este tercer milenio, que se avivaran nuestra fe y nuestra esperanza para contribuir a construir una África reconciliada, por los caminos de la verdad y de la justicia, del amor y de la paz (cf. Sal 85,11). Con los Padres sinodales, recuerdo que «si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles» (Sal 127,1).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Los resultados más visibles del Sínodo de 1994 fueron una vitalidad eclesial excepcional y el desarrollo teológico de la Iglesia como familia de Dios[2]. Para dar a la Iglesia de Dios en el  continente africano y en las islas vecinas un impulso nuevo cargado de esperanza y de caridad evangélica, me pareció necesario convocar una segunda Asamblea sinodal. Sostenidas por la invocación cotidiana al Espíritu Santo y la plegaria de innumerables fieles, las sesiones sinodales han producido frutos que desearía transmitir con este documento a la Iglesia universal, y particularmente a la Iglesia en África[3], para que sea verdaderamente «sal de la tierra» y «luz del mundo» (cf. Mt 5,13.14)[4]. Animada por una «fe que actúa por el amor» (Ga 5,6), la Iglesia desea aportar frutos de caridad: la reconciliación, la paz y la justicia (cf. 1 Co 13,4-7). Esta es su misión específica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Me ha impresionado la calidad de las intervenciones de los Padres sinodales y de otras personas que han participado en la Asamblea. El realismo y la clarividencia de su contribución han demostrado la madurez cristiana del continente. No han tenido miedo de enfrentarse a la verdad y han intentado sinceramente reflexionar sobre las posibles soluciones a los problemas que afrontan sus Iglesias particulares, y también la Iglesia universal. Han constatado también que las bendiciones de Dios, Padre de todos, son innumerables. Dios nunca abandona a su pueblo. No me parece necesario insistir en las diferentes situaciones sociopolíticas, étnicas, económicas o ecológicas que los africanos viven diariamente y que no se pueden ignorar. Los africanos conocen mejor que nadie cómo, demasiado a menudo desgraciadamente, esas situaciones son difíciles, confusas e incluso trágicas. Rindo homenaje a los africanos y a todos los cristianos de ese continente que las afrontan con decisión y dignidad. Desean, con razón, que esa dignidad sea reconocida y respetada. Puedo asegurarles que la Iglesia respeta y ama a África.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Ante los numerosos desafíos que África desea acometer para llegar a ser cada vez más una tierra prometedora, la Iglesia podría sufrir la tentación del desánimo, como Israel, pero nuestros antepasados en la fe nos han enseñado la actitud adecuada que se ha de adoptar. En este sentido, Moisés, el siervo del Señor, «por la fe… se mantuvo firme como si estuviera viendo al Dios invisible» (Hb 11,27). El autor de la Carta a los Hebreos nos lo recuerda: «La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve» (11,1). Exhorto, pues, a toda la Iglesia a mirar a África con fe y esperanza. Jesucristo, que nos ha invitado a ser «la sal de la tierra» y «la luz del mundo» (Mt 5,13.14), nos ofrece la fuerza del Espíritu para llevar a cabo ese ideal cada vez mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Pienso que las palabras de Cristo: «Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo», tendrían que ser el hilo conductor del Sínodo, y también el del período postsinodal. Dirigiéndome al conjunto de los fieles africanos en Yaundé, les dije: «Por Jesús, hace dos mil años, Dios ha traído en persona la luz y la sal a África. Desde entonces, la semilla de su presencia está en el fondo de los corazones de este querido continente y germina poco a poco más allá y a través de los avatares de la historia humana de vuestra tierra»[5].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. La Exhortación apostólica Ecclesia in Africa ha hecho suya «la idea-guía de la Iglesia como Familia de Dios», y en ella los Padres sinodales «han reconocido una expresión de la naturaleza de la Iglesia particularmente apropiada para África. En efecto, la imagen pone el acento en la solicitud por el otro, la solidaridad, el calor de las relaciones, la acogida, el diálogo y la confianza»[6]. La Exhortación invita a las familias cristianas africanas a ser «iglesias domésticas»[7] para ayudar a sus comunidades respectivas a reconocer que pertenecen a un solo y mismo Cuerpo. Esta imagen es importante no sólo para la Iglesia en África, sino también para la Iglesia universal, en una época en que la familia está amenazada por quienes desean una vida sin Dios. Privar de Dios al continente africano, sería hacerlo morir poco a poco arrancándole su alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. En la tradición viva de la Iglesia, como respuesta a las expectativas de la Exhortación apostólica Ecclesia in Africa[8], considerar a la Iglesia como una familia y una fraternidad, es restaurar un aspecto de su patrimonio. En esa realidad en la que Jesucristo, «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,29), ha reconciliado a todos los hombres con Dios Padre (cf. Ef 2,14-18) y le ha dado el Espíritu Santo (cf. Jn 20,22), la -Iglesia se convierte a su vez en portadora de la Buena Nueva de la filiación divina de toda persona humana. Ella está llamada a transmitirla a toda la humanidad, proclamando la salvación que Cristo ha logrado para nosotros, celebrando la comunión con Dios y viviendo la fraternidad en la solidaridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. La memoria de África conserva el dolor de las cicatrices dejadas por las luchas fratricidas entre etnias, por la esclavitud y la colonización. Todavía hoy, el continente se enfrenta a rivalidades, a nuevas formas de esclavitud y de colonización. La primera Asamblea especial lo había comparado a la víctima de los bandidos, dejada moribunda al lado del camino (cf. Lc 10,25-37). Por eso se ha podido hablar de la «marginación» de África. Una tradición nacida en tierra africana identifica al buen Samaritano con el mismo Señor Jesús e invita a la esperanza. En efecto, Clemente de Alejandría escribía: «¿Quién, más que él, ha tenido piedad de nosotros, que estábamos, por decirlo así, muertos por los poderes del mundo de las tinieblas, postrados por tantas heridas, temores, deseos, cóleras, tristezas, mentiras y placeres? El único médico de esas heridas es Jesús»[9]. Hay, pues, numerosos motivos para la esperanza y la acción de gracias. Así, por ejemplo, pese a las grandes pandemias –como el paludismo, el sida, la tuberculosis y otras–, que diezman la población, y que la medicina trata siempre de erradicar con más eficacia, África conserva su alegría de vivir, de celebrar la vida que proviene del Creador, acogiendo nacimientos para que crezca la familia y la comunidad humana. Veo también un motivo de esperanza en el rico patrimonio intelectual, cultural y religioso que África posee. Ella desea preservarlo, explorarlo más y darlo a conocer al mundo. Se trata de una aportación esencial y positiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. La segunda Asamblea sinodal para África abordó el tema de la reconciliación, de la justicia y de la paz. La rica documentación que me ha sido enviada tras las Sesiones –los Lineamenta, el Instrumentum laboris, los informes redactados antes y después de la discusiones y las aportaciones de los grupos de trabajo–, invita a «transformar la teología en pastoral, es decir, en un ministerio pastoral muy concreto, en el que las grandes visiones de la Sagrada Escritura y de la Tradición se aplican a la actividad de los obispos y de los sacerdotes en un tiempo y en un lugar determinados»[10].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. Por preocupación paternal y pastoral, dirijo, pues, este documento al África de hoy, que ha conocido los traumatismos y conflictos que sabemos. El hombre está marcado por su pasado, pero vive y camina en el hoy. Mira el futuro. Como el resto del mundo, África experimenta un torbellino cultural que afecta a los fundamentos milenarios de la vida social y hace difícil a veces el encuentro con la modernidad. En esta crisis antropológica con la que se enfrenta el continente africano, podrá hallar caminos de esperanza instaurando un diálogo entre los miembros de los ámbitos religiosos, sociales, políticos, económicos, culturales y científicos. Tendrá entonces que hallar y promover un concepto de la persona y de su relación con la realidad basada en una renovación espiritual profunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. En la Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Africa, Juan Pablo II subrayaba que «no obstante la civilización contemporánea de la “aldea global”, en África como en otras partes del mundo el espíritu de diálogo, paz y reconciliación está lejos de habitar en el corazón de todos los hombres. Las guerras, conflictos, actitudes racistas y xenófobas aún dominan demasiado el mundo de las relaciones humanas»[11]. La esperanza, que caracteriza la vida auténticamente cristiana, recuerda que el Espíritu Santo actúa en todas partes, también en el continente africano, y que las fuerzas de la vida, que nacen del amor, vencen siempre las fuerzas de la muerte (cf. Ct 8,6-7). Por eso, los Padres sinodales han visto cómo las dificultades que encuentran en sus países respectivos y en las Iglesias particulares de África no son obstáculos que impidan avanzar, sino que más bien desafían lo mejor que hay en nosotros: la imaginación, la inteligencia, la vocación a seguir sin arredrarse las huellas de Jesucristo, la búsqueda de Dios, «Amor eterno y Verdad absoluta»[12]. Junto con todos los que intervienen en la sociedad africana, la Iglesia se siente llamada a hacer frente a dichos desafíos. Es, en cierta manera, como un imperativo del Evangelio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13. Con este documento, deseo ofrecer los frutos y esperanzas del Sínodo, invitando a todos los hombres de buena voluntad a mirar a África con fe y amor, para ayudarla a que sea, por Cristo y por el Espíritu Santo, luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5,13-14). Un valioso tesoro está presente en el alma de África, donde veo un «inmenso “pulmón” espiritual para una humanidad que se halla en crisis de fe y esperanza»,[13] gracias a la inaudita riqueza humana y espiritual de sus hijos, de de sus culturas multicolores, de su suelo y subsuelo con riquezas inmensas. Sin embargo, para mantenerse en pie, con dignidad, África necesita oír la voz de Cristo que proclama hoy el amor al otro, incluso al enemigo, hasta la entrega de su propia sangre, y que ora hoy por la unidad y la comunión de todos los hombres en Dios (cf. Jn 17,20-21).&lt;br /&gt;-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PRIMERA PARTE&lt;br /&gt;«AHORA HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS» (Ap 21,5)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14. El Sínodo ha permitido discernir las líneas maestras de la misión para un África que desea la reconciliación, la justicia y la paz. Depende de las iglesias particulares traducir estas líneas en «fervientes propósitos y en líneas de acción concretas»[14]. En efecto, «en las Iglesias particulares es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas –objetivos y métodos  de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios– que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura»[15] africana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO I  Al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I. Servidores auténticos de la Palabra de Dios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15. Un África que avanza, alegre y viva, manifiesta la alabanza de Dios. Como hacía notar san Ireneo: «La gloria de Dios, es el hombre viviente»; pero añade inmediatamente: «La vida del hombre, es la visión de Dios»[16]. Por eso, es tarea de la Iglesia todavía hoy el llevar el mensaje del Evangelio al corazón de las sociedades africanas, conducir a la visión de Dios. Como la sal da sabor a los alimentos, ese mensaje convierte a las personas que lo viven en auténticos testigos. Todos los que crecen así se hacen capaces de reconciliarse en Jesucristo. Se convierten en luz para sus hermanos. Por ello, con los Padres del Sínodo, invito «a la Iglesia […] en África a dar testimonio en su servicio de la reconciliación, la justicia y la paz, como “sal de la tierra” y “luz del mundo”»,[17] para que su vida responda a esta llamada: «Levántate, Iglesia en África, familia de Dios, porque te llama el Padre celestial».[18]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16. Es una dicha que Dios haya permitido celebrar el Segundo Sínodo para África inmediatamente después del dedicado a la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia. Este Sínodo había recordado el imperioso deber del discípulo de escuchar a Cristo que llama a través de su Palabra. Por ella, los fieles aprenden a escuchar a Cristo y a dejarse orientar por el Espíritu Santo que revela el sentido de todas las cosas (cf. Jn 16,13). En efecto, la «lectura y la meditación de la Palabra de Dios nos inserta más profundamente en Cristo y orientan nuestro ministerio de servidores de la reconciliación, la justicia y la paz»[19]. Como recuerda el Sínodo, «para convertirse en sus hermanos o hermanas se necesita ser “los hermanos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). La escucha auténtica es obedecer y actuar, es hacer florecer en la vida la justicia y el amor, es dar tanto en la existencia como en la sociedad un testimonio en la línea de la llamada de los profetas que constantemente unía la Palabra de Dios y la vida, la fe y la rectitud, el culto y el compromiso social»[20]. Escuchar y meditar la Palabra de Dios, es desear que ésta penetre y forme nuestra vida para reconciliarnos con Dios, para permitir que Dios nos conduzca a una reconciliación con el prójimo, camino necesario para la construcción de una comunidad de personas y de pueblos. Que la Palabra de Dios se encarne realmente en nuestro rostro y en nuestra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II. Cristo en el corazón de la realidad africana:  fuente de reconciliación, justicia y paz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17. Los tres conceptos principales del tema sinodal, a saber, la reconciliación, la justicia y la paz, han puesto al Sínodo ante su «responsabilidad teológica y social»[21], y han permitido preguntarse también por el papel público de la Iglesia y su lugar en el espacio africano actual[22]. «Se podría decir que reconciliación y justicia son las dos condiciones esenciales de la paz que, por consiguiente, también definen en cierta medida su naturaleza».[23] La tarea que hemos de precisar no es fácil, porque se sitúa entre el compromiso inmediato en política –que no corresponde a la competencia directa de la Iglesia– y el repliegue o la posible evasión en teorías teológicas y espirituales, corriendo así el peligro de resultar una huida frente a una responsabilidad concreta en la historia humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18. «La paz os dejo, mi paz os doy», dice el Señor, que añade: «No os la doy como la da el mundo» (Jn 14,27). La paz de los hombres conseguida sin la justicia es ilusoria y efímera. La justicia de los hombres que no brote de la reconciliación por la «verdad del amor» (cf. Ef 4,15) queda inacabada; no es auténtica justicia. El amor de la verdad –«la verdad plena» a la que sólo el Espíritu puede llevarnos (cf. Jn 16,13)– es la que traza el camino que toda justicia humana ha de seguir para conseguir restaurar los lazos fraternos en la «familia humana, comunidad de paz»[24], reconciliada con Dios por Cristo. La justicia no es algo desencarnado. Hunde necesariamente sus raíces en la coherencia humana. Una caridad que no respete la justicia y el derecho de todos, es errónea. Animo a los cristianos, pues, a ser ejemplares en lo que toca a la justicia y la caridad (cf. Mt 5,19-20).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A. «Dejaos reconciliar con Dios» (2 Co 5,20b)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19. «Reconciliación es un concepto pre-político y una realidad pre-política, que precisamente por eso es de suma importancia para la tarea de la política misma. Si no se crea en los corazones la fuerza de la reconciliación, el compromiso político por la paz se queda sin su presupuesto interior. En el Sínodo, los Pastores de la Iglesia se comprometieron en favor de la purificación interior del hombre, que es la condición preliminar esencial para la edificación de la justicia y de la paz. Pero esa justificación y maduración interior hacia una verdadera humanidad no pueden existir sin Dios»[25].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20. En efecto, la gracia de Dios es la que nos da un corazón nuevo y nos reconcilia con Él y con los otros[26]. Es Cristo quien ha restaurado la humanidad en el amor del Padre. La reconciliación tiene, pues, su fuente en este amor; nace de la iniciativa del Padre de reanudar la relación con la humanidad, relación rota por el pecado del hombre. En Jesucristo, «en su vida y su ministerio, pero sobre todo en su muerte y resurrección, san Pablo ve a Dios Padre reconciliando consigo al mundo (todas las cosas en el cielo y la tierra), sin tener en cuenta ya los pecados de la humanidad (2 Co 5,19; Rm 5,10; Col 1,21-22). El Apóstol ve cómo Dios Padre reconcilia a judíos y gentiles consigo mismo en un solo cuerpo a través de la cruz (Ef 2,16). San Pablo ve también a Dios reconciliar a judíos y gentiles, creando un hombre nuevo en lugar de dos pueblos (Ef 2,15; 3,6). Así, la experiencia de la reconciliación establece una comunión en dos niveles: la comunión entre Dios y la humanidad; y a partir de la experiencia de reconciliación, nos convierte (a la humanidad reconciliada) “en embajadores de la reconciliación”. Se restablece también la comunión entre los hombres»[27]. «La reconciliación, por lo tanto, no se limita a Dios que en Cristo atrae a sí a una humanidad alienada y pecadora, a través del perdón de los pecados y el amor. También es la restauración de las relaciones entre las personas conciliando las diferencias y eliminando los obstáculos en sus relaciones, gracias a su experiencia del amor de Dios»[28]. La parábola del hijo pródigo lo explica cuando el evangelista nos presenta en el retorno del hijo menor, es decir en su conversión, la necesidad de reconciliarse, por un lado, con su padre y, por otro, con su hermano mayor por la mediación del padre (cf. Lc 15,11-32). Hay testimonios conmovedores de los fieles de África, «testimonios concretos de sufrimientos y de reconciliación en las tragedias de la historia reciente del continente»[29] que muestran el poder del Espíritu Santo que transforma los corazones de las víctimas y de sus verdugos para restablecer la fraternidad[30].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21. En efecto, sólo una auténtica reconciliación engendra una paz duradera en la sociedad. Ciertamente, sus protagonistas son las autoridades gubernamentales y los jefes tradicionales, pero también los simples ciudadanos. Después de un conflicto, la reconciliación, gestionada y llevada a cabo a menudo en el silencio y la discreción, restaura la unión de los corazones y la convivencia serena. Gracias a ella, tras largos períodos de guerra, las naciones encuentran la paz, y sociedades profundamente heridas por la guerra civil o el genocidio reconstruyen su unidad. Dando y acogiendo el perdón[31] se ha podido sanar la memoria herida de personas o de comunidades, y familias antes divididas hayan encontrado la armonía. «La reconciliación supera las crisis, restaura la dignidad de las personas y abre el camino al desarrollo y a la paz estable entre los pueblos a todos los niveles»[32], han podido subrayar los Padres del Sínodo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para llegar a ser efectiva, esta reconciliación deberá ir acompañada de un gesto valiente y honrado: buscar a los responsables de esos conflictos, de los que han ordenado los crímenes y se han entregado a toda clase de componendas, determinando su responsabilidad. Las víctimas tienen derecho a la verdad y a la justicia. Es importante actualmente y para el futuro purificar la memoria para construir una sociedad mejor en la que estas tragedias no se vuelvan a repetir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;B. Ser justos y construir un orden social justo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;22. Ciertamente, la construcción de un orden social justo es en primera instancia una tarea de la política.[33] Sin embargo, una de las tareas de la Iglesia en África consiste en formar conciencias rectas y receptivas a las exigencias de la justicia, para que sean cada vez más los hombres y mujeres comprometidos y capaces de realizar ese orden social justo por medio de su conducta responsable. El modelo por excelencia, a partir del cual la Iglesia piensa y razona, y que propone a todos, es Cristo.[34] Según su doctrina social, «la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende “de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados”. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir […] Esta misión de verdad es irrenunciable. Su doctrina social es una dimensión singular de este anuncio: está al servicio de la verdad que libera»[35].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23. Gracias a las Comisiones de Justicia y Paz, la Iglesia se ha comprometido en la formación cívica de los ciudadanos y en el acompañamiento del proceso electoral en diferentes naciones. Contribuye así a la educación de la población y a despertar su conciencia y sus responsabilidades ciudadanas. Este papel educativo concreto es apreciado por un gran número de países, que reconocen a la Iglesia como artífice de paz, agente de reconciliación y heraldo de la justicia. Conviene repetir que, distinguiendo el papel de los Pastores y el de los fieles laicos, la misión de la Iglesia no es de orden político.[36] Su función es educar al mundo en el sentido religioso proclamando a Cristo. La Iglesia desea ser signo y salvaguarda de la trascendencia de la persona humana. Por eso debe educar a los hombres a buscar la verdad suprema ante lo que ellos son y sus interrogantes, para encontrar soluciones justas a sus problemas[37].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Vivir de la justicia de Cristo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24. En el plano social, la conciencia humana se ve interpelada por las graves injusticias que hay en nuestro mundo en general, y en África en particular. Que una minoría confisque los bienes de la tierra en detrimento de pueblos enteros, es inaceptable porque es inmoral. La justicia obliga a «dar a cada uno lo suyo» – ius suum unicuique tribuere[38]. Se trata, pues, de hacer justicia a los pueblos. África es capaz de asegurar a todos –personas y naciones del continente– las condiciones básicas que les permitan participar en el desarrollo[39]. Los Africanos podrán así poner los talentos y las riquezas que Dios les ha dado al servicio de su tierra y de sus hermanos. La justicia, vivida en todas las dimensiones de la vida, privada y pública, económica y social, precisa ser sostenida por la subsidiaridad y la solidaridad y, más aún, estar animada por la caridad. «Según el principio de subsidiaridad, ni el Estado ni ninguna sociedad más amplia deben suplantar la iniciativa y la responsabilidad de las personas y de las corporaciones intermedias»[40]. La solidaridad es garantía de la justicia y la paz, de la unidad, pues tiende a que «la abundancia de unos supla la falta de los otros»[41]. Y la caridad, que asegura el vínculo con Dios, va más lejos que la justicia distributiva. Porque si «la justicia es virtud que distribuye a cada uno su propio bien… no es la justicia del hombre la que sustrae el hombre al verdadero Dios»[42].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25. Dios mismo nos muestra la verdadera justicia cuando, por ejemplo, vemos a Jesús entrar en la vida de Zaqueo y ofrecer así al pecador la gracia de su presencia (cf. Lc 19,1-10). ¿Cómo es la justicia de Cristo? Los testigos del encuentro con Zaqueo observan a Jesús (cf. Lc 19,7); su murmullo de reprobación manifiesta un amor de la justicia. Ignoran, sin embargo, la justicia del amor que se abre hasta el extremo, hasta hacer recaer sobre sí la «maldición» debida a los humanos, y recibir en cambio la «bendición» que es el don de Dios (cf. Ga 3,13-14). La justicia divina ofrece a la justicia humana, siempre limitada e imperfecta, el horizonte hacia el que debe tender para realizarse plenamente. Nos hace tomar conciencia, además, de nuestra propia indigencia, de la necesidad del perdón y la amistad de Dios. Es lo que vivimos en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía que fluyen de la acción de Cristo. Esta acción nos introduce en una justicia en la que recibimos mucho más de lo que teníamos derecho a esperar porque, en Cristo, la caridad es el compendio de la Ley (cf. Rm 13,8-10).[43] Por Cristo, único modelo, el justo es invitado a entrar en el orden del amor-agápē.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Un orden justo en la lógica de las Bienaventuranzas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;26. El discípulo de Cristo, unido a su Maestro, debe contribuir a formar una sociedad justa en la que todos puedan participar activamente con sus propios talentos en la vida social y económica. Podrán ganar lo que les es necesario para vivir según su dignidad humana en una sociedad en la que la justicia será vivificada por el amor.[44] Cristo no propone una revolución de tipo social o político, sino la del amor, realizada en el don total de su persona en su muerte en la Cruz y su Resurrección. Sobre esta revolución del amor se fundan las Bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10). Éstas ofrecen el nuevo horizonte de justicia inaugurado en el misterio pascual, gracias al cual podemos llegar a ser justos y construir un mundo mejor. La justicia de Dios que nos revelan las Bienaventuranzas levanta a los humildes y abaja a los que se ensalzan. Se cumple verdaderamente en el reino de Dios, que llegará a su cumplimento al final de los tiempos. Pero se manifiesta ya desde ahora, allí donde los pobres son consolados y admitidos al festín de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;27. Según la lógica de las Bienaventuranzas, se ha de tener una atención preferencial con el pobre, el hambriento, el enfermo –por ejemplo de sida, tuberculosis o paludismo, con el ex-tranjero, el humillado, el prisionero, el emigrante despreciado, el refugiado o el desplazado (cf. Mt 25,31-46). La respuesta a sus necesidades en la justicia y la caridad depende de todos. África espera esa atención de toda la familia humana así como de sí misma.[45] Pero deberá comenzar por introducir en su propio seno, y resueltamente, la justicia política, social y administrativa, elementos de la cultura política necesaria para el desarrollo y la paz. Por su parte, la Iglesia aportará su contribución específica apoyándose en la enseñanza de las Bienaventuranzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C. El amor en la verdad: fuente de paz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;28. La perspectiva social que muestra el actuar de Cristo, fundada en el amor, trasciende el minimum que exige la justicia humana: es decir que se dé al otro lo que corresponda. La lógica interna del amor va más allá de esta justicia y llega hasta dar lo que se posee[46]: «No amemos de palabra y con la boca, sino con hechos y de verdad» (1 Jn 3,18). Como su Maestro, el discípulo de Cristo irá aún más lejos, hasta el don de sí mismo por sus hermanos (cf. 1 Jn 3,16). Es el precio de la paz auténtica en Dios (cf. Ef 2,14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Servicio fraterno concreto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;29. Ni siquiera una sociedad desarrollada, puede prescindir del servicio fraterno animado por el amor. «Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo»[47]. Es el amor lo que alivia los corazones heridos, solitarios, abandonados. Es el amor lo que crea la paz o la restablece en el corazón humano y la instaura entre los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. La Iglesia como centinela&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;30. En la situación actual de África, la Iglesia está llamada a hacer oír la voz de Cristo. Desea seguir la recomendación de Jesús a Nicodemo, que se preguntaba por la posibilidad de renacer: «Tenéis que nacer de nuevo» (Jn3,7). Los misioneros han propuesto a los Africanos ese nuevo nacimiento «del agua y del espíritu» (Jn3,5), una Buena Noticia que toda persona tiene derecho a oír para realizar plenamente su vocación[48]. La Iglesia en África vive de esa herencia. A causa de Cristo, y por fidelidad a su enseñanza de vida, se siente impulsada a estar presente allí donde la humanidad conoce el sufrimiento y a hacerse eco del grito silencioso de los inocentes perseguidos, o de los pueblos cuyos gobernantes hipotecan el presente y el futuro en nombre de intereses personales[49]. Por su capacidad para reconocer el rostro de Cristo en el niño, el enfermo, el que sufre o el necesitado, la Iglesia contribuye a forjar lentamente pero con seguridad el África nueva. En su función profética, cada vez que los pueblos elevan su voz diciéndole: «Vigía, ¿qué queda de la noche?» (Is 21,11), la Iglesia desea estar lista para dar razón de la esperanza que lleva en sí (cf. 1 P 3,15) porque una aurora nueva asoma al horizonte (cf. Ap 22,5). Sólo el rechazo de la deshumanización del hombre, y del conformismo –por miedo a la prueba o al martirio– servirá de verdad a la causa del Evangelio. «En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: Yo he vencido al mundo» (Jn16,33). La paz auténtica viene de Cristo (cf. Jn 14,27). No se parece a la del mundo. No es fruto de negociaciones y acuerdos diplomáticos basados en intereses. Es la paz de la humanidad reconciliada consigo misma en Dios, y de la que la Iglesia es el sacramento[50].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO II  Los campos para la reconciliación, la justicia y la paz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;31. Deseo ahora indicar algunos campos que los Padres del Sínodo han identificado para la misión actual de la Iglesia en su preocupación por ayudar a África a emanciparse de las fuerzas que la paralizan. ¿No dijo Cristo primeramente al paralítico: «Tus pecados están perdonados» y luego, «ponte en pie» (Lc 5,20.24)?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I. Atención a la persona humana&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A. La metanoia: una auténtica conversión&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;32. Ante la situación del continente, la mayor preocupación de los miembros del Sínodo ha sido cómo grabar en el corazón de los africanos discípulos de Cristo la voluntad de comprometerse efectivamente en vivir el Evangelio en su existencia y en la sociedad. Cristo llama constantemente a la metanoia, a la conversión[51]. Los cristianos están marcados por el espíritu y las costumbres de su época y de su ambiente. Por la gracia del bautismo, están invitados a renunciar a las tendencias nocivas dominantes e ir contracorriente. Esto exige un compromiso decidido para «una conversión continua hacia el Padre, fuente de toda verdadera vida, el único capaz de liberarnos del mal, de toda tentación y mantenernos en su Espíritu, en un mismo combate contra las fuerzas del mal»[52]. La conversión sólo es posible apoyándose en convicciones de fe consolidadas por una catequesis auténtica. Conviene pues «mantener una relación viva entre el catecismo aprendido de memoria y el catecismo vivido, para llegar a una conversión de vida profunda y permanente»[53]. La conversión se vive de manera especial en el Sacramento de la Reconciliación, al que se prestará una atención particular para que sea una verdadera «escuela del corazón». En esa escuela, el discípulo de Cristo se forja poco a poco en una vida cristiana adulta, atenta a las dimensiones teologales y morales de sus actos, haciéndose así capaz de «hacer frente a las dificultades de la vida social, política, económica y cultural»[54] y llevar una vida marcada por el espíritu evangélico. La contribución de los cristianos en África sólo será decisiva si la inteligencia de la fe llegará a la inteligencia de la realidad[55]. Para ello, es indispensable la educación en la fe, de lo contrario Cristo no será más que un nombre suplementario adherido a nuestras teorías. La palabra y el testimonio van a la par[56]. Pero el testimonio solo no es suficiente, porque «el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado –lo que Pedro llamaba dar “razón de vuestra esperanza” (1 P 3,15)–, explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús».[57]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;B. Vivir la verdad del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;33. Los miembros del Sínodo señalaron también que muchos cristianos en África adoptan una actitud ambigua frente a la celebración del Sacramento de la Reconciliación, mientras que estos mismos cristianos suelen ser muy escrupulosos en la aplicación de los ritos tradicionales de la reconciliación. Para ayudar a los fieles católicos a vivir un auténtico camino hacia la metanoia en la celebración de este Sacramento, en el que la mentalidad se oriente por completo al encuentro con Cristo,[58] sería bueno que los obispos hicieran un estudio serio de las ceremonias tradicionales africanas de reconciliación para evaluar los aspectos positivos y las limitaciones. En efecto, estas mediaciones pedagógicas tradicionales[59] no pueden sustituir al Sacramento en ninguna circunstancia. La Exhortación apostólica postsinodal Reconciliatio et paenitentia, del beato Juan Pablo II, señaló claramente el ministro y las formas del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación[60]. Estas mediaciones pedagógicas tradicionales sólo pueden ayudar a reducir el desgarro sentido y vivido por algunos fieles, ayudándolos a abrirse con mayor profundidad y verdad a Cristo, el único gran Mediador, para recibir la gracia del Sacramento de la Penitencia. Celebrado con fe, este sacramento es suficiente para reconciliarnos con Dios y con el prójimo[61]. En definitiva, es Dios quien, en su Hijo, nos reconcilia con Él y con los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C. Espiritualidad de comunión&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;34. La reconciliación no es un acto aislado, sino un largo proceso gracias al cual cada uno se ve restablecido en el amor, un amor que sana por la acción de la Palabra de Dios. Esta se convierte entonces en una forma de vivir, y a la vez en una misión. Para alcanzar una verdadera reconciliación, y llevar a la práctica la espiritualidad de comunión por la reconciliación, la Iglesia necesita testigos que estén profundamente arraigados en Cristo, y que se alimenten de su Palabra y de los Sacramentos. Así, aspirando a la santidad, estos testigos son capaces de implicarse en la obra de comunión de la Familia de Dios, comunicando al mundo, incluso con el martirio, el espíritu de reconciliación, de justicia y paz, a ejemplo de Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;35. Quisiera recordar lo que el Papa Juan Pablo II proponía a toda la Iglesia como condiciones de una espiritualidad de comunión: ser capaces de reconocer la luz del misterio de la Trinidad también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado[62]; estar atento, «al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico, considerándolo como “uno que me pertenece”, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad»[63]; la capacidad de reconocer lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como un don que Dios me hace a través de aquel que lo ha recibido, más allá de su persona, que se transforma entonces en un administrador de las gracias divinas; en fin, «saber “dar espacio” al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias»[64].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este modo, maduran hombres y mujeres de fe y de comunión, que dan prueba de valentía con la verdad y la abnegación, e iluminados por la alegría. Dan también un testimonio profético de una vida coherente con su fe. María, Madre de la Iglesia, que supo acoger la Palabra de Dios, es su modelo: por su escucha de la Palabra, Ella alcanzó a comprender las necesidades de los hombres y a interceder por ellos con compasión[65].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;D. Inculturación del Evangelio y evangelización de la cultura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;36. Para lograr esta comunión, sería bueno volver a examinar una necesidad mencionada durante la Primera Asamblea del Sínodo para África: un estudio exhaustivo de las tradiciones culturales africanas. Los miembros del Sínodo han constatado la existencia de una dicotomía entre ciertas prácticas tradicionales de las culturas africanas y las exigencias específicas del mensaje de Cristo. La preocupación por la relevancia y la credibilidad exige de la Iglesia un profundo discernimiento con vistas a identificar los aspectos culturales que obstaculizan la encarnación de los valores del Evangelio, así como los que los promueven[66].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;37. Sin embargo, no debemos olvidar que el Espíritu Santo es el verdadero protagonista de la inculturación, «es el que precede, en modo fecundo, al diálogo entre la Palabra de Dios, revelada en Jesucristo, y las inquietudes más profundas que brotan de la multiplicidad de los hombres y de las culturas. Así continúa en la historia, en la unidad de una misma y única fe, el acontecimiento de Pentecostés, que se enriquece a través de la diversidad de lenguas y culturas»[67]. El Espíritu Santo actúa para que el Evangelio sea capaz de impregnar todas las culturas, sin dejarse atenazar por ninguna de ellas[68]. Los Obispos se preocuparán de velar para que esta exigencia de inculturación se cumpla según las normas establecidas por la Iglesia. Discernir los elementos culturales y tradiciones contrarios al Evangelio ayudará a separar el trigo de la cizaña (cf. Mt 13,26). De este modo, el cristianismo, aunque permaneciendo fiel a sí mismo, con absoluta fidelidad al anuncio evangélico y a la tradición de la Iglesia, asumirá el rostro de las innumerables culturas y pueblos donde ha sido acogido y ha arraigado. Así, la Iglesia llegará a ser un icono del futuro que el Espíritu de Dios nos prepara[69], icono al que África ofrecerá su propia contribución. En esta obra de inculturación, tampoco hay que olvidar la tarea, igualmente esencial, de la evangelización del mundo de la cultura contemporánea africana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;38. Son conocidas las iniciativas de la Iglesia en la apreciación positiva y en la preservación de las culturas africanas. Es muy importante continuar con esta tarea, dado que la entremezcla de los pueblos, aun siendo un enriquecimiento, frecuentemente debilita las culturas y la sociedades. Lo que está en juego en estos encuentros entre culturas es la identidad de las comunidades africanas. Hay que esforzarse, pues, en transmitir los valores que el Creador ha infundido en los corazones de los africanos desde la noche de los tiempos. Estos han servido de matriz para modelar sociedades que viven en una cierta armonía, porque llevan en su interior formas tradicionales de regular una convivencia pacífica. Por tanto, hay que dar relieve a estos elementos positivos, iluminándolos desde dentro (cf. Jn 8,12), para que el cristiano sea realmente alcanzado por el mensaje de Cristo, y de este modo la luz de Dios brille en los ojos de los hombres. Entonces, al ver las buenas obras de los cristianos, los hombres y las mujeres darán gloria «al Padre que está en el cielo» (Mt 5,16).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;E. El don de Cristo: la Eucaristía y la Palabra de Dios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;39. Más allá de las diferencias de origen o de cultura, el gran desafío que nos aguarda a todos es discernir en la persona humana, amada de Dios, el fundamento de una comunión que respete e integre las aportaciones particulares de las diversas culturas[70]. «Debemos abrir realmente estas fronteras entre tribus, etnias y religiones a la universalidad del amor de Dios»[71]. Hombres y mujeres diferentes por su origen, cultura, lengua o religión pueden convivir armónicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;40. En efecto, el Hijo de Dios ha puesto su morada entre nosotros; ha derramado su sangre por nosotros. Cumpliendo su promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20), se nos entrega cada día como alimento en la Eucaristía y en las Escrituras. En la Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, escribí que «Palabra y Eucaristía se pertenecen tan íntimamente que no se puede comprender la una sin la otra: la Palabra de Dios se hace sacramentalmente carne en el acontecimiento eucarístico. La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico»[72].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;41. En efecto, la Escritura Santa atestigua que la Sangre derramada de Cristo se transforma por el bautismo en el principio y el vínculo de una nueva fraternidad. Ésta es lo opuesto a la división, como el tribalismo, el racismo o el etnocentrismo (cf. Ga 3,26-28). La Eucaristía es la fuerza que congrega a los hijos de Dios dispersos y los mantiene en comunión[73], «puesto que por nuestras venas circula la misma Sangre de Cristo, que nos convierte en hijos de Dios, miembros de la Familia de Dios».[74] Al acoger a Jesús en la Eucaristía y en la Escritura, somos enviados al mundo para ofrecerle a Cristo, poniéndonos al servicio de los demás (cf. Jn 13,15; 1 Jn 3,16).[75]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II. La convivencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A. La familia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;42. La familia es el «santuario de la vida» y una célula vital de la sociedad y de la Iglesia. En ella es «donde se plasma el rostro de un pueblo y sus miembros adquieren las enseñanzas fundamentales. Ellos aprenden a amar en cuanto son amados gratuitamente, aprenden el respeto a las otras personas en cuanto son respetados, aprenden a conocer el rostro de Dios en cuanto reciben su primera revelación de un padre y una madre llenos de atenciones. Cuando faltan estas experiencias fundamentales, es el conjunto de la sociedad el que sufre violencia y se vuelve, a su vez, generador de múltiples violencias»[76].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;43. La familia es ciertamente el lugar propicio para aprender y practicar la cultura del perdón, de la paz y la reconciliación. «En una vida familiar “sana” se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz»[77]. A causa de su importancia capital y de las amenazas que se ciernen sobre esta institución –la distorsión de la noción misma de matrimonio y familia, la infravaloración de la  maternidad y la banalización del aborto, la facilitación del divorcio y el relativismo de una «nueva ética»–, la familia tiene necesidad de ser protegida y defendida[78], para que preste ese servicio que la sociedad misma espera de ella, es decir, ofrecer hombres y mujeres capaces de construir un entramado social de paz y armonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;44. Aliento vivamente a las familias, pues, a hallar inspiración y fuerza en el Sacramento de la Eucaristía, para vivir la novedad radical que Cristo ha traído al corazón de la vida cotidiana, novedad que lleva a cada uno a ser testigo capaz de difundir luz en su ambiente de trabajo y en toda la sociedad. «El amor entre el hombre y la mujer, la acogida de la vida y la tarea educativa son ámbitos privilegiados en los que la Eucaristía puede mostrar su capacidad de transformar la existencia y llenarla de sentido»[79]. No hay duda que participar en la Eucaristía dominical es una exigencia de la conciencia cristiana y que al mismo tiempo la forma[80].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;45. Por otra parte, reservar en la familia un lugar destacado para la oración, personal y comunitaria, significa respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: el primado de la gracia. La oración nos recuerda constantemente el primado de Cristo y, unido a ello, el primado de la vida interior y de la santidad. El diálogo con Dios abre el corazón al flujo de la gracia y permite que la Palabra de Cristo pase por nosotros con toda su fuerza. Para ello es necesario que en el seno de la familia se escuche asiduamente y se lea con atención la Santa Escritura[81].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;46. Más aún, «la misión educativa de la familia cristiana [es] como un verdadero ministerio, por medio del cual se transmite e irradia el Evangelio, hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. En la familia consciente de tal don, como escribió Pablo VI, “todos los miembros evangelizan y son evangelizados”. En virtud del ministerio de la educación los padres, mediante el testimonio de su vida, son los primeros mensajeros del Evangelio ante los hijos [...] Llegan a ser plenamente padres, es decir engendradores no sólo de la vida corporal, sino también de aquella que, mediante la renovación del Espíritu, brota de la Cruz y Resurrección de Cristo»[82].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;B. Los ancianos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;47. En África, los ancianos gozan de una veneración especial. No son apartados de las familias o marginados, como en otras culturas. Al contrario, son estimados y están perfectamente integrados en su familia, de la que son la referencia más alta. Esta hermosa realidad africana debería servir de inspiración a la sociedad occidental, para que acoja la ancianidad con mayor dignidad. La Escritura Santa menciona a menudo a las personas mayores. «La mucha experiencia es la corona de los ancianos, y su orgullo es el temor del Señor» (Si 25,6). La ancianidad, a pesar de la fragilidad que parece caracterizarla, es un don que hay que vivir cotidianamente en la disponibilidad serena hacia Dios y el prójimo. Es también el tiempo de la sabiduría, porque en el tiempo vivido ha aprendido la grandeza y la precariedad de la existencia. Así, el anciano Simeón, como hombre de fe, proclama con entusiasmo y sabiduría no un adiós angustiado a la vida, sino una acción de gracias al Salvador del mundo (cf. Lc 2,25-32).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;48. Las personas mayores pueden influir de diversos modos sobre la familia gracias a esta sabiduría, a veces difícil de adquirir. Su experiencia les lleva naturalmente no sólo a colmar la diferencia, sino también a afirmar la necesidad de la interdependencia humana. Son un tesoro para todos los miembros de la familia, sobre todo para las parejas jóvenes y los niños que encuentran en ellas comprensión y amor. No siendo sólo transmisores de la vida, contribuyen por su comportamiento a consolidar su hogar (cf. Tt 2,2-5) y, por su oración y su vida de fe, a enriquecer espiritualmente a todos los miembros de su familia y de la comunidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;49. Con frecuencia, la estabilidad y el orden social están confiados en África todavía a un consejo de ancianos o a jefes tradicionales. De esta manera, los ancianos contribuyen eficazmente a la edificación de una sociedad cada vez más justa que mira hacia adelante, no a través de experimentos, a veces arriesgados, sino gradualmente y con un prudente equilibrio. Los ancianos contribuyen así a la reconciliación de las personas y las comunidades por su sabiduría y experiencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;50. La Iglesia mira con gran estima a las personas mayores. Deseo volver a deciros, con el beato Juan Pablo II: «La Iglesia os necesita. Pero también la sociedad civil necesita de vosotros [...] Sabed emplear generosamente el tiempo que tenéis a disposición y los talentos que Dios os ha concedido [...] Contribuid a anunciar el Evangelio [...] Dedicad tiempo y energías a la oración».[83]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C. Los hombres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;51. Los hombres tienen su propia misión en la familia. Como esposos y padres, mediante la relación conyugal y la educación de los hijos ejercen la noble responsabilidad de aportar valores necesarios para la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;52. Con los Padres sinodales, animo a los hombres católicos a colaborar activamente en sus familias a la educación humana y cristiana de los hijos, al respeto y a la protección de la vida desde el momento de su concepción[84]. Les invito a instaurar un estilo de vida cristiano, enraizado y fundado en el amor (cf. Ef 3,17). Con san Pablo, les repito: «Amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella [...] Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia»  (Ef 5,25.28-29). No temáis hacer visible y palpable que no hay amor más grande que dar la vida por quien se ama (cf. Jn 15,13), es decir, y en primer lugar, por la esposa y los hijos. Cultivad una alegría serena en vuestro hogar. El matrimonio es un «don del Señor», decía san Fulgencio de Ruspe[85]. El respeto a la dignidad inviolable de cada persona humana será un antídoto eficaz contra las prácticas tradicionales contrarias al Evangelio y vejatorias particularmente para la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;53. Al manifestar y vivir en la tierra la paternidad misma de Dios (cf. Ef 3,15), estáis llamados a garantizar el desarrollo personal de todos los miembros de la familia, cuna y medio más eficaz para humanizar la sociedad, lugar de encuentro de varias generaciones[86]. Que por la dinámica creadora de la Palabra de Dios misma, crezca vuestro sentido de responsabilidad hasta comprometeros concretamente en la Iglesia[87]. La Iglesia tiene necesidad de testigos convencidos y eficaces de la fe que promuevan la reconciliación, la justicia y la paz y colaboren entusiasta y decididamente a la transformación del entorno familiar y de la sociedad en su conjunto[88]. Con vuestro trabajo que permite asegurar regularmente vuestra subsistencia y la de vuestras familias, dais este testimonio. Más aún, por el ofrecimiento de este trabajo a Dios, os asociáis a la obra redentora de Jesucristo que ha dado al trabajo una dignidad eminente trabajando con sus propias manos en Nazaret[89].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;54. La calidad y el esplendor de vuestra vida cristiana depende de una profunda vida de oración, alimentada con la Palabra de Dios y los Sacramentos. Estad, pues, atentos para mantener viva esta dimensión esencial de vuestro compromiso cristiano; vuestro testimonio de fe en las tareas cotidianas, vuestra participación en los movimientos eclesiales, encuentran ahí la fuente de su dinamismo. Así os convertiréis en ejemplos que las jóvenes generaciones desearán imitar, y los ayudaréis de este modo a emprender una vida adulta responsable. No tengáis miedo de hablarles de Dios y de iniciarles con vuestro ejemplo a la vida de fe y al compromiso social y caritativo, ayudándoles a descubrir que verdaderamente han sido creados a imagen y semejanza de Dios: «Los signos de esta imagen divina en el hombre pueden ser reconocidos, no en el aspecto del cuerpo que se corrompe, sino en la prudencia e inteligencia, en la justicia, la moderación, el temperamento, la sabiduría, la instrucción»[90].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;D. Las mujeres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;55. Las mujeres africanas, con sus muchos talentos y sus preciosos dones, son una gran riqueza para la familia, la sociedad y la Iglesia. Como decía Juan Pablo II: «La mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz»[91]. La Iglesia y la sociedad necesitan que las mujeres encuentren el puesto que les corresponde en el mundo «para que el ser humano pueda vivir sin deshumanizarse completamente»[92].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;56. Aunque es innegable que se ha progresado en favorecer la promoción y la educación de la mujer en algunos países de África, sin embargo, en su conjunto, aún no se ha llegado a valorar y reconocer plenamente su dignidad, sus derechos, así como su aportación esencial a la familia y a la sociedad. La promoción de las jóvenes y las mujeres está menos favorecida que la de los jóvenes y los hombres. Todavía son demasiadas las prácticas humillantes para las mujeres, las vejaciones en nombre de tradiciones ancestrales. Con los Padres sinodales, invito encarecidamente a los discípulos de Cristo a combatir todos los actos de violencia contra las mujeres, a denunciarlos y a condenarlos[93]. En este contexto, sería conveniente que los comportamientos dentro de la Iglesia fueran un modelo para el conjunto de la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;57. En mi viaje a África, insistí en que «hay que reconocer, afirmar y defender la misma dignidad del hombre y la mujer: ambos son personas, diferentes de cualquier otro ser viviente del mundo que les rodea»[94]. El cambio de mentalidad en este campo es desgraciadamente demasiado lento. La Iglesia tiene la obligación de contribuir a este reconocimiento y liberación de la mujer, siguiendo el ejemplo de Cristo (cf. Mt 15,21-28; Lc 7,36-50; 8,1-3; 10,38-42; Jn 4,7-42). Crear para ella un ámbito en el que pueda tomar la palabra y desarrollar sus talentos mediante iniciativas que refuercen su valía, su autoestima y su especificidad, les permitirá ocupar en la sociedad un puesto igual al del hombre –sin confundir ni uniformar la especifi-cidad de cada uno–, pues ambos son «imagen» del Creador (cf. Gn 1,27). Que los obispos animen y promuevan la formación de las mujeres para que asuman «su propia parte de responsabilidad y de participación en la vida comunitaria de la sociedad y […] de la Iglesia»[95]. Y así contribuirán a la humanización de la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;58. Vosotras, mujeres católicas, os inscribís en la tradición evangélica de las mujeres que asistían a Jesús y a los apóstoles (cf. Lc 8,3). Sois para las Iglesias locales como la «columna vertebral»[96], pues vuestro número y vuestra presencia activa en vuestras organizaciones son de gran ayuda para el apostolado de la Iglesia. Cuando la paz se ve amenazada y la justicia ultrajada, cuando la pobreza sigue creciendo, vosotras os mantenéis firmes en defensa de la dignidad humana, de la familia y de los valores de la religión. Que el Espíritu Santo suscite sin cesar mujeres santas y valientes que no cejen en su valiosa colaboración espiritual para el crecimiento de nuestras comunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;59. Queridas hijas de la Iglesia, aprended continuamente en la escuela de Cristo, como María de Betania, a reconocer su Palabra (cf. Lc 10,39). Formaos en el catecismo y en la Doctrina social de la Iglesia, donde encontraréis los principios que os ayudarán a comportaros como verdaderas discípulas. Así os comprometeréis adecuadamente en los diferentes proyectos en favor de las mujeres. No dejéis de defender la vida, pues Dios os ha hecho receptoras de la vida. La Iglesia estará siempre a vuestro lado. Ayudad con vuestros consejos y ejemplo a las jóvenes para que afronten con paz la vida adulta. Ayudaos mutuamente. Respetad a las más ancianas de entre vosotras. La Iglesia cuenta con vosotras para crear una «ecología humana»[97] mediante el amor y la ternura, la acogida y la delicadeza y, sobre todo, mediante la misericordia, valores que vosotras sabéis inculcar a los hijos, y de los cuales el mundo tiene tanta necesidad. Así, mediante la riqueza de vuestros dones propiamente femeninos[98], favoreceréis la reconciliación de los hombres y de las comunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;E. Los jóvenes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;60. Los jóvenes son la mayor parte de la población en África. Esta juventud es un don y un tesoro de Dios, por el que toda la Iglesia está agradecida al Señor de la vida[99]. Se ha de amar a esta juventud, estimarla y respetarla. Ella «expresa un deseo profundo, a pesar de posibles ambigüedades, de aquellos valores auténticos que tienen su plenitud en Cristo. ¿No es, tal vez, Cristo el secreto de la verdadera libertad y de la alegría profunda del corazón? ¿No es Cristo el amigo supremo y a la vez el educador de toda amistad auténtica? Si a los jóvenes se les presenta a Cristo con su verdadero rostro, ellos lo experimentan como una respuesta convincente y son capaces de acoger el mensaje, incluso si es exigente y marcado por la Cruz»[100].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;61. En la Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini, pensando en los jóvenes, escribí: «en la edad de la juventud, surgen de modo incontenible y sincero preguntas sobre el sentido de la propia vida y sobre qué dirección dar a la propia existencia. A estos interrogantes, sólo Dios sabe dar una respuesta verdadera. Esta atención al mundo juvenil implica la valentía de un anuncio claro; hemos de ayudar a los jóvenes a que adquieran confianza y familiaridad con la Sagrada Escritura, para que sea como una brújula que indica la vía a seguir. Para ello, necesitan testigos y maestros, que caminen con ellos y los lleven a amar y a comunicar a su vez el Evangelio, especialmente a sus coetáneos, convirtiéndose ellos mismos en auténticos y creíbles anunciadores»[101].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;62. San Benito pide en su Regla que el abad del monasterio escuche a los más jóvenes, diciendo: «Dios inspira a menudo al más joven lo que es mejor»[102]. No dejemos, pues, de involucrar directamente a los jóvenes en la sociedad y la vida de la Iglesia, con el fin de que no se abandone a sentimientos de frustración y rechazo ante la imposibilidad de hacerse cargo de su futuro, especialmente en situaciones en las que los jóvenes son vulnerables por falta de educación, por el desempleo, la explotación política y toda clase de dependencias[103].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;63. Queridos jóvenes, pueden tentaros reclamos de todo tipo: ideologías, sectas, dinero, drogas, sexo fácil o violencia. Estad alerta: quienes os hacen estas propuestas quieren destruir vuestro porvenir. No obstante las dificultades, no os dejéis desanimar y no renunciéis a vuestros ideales, a vuestra dedicación y asiduidad en la formación humana, intelectual y espiritual. Para alcanzar el discernimiento, la fuerza necesaria y la libertad para resistir a esas presiones, os animo a poner a Jesucristo en el centro de toda vuestra vida mediante la oración, y también mediante el estudio de la Sagrada Escritura, la práctica de los sacramentos, la formación en la Doctrina social de la Iglesia, así como a participar de manera activa y entusiasta en las agrupaciones y movimientos eclesiales. Haced crecer en vosotros el anhelo de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en manos de quienes saben encontrar razones sólidas para vivir y para esperar. Si lo queréis, el futuro está en vuestras manos, porque los dones que el Señor ha dispensado a cada uno de vosotros, fortalecidos por el encuentro con Cristo, pueden ofrecer al mundo una esperanza autentica[104].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;64. Cuando se trata de orientaros en vuestra opción de vida, cuando os planteéis la cuestión sobre una consagración total –en el sacerdocio ministerial o en la vida consagrada– apoyaros en Cristo, tomadlo como modelo, escuchad su palabra meditándola asiduamente. Durante la homilía en la misa inaugural de mi pontificado, os he exhortado con estas palabras que me parece oportuno repetiros, pues son siempre actuales: «Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana [...] Queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida»[105].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;F. Los niños&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;65. Como los jóvenes, los niños son un regalo de Dios a la humanidad, y han de ser objeto de un cuidado especial por parte de su familia, la iglesia, la sociedad y los gobiernos, pues son una fuente de esperanza y de renovación en la vida. Dios está cercano a ellos de manera especial y su vida es preciosa a sus ojos, aun cuando las circunstancias parecen contrarias o imposibles (cf. Gn 17,17-18; 18,12; Mt 18,10).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;66. En efecto, «cada ser humano inocente es absolutamente igual a todos los demás en el derecho a la vida. Esta igualdad es la base de toda auténtica relación social que, para ser verdadera, debe fundamentarse sobre la verdad y la justicia, reconociendo y tutelando a cada hombre y a cada mujer como persona y no como una cosa de la que se puede disponer»[106].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;67. Así pues, ¿cómo no deplorar y condenar enérgicamente el trato intolerable que reciben tantos niños en África?[107] La Iglesia es madre y no sabría abandonarlos, sean quienes sean. Hemos de ponerles a la luz del amor de Cristo dándoles su amor, para que ellos oigan decir: «Eres precioso para mí, de gran precio, y te amo» (Is 43,4). Dios quiere la felicidad y la sonrisa de cada niño, y está a su favor «porque de los que son como ellos es el reino de Dios» (Mc 10,14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;68. Jesucristo ha mostrado siempre su predilección por los más pequeños (cf. Mc 10,13-16). El Evangelio mismo está impregnado de la profunda verdad sobre el niño. En efecto, ¿qué quiere decir: «Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3)? ¿Acaso no hace Jesús de los niños un modelo también para los adultos? En los niños, hay algo que nunca debe faltar a quien quiere entrar en el reino de los cielos. Se promete el cielo a todos los que son sencillos como los niños, a todos que, como ellos, están llenos de un espíritu de abandono en la confianza, puros y ricos de bondad. Sólo ellos pueden encontrar en Dios a un Padre y llegar a ser, gracias a Jesús, hijos de Dios. Hijos e hijas de nuestros padres, Dios quiere que todos seamos sus hijos adoptivos mediante la gracia[108].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III. La visión africana de la vida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;69. En la cosmovisión africana, la vida es percibida como una realidad que engloba e incluye a los antepasados, a los vivos y los aún por nacer, a toda la creación y a todos los seres: los que hablan y los que son mudos, los que piensan y los que no tienen pensamiento. Se considera al universo visible y al invisible como un espacio de vida de los hombres, pero también como un ámbito de comunión, en el que las generaciones pasadas están al lado de manera invisible con las actuales, madres a su vez de las generaciones futuras. Esta gran apertura del corazón y del espíritu de la tradición africana os predispone, queridos hermanos y hermanas, a oír y recibir el mensaje de Cristo y comprender el misterio de la Iglesia, para dar todo su valor a la vida humana y a las condiciones de su pleno desarrollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A. La protección de la vida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;70. Entre las disposiciones para proteger la vida humana en el continente africano, los miembros del Sínodo han tenido en consideración los esfuerzos desplegados por las instituciones internacionales en favor de ciertos aspectos del desarrollo.[109] No obstante, se ha observado con preocupación que hay una falta de claridad ética en los encuentros internacionales, e incluso, un lenguaje confuso que trasmite valores contrarios a la moral católica. La Iglesia se preocupa constantemente por el desarrollo integral de «todo hombre y de todo el hombre», como decía el Papa Pablo VI[110]. Por eso, los Padres sinodales han querido subrayar los aspectos cuestionables de ciertos documentos de entes internacionales, en especial los que se refieren a la salud reproductiva de la mujer. La postura de la Iglesia no admite ambigüedad alguna por lo que se refiere al aborto. El niño en el seno materno es una vida humana que se ha de proteger. El aborto, que consiste en eliminar a un inocente no nacido, es contrario a la voluntad de Dios, pues el valor y la dignidad de la vida humana debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte natural. La Iglesia en África y las islas vecinas deben comprometerse a ayudar y apoyar a las mujeres y a los cónyuges tentados por el aborto, y a estar cercana de los que han tenido esta triste experiencia, con el fin de educar en el respeto de la vida. Y se alegra por la valentía de los gobiernos que han legislado en contra de la cultura de la muerte, de la cual el aborto es una dramática expresión, y en favor de la cultura de la vida[111].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;71. La Iglesia sabe que muchos –personas, asociaciones, departamentos especializados o estados– se oponen a una sana doctrina sobre esto. «No debemos temer la hostilidad y la impopularidad, rechazando todo compromiso y ambigüedad que nos conformaría a la mentalidad de este mundo (cf. Rm 12,2). Debemos estar en el mundo, pero no ser del mundo (cf. Jn 15,19; 17,16), con la fuerza que nos viene de Cristo, que con su muerte y resurrección ha vencido el mundo (cf. Jn 16,33)»[112].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;72. Sobre la vida humana en África se ciernen serias amenazas. Hay que deplorar, como en otras partes, los estragos del abuso de drogas y el alcohol, que destruye el potencial humano del continente y afecta especialmente a los jóvenes[113]. El paludismo[114], la tuberculosis y el sida, diezman la población africana y dañan gravemente su vida socioeconómica. El problema del sida, en particular, exige sin duda una respuesta médica y farmacéutica. Pero ésta no es suficiente, pues el problema es más profundo. Es sobre todo ético. El cambio de conducta que requiere –como, por ejemplo, la abstinencia sexual, el rechazo de la promiscuidad sexual, la fidelidad en el matrimonio– plantea en último término la cuestión fundamental del desarrollo integral, que implica un enfoque y una respuesta global de la Iglesia. En efecto, para que sea eficaz, la prevención del sida debe basarse en una educación sexual fundada en una antropología enraizada en el derecho natural, e iluminada por la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;73. En nombre de la vida –que la Iglesia tiene el deber de proteger y defender– y en unión con los Padres sinodales, renuevo mi apoyo y me dirijo a todas las instituciones y a todos los movimientos de la Iglesia que trabajan en el campo de la salud, y en particular en el del sida: Estáis haciendo un trabajo maravilloso e importante. Pido a los organismos internacionales que os reconozcan y ayuden respetando vuestra especificidad y en un espíritu de colaboración. Y aliento vivamente de nuevo a los institutos y programas de investigación terapéutica y farmacéutica que luchan por erradicar las pandemias. Que no escatimen esfuerzos para llegar lo antes posible a resultados, por amor del don precioso de la vida[115]. Que puedan encontrar soluciones y hacer accesibles a todos los tratamientos y las medicinas, teniendo en cuenta las situaciones de precariedad. La Iglesia sostiene desde hace mucho tiempo la causa de un tratamiento médico de alta calidad y de menor costo para todos los afectados[116].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;74. La defensa de la vida comporta también la erradicación de la ignorancia mediante la alfabetización de la población y una educación de calidad que abarque a toda la persona. A lo largo de su historia, la Iglesia Católica ha prestado una atención especial a la educación. Ha sensibilizado, animado y ayudado continuamente a los padres a vivir su responsabilidad de primeros educadores de la vida y la fe de sus hijos. En África, sus estructuras –como escuelas, colegios, institutos, centros de formación profesional o universidades– ponen a disposición de la población los medios para acceder al conocimiento, sin distinción de origen, medios económicos o religión. La Iglesia aporta su contribución para que se pueda valorar y crecer los talentos que Dios ha puesto en todo corazón humano. Muchos Institutos religiosos han nacido para este fin. Innumerables santos y santas han comprendido que santificar al hombre significa ante todo promover su dignidad mediante la educación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;75. Los miembros del Sínodo han constatado que África, como en el resto del mundo, está pasando por una crisis de la educación[117]. Han subrayado la necesidad de un programa educativo que conjugue la fe y la razón para preparar a los niños y jóvenes a la vida adulta. Los fundamentos y sanos criterios, puestos así, les permitirán afrontar las opciones cotidianas, caracterizando la vida adulta en el plano afectivo, social, profesional y político.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;76. El analfabetismo representa uno de los principales obstáculos para el desarrollo. Es un flagelo igual que las pandemias. Aunque no mata directamente, contribuye sin embargo activamente a la marginación de la persona –que es una forma de muerte social– y la imposibilita acceder al conocimiento. Alfabetizar a la persona es hacer de ella un miembro de pleno derecho de la res publica, a cuya construcción podrá contribuir[118], y es también dar la posibilidad a los cristianos de tener acceso al tesoro inestimable de las Escrituras que alimentan su vida de fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;77. Invito a las comunidades e instituciones católicas a responder generosamente a este gran desafío, que es un verdadero laboratorio de humanización, y a intensificar sus esfuerzos, dentro de sus posibilidades, a desarrollar, solos o en colaboración con otras organizaciones, programas eficaces y adecuadas a la población. Las comunidades e instituciones católicas sólo superarán este desafío conservando su identidad eclesial y manteniéndose celosamente fieles al mensaje evangélico y al carisma de su fundador. La identidad cristiana es un bien precioso que hay que saber preservar y custodiar por temor de que la sal no se desvirtúe y termine siendo pisada por la gente (cf. Mt 5,13).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;78. Conviene ciertamente sensibilizar a los gobiernos a incrementar su ayuda en favor de la escolarización. La Iglesia reconoce y respeta el papel del Estado en la educación. Pero afirma también su legítimo derecho a participar en ella, y a aportar su contribución específica. Y sería oportuno recordar al Estado que la Iglesia tiene derecho a educar según sus propias normas y en sus instalaciones. Es un derecho que se enmarca en la libertad de acción, «como requiere el cuidado de la salvación de los hombres»[119]. Muchos Estados africanos reconocen el importante papel que la Iglesia desempeña desinteresadamente en la construcción de su nación a través de sus centros educativos. Por tanto, aliento encarecidamente a los gobernantes en sus esfuerzos por apoyar esta labor educativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;B. Respeto por la creación y el ecosistema&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;79. Con los Padres sinodales, invito a todos los miembros de la Iglesia a trabajar y abogar por una economía atenta a los pobres, oponiéndose resueltamente a un orden injusto que, bajo el pretexto de reducir la pobreza, ha contribuido tantas veces a incrementarla[120]. Dios ha dado a África importantes recursos naturales. Ante la pobreza crónica de sus poblaciones, víctimas de la explotación y de malversaciones locales y extranjeras, la opulencia de ciertos grupos hiere a la conciencia humana. Constituidos para crear riqueza en sus propios países, y a menudo con la complicidad de quienes ejercen el poder en África, estos grupos aseguran con demasiada frecuencia sus propias operaciones en detrimento del bienestar de la población local[121]. En colaboración con los otros componentes de la sociedad civil, la Iglesia debe denunciar el orden injusto que impide a los pueblos africanos consolidar sus economías[122] y «desarrollarse de acuerdo con sus características culturales»[123]. También es deber de la Iglesia luchar para que «cada nación sea ella misma la principal artífice de su progreso económico y social [...] y tome parte en la realización del bien común universal, como miembro activo y responsable de la sociedad humana, en condición de igualdad con otros pueblos»[124].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;80. Hay hombres y mujeres de negocios, gobiernos, grupos económicos, que se comprometen en programas de explotación que contaminan el medio ambiente y causan una desertificación sin precedentes. Se producen daños graves a la naturaleza y los bosques, a la flora y la fauna, e innumerables especies podrían desaparecer para siempre. Todo esto amenaza el ecosistema entero y, en consecuencia, la supervivencia de la humanidad[125]. Exhorto a la Iglesia en África a alentar a los gobernantes a proteger los bienes fundamentales como la tierra y el agua para la vida humana de las generaciones actuales y las del futuro[126], así como para la paz entre los pueblos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C. La buena gobernanza de los Estados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;81. Un instrumento de primaria importancia al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz, puede ser la institución política, cuyo deber esencial es el establecimiento y la gestión del orden justo[127]. Este orden está a su vez al servicio de la «vocación a la comunión de las personas»[128]. Para alcanzar este ideal, la Iglesia en África debe ayudar a construir la sociedad en colaboración con las autoridades gubernamentales e instituciones públicas y privadas que participan en la construcción del bien común[129]. Los líderes tradicionales pueden desempeñar un papel muy positivo para el buen gobierno. La Iglesia, por su parte, se compromete a promover en su seno y en la sociedad una cultura muy atenta a la primacía del derecho[130]. A título de ejemplo, las elecciones son una ocasión en la que se expresa la opción política de un pueblo y son un signo de la legitimidad para ejercer el poder. Estas son el momento privilegiado para un debate público sano y sereno, caracterizado por el respeto de las diferentes opiniones y los diferentes grupos políticos. Favorecer el buen desarrollo de las elecciones, suscitará y alentará una participación real y activa de los ciudadanos en la vida política y social. La falta de respeto a la Constitución nacional, a la ley o al veredicto de las urnas allí dónde las elecciones han sido libres, ecuánimes y transparentes, manifestaría una grave disfunción de la gobernabilidad y significaría una falta de competencia en la gestión de los asuntos públicos[131].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;82. Hoy en día, muchos de los que toman decisiones, tanto políticos como economistas, creen que no deben nada a nadie, sino sólo a sí mismos. «Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno. Por ello, es importante urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo  arbitrario»[132].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;83. El crecimiento de la tasa de criminalidad en las sociedades cada vez más urbanizadas es un motivo de gran preocupación para todos los responsables y para los gobernantes. Por tanto, hay una necesidad urgente de establecer sistemas independientes judiciales y penitenciarios, con el fin de restaurar la justicia y rehabilitar a los culpables. Se han de desterrar también los casos de errores judiciales y los malos tratos a los reclusos, así como las numerosas ocasiones en que no se aplica la ley, lo que comporta una violación de los derechos humanos[133], y también los encarcelamientos que sólo muy tarde, o nunca, terminan en un proceso. «La Iglesia en África [...] reconoce su misión profética respecto a todos los afectados por la delincuencia, así como la necesidad que tienen de reconciliación, justicia y paz»[134]. Los reclusos son seres humanos que merecen, no obstante su crimen, ser tratados con respeto y dignidad. Necesitan nuestra atención. Para ello, la Iglesia debe organizar la pastoral penitenciaria por el bien material y espiritual de los presos. Esta actividad pastoral es un servicio real que la Iglesia ofrece a la sociedad y que el Estado debe favorecer en aras del bien común. Junto con los miembros del Sínodo, llamo la atención de los responsables de la sociedad sobre la necesidad de hacer todo lo posible para llegar a la eliminación de la pena capital[135], así como para la reforma del sistema penal, para que la dignidad humana del recluso sea respetada. Corresponde a los agentes de pastoral la tarea de estudiar y proponer la justicia restitutiva como un medio y un proceso para favorecer la reconciliación, la justicia, y la paz, así como la reinserción en las comunidades de las víctimas y de los trasgresores[136].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;D. Migrantes, desplazados y refugiados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;84. Millones de migrantes, desplazados o refugiados buscan una patria y una tierra de paz en África o en otros continentes. La dimensión de este éxodo, que afecta a todos los países, pone de manifiesto la magnitud de tantas pobrezas, con frecuencia provocadas por fallos en la gestión pública. Miles de personas han tratado y tratan aún atravesar mares y desiertos en busca de un oasis de paz y prosperidad, de una mejor formación y una mayor libertad. Lamentablemente, muchos refugiados y desplazados vuelven a encontrar violencias de todo tipo, la explotación, e incluso la cárcel o, en demasiados casos, la muerte. Algunos estados han respondido a esta tragedia con una legislación represiva[137]. La precaria situación de estos pobres debería despertar la compasión y la solidaridad generosa de todos; por el contrario, a menudo suscita temor y ansiedad. Muchos consideran a los emigrantes como una carga, les miran con recelo, viendo en ellos peligro, inseguridad y amenaza. Esta percepción lleva a reacciones de intolerancia, xenofobia y racismo. Mientras tanto, estos inmigrantes se ven obligados por su precaria situación a realizar trabajos mal pagados, y a menudo ilegales, humillantes o denigrantes. Ante esta situación, la conciencia humana no puede dejar de sentirse indignada. La migración, tanto dentro como fuera del continente, se convierte así en un drama multidimensional, que afecta seriamente al capital humano de África, provocando la desestabilización y la destrucción de las familias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;85. La Iglesia recuerda que África fue una tierra de refugio para la Sagrada Familia, cuando huyó del poder político sanguinario de Herodes[138] en busca de una tierra que prometía paz y seguridad. Y la Iglesia seguirá haciendo oír su voz y comprometiéndose en la defensa de todos[139].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;E. Globalización y ayuda internacional&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;86. Los Padres sinodales han expresado su perplejidad y preocupación ante la globalización. Ya he llamado la atención sobre este fenómeno, como un desafío que se ha de afrontar. «La verdad de la globalización como proceso y su criterio ético fundamental vienen dados por la unidad de la familia humana y su crecimiento en el bien. Por tanto, hay que esforzarse incesantemente para favorecer una orientación cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración planetaria»[140]. La Iglesia desea que la globalización de la solidaridad llegue a grabar «en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad»[141], evitando la tentación de un pensamiento único sobre la vida, la cultura, la política o la economía, en beneficio de un constante respeto ético de las diversas realidades humanas, para lograr una solidaridad efectiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;87. Esta globalización de la solidaridad se manifiesta ya en cierta medida en la ayuda internacional. Hoy en día, la noticia de una catástrofe da rápidamente la vuelta al mundo, y suscita con mucha frecuencia un movimiento de compasión y gestos concretos de generosidad. La Iglesia hace un gran servicio de caridad protegiendo las necesidades reales del destinatario. En nombre del derecho de los necesitados y de los sin voz, y en nombre del respeto y la solidaridad que les debe ofrecer, la Iglesia pide que «los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales se esfuercen por una transparencia total»[142].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV. Diálogo y comunión entre los creyentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;88. Como nos muestran muchos movimientos sociales, las relaciones interreligiosas condicionan la paz en África, como en otras partes. Por consiguiente, es importante que la Iglesia promueva el diálogo como una actitud espiritual, con el fin de que los creyentes aprendan a trabajar juntos, como por ejemplo, en las asociaciones orientadas hacia la paz y la justicia, con un espíritu de confianza y apoyo mutuo. Se ha de educar a las familias a escuchar, a la fraternidad y al respeto, sin miedo al otro[143]. Sólo una cosa es necesaria (cf. Lc 10,42) y capaz de satisfacer la sed de eternidad de todo ser humano, así como el deseo de unidad de la humanidad entera: el amor y la contemplación de Aquel ante el cual san Agustín exclamó: «¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad»[144].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A. Diálogo ecuménico y desafío de los nuevos movimientos religiosos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;89. Al invitar a participar en la Asamblea sinodal a nuestros hermanos cristianos ortodoxos, coptos ortodoxos, luteranos, anglicanos y metodistas –y, en particular, a Su Santidad Abuna Paulos, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Tewahedo de Etiopía, una de las más antiguas comunidades cristianas del continente africano–, he querido poner de manifiesto que el camino común hacia la reconciliación pasa ante todo por la comunión de los discípulos de Cristo. Un cristianismo dividido sigue siendo un escándalo, puesto que contradice de facto la voluntad del Divino Maestro (cf. Jn 17,21). El diálogo ecuménico apunta, pues, a orientar nuestro camino común hacia la unidad de los cristianos, siendo asiduos en la escucha de la Palabra de Dios, fieles a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a la oración (cf. Hch 2,42). Exhorto a toda la familia eclesial –las iglesias particulares, los institutos de vida consagrada, asociaciones y movimientos laicales– a proseguir este camino con mayor resolución, en el espíritu y sobre la base de las indicaciones del Directorio ecuménico, y través de las diversas asociaciones ecuménicas existentes. E invito también a formar otras nuevas allí donde puedan ser una ayuda para la misión. Que podamos emprender juntos obras de caridad y proteger el patrimonio religioso, gracias al cual los discípulos de Cristo encuentran la fuerza espiritual que necesitan para la construcción de la familia humana[145].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;90. A lo largo de estas últimas décadas, la Iglesia en África se ha preguntado con insistencia sobre el nacimiento y la expansión de comunidades no católicas, llamadas a veces también autóctonas africanas (Independent African Churches). Con frecuencia se derivan de iglesias y comunidades eclesiales cristianas tradicionales que adoptan aspectos de las culturas tradicionales africanas. Estos grupos han aparecido recientemente en el panorama ecuménico. Los pastores de la Iglesia católica deberán tener en cuenta esta nueva realidad para promover la unidad entre los cristianos en África y, por tanto, encontrar una respuesta adecuada al contexto con vistas a una evangelización más profunda, para hacer llegar de modo eficaz la verdad de Cristo a los africanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;91. En África han surgido también en los últimos decenios muchos movimientos sincretistas y sectas. A veces es difícil discernir si son de inspiración auténticamente cristiana o simplemente fruto del capricho de un líder que pretende poseer dones excepcionales. Su denominación y su vocabulario se prestan fácilmente a la confusión, y pueden inducir a error a los fieles de buena fe. Aprovechando estructuras estatales en elaboración, la erosión de la solidaridad familiar tradicional y una catequesis insuficiente, numerosas sectas explotan la credulidad y ofrecen un respaldo religioso a creencias religiosas multiformes y heterodoxas no cristianas. Destruyen la paz de los cónyuges y sus familias a causa de falsas profecías y visiones. Seducen incluso a los políticos. La teología y la pastoral de la Iglesia debe individuar las causas de este fenómeno, no sólo para frenar la «sangría» de fieles de las parroquias que se van a otros grupos, sino también para constituir la base para una respuesta pastoral apropiada, en vista de la atracción que estos movimientos ejercen sobre ellos. Esto significa, una vez más: evangelizar en profundidad el alma africana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;B. Diálogo interreligioso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Las religiones tradicionales africanas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;92. La Iglesia convive cotidianamente con los seguidores de las religiones tradicionales africanas. Estas religiones, que hacen referencia a los antepasados y a una forma de mediación entre el hombre y la Inmanencia, son el terreno cultural y espiritual del que provienen la mayoría de los cristianos conversos, y con el que mantienen un contacto diario. Conviene elegir entre los convertidos algunos bien informados, con el fin de que puedan ser guías para la Iglesia en el conocimiento cada vez más profundo y preciso de las tradiciones, la cultura y las religiones tradicionales. Será así más fácil conocer los verdaderos puntos de ruptura. Además, se llegará también a la necesaria distinción entre lo cultural y lo cultual, descartando los elementos mágicos, causa de división y ruina en la familia y en la sociedad. En este sentido, el Concilio Vaticano II ha precisado que la Iglesia «exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y la colaboración con los seguidores de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socioculturales que se encuentran en ellos»[146]. Con el fin de que los tesoros de la vida sacramental y de la espiritualidad de la Iglesia se puedan descubrir en toda su profundidad y se transmitan mejor en la catequesis, la Iglesia podría examinar, con un estudio teológico, ciertos elementos de las culturas tradicionales africanas que son conformes con las enseñanzas de Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;93. Puesto que se apoya en las religiones tradicionales, se percibe hoy un cierto recrudecer de la hechicería. Renacen los temores y se crean lazos de sujeción paralizante. Las preocupaciones sobre la salud, el bienestar, los niños, el clima, la protección contra los malos espíritus, llevan en ocasiones a recurrir a prácticas tradicionales de las religiones africanas que están en desacuerdo con la enseñanza cristiana. El problema de la «doble pertenencia» al cristianismo y a estas religiones sigue siendo un desafío. Para la Iglesia en África, es necesario guiar a las personas a descubrir la plenitud de los valores del Evangelio, mediante la catequesis y una profunda inculturación. Conviene determinar cuál es el significado profundo de las prácticas de brujería, identificando las implicaciones teológicas, sociales y pastorales que conlleva este flagelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. El Islam&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;94. Los Padres sinodales han subrayado la complejidad de la realidad musulmana en el continente africano. En algunos países, hay un buen entendimiento entre cristianos y musulmanes; en otros, los cristianos no son más que ciudadanos de segunda clase, y los católicos extranjeros, religiosos o laicos, tiene dificultades para obtener visados y permisos de residencia; hay países donde no se distingue suficientemente entre los elementos religiosos y políticos; y otros, en fin, en los que se produce agresividad. Exhorto a la Iglesia a perseverar en cualquier situación en la estima de los «musulmanes, que adoran un Dios único, vivo y subsistente, misericordioso y omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres»[147]. Si todos nosotros, creyentes en Dios, deseamos servir a la reconciliación, la justicia y la paz, hemos de trabajar juntos para impedir toda forma de discriminación, intolerancia y fundamentalismo confesional. En su obra social, la Iglesia no hace distinción alguna por la religión. Ayuda a los necesitados, sean cristianos, musulmanes o animistas. Da testimonio así del amor de Dios, el Creador de todos, y anima a los seguidores de otras religiones a una actitud respetuosa y a una reciprocidad en la estima. Animo a toda la Iglesia a buscar, mediante un diálogo paciente con los musulmanes, el reconocimiento jurídico y práctico de la libertad religiosa, de modo que todo ciudadano disfrute en África, no sólo del derecho a elegir libremente su religión[148] y a practicar su culto, sino también del derecho a la libertad de conciencia[149]. La libertad religiosa es el camino de la paz[150].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C. Convertirse en «sal de la tierra» y «luz del mundo»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;95. La misión evangelizadora de la Iglesia en África se nutre de varias fuentes, la Escritura, la Tradición y la vida sacramental. Como han subrayado muchos Padres sinodales, el ministerio de la Iglesia se apoya eficazmente en el Catecismo de la Iglesia Católica. Además, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia es una guía para la misión de la Iglesia como «Madre y Educadora» en el mundo y la sociedad y, por eso, un instrumento pastoral de primer orden[151]. Un cristiano que acude a la fuente genuina, Cristo, es transformado por Él en «luz del mundo» (Mt 5,14), y transmite a Aquel que es «la luz del mundo» (Jn8,12). Su conocimiento debe estar animado por la caridad. En efecto, el saber, «si quiere ser sabiduría capaz de orientar al hombre a la luz de los primeros principios y de su fin último, ha de ser “sazonado” con la “sal” de la caridad»[152].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;96. Para llevar a cabo la tarea que estamos llamados a cumplir, hagamos nuestra la exhortación de san Pablo: «Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiadas del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu» (Ef 6,14-18).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SEGUNDA PARTE&lt;br /&gt;ACTUAR BAJO LA ACCIÓN TRANSFORMADORA  DEL ESPÍRITU SANTO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;97. Las orientaciones de la misión que he mencionado sólo se convierten en realidad si la Iglesia actúa, por un lado, bajo la guía del Espíritu Santo y, por otro, como un solo cuerpo, por utilizar la imagen de san Pablo, que presenta estas dos condiciones de forma articulada. En efecto, en un África marcada por los contrastes, la Iglesia debe indicar claramente el camino hacia Cristo. Ha de mostrar cómo se vive, en fidelidad a Jesucristo, la unidad en la diversidad, tal como enseña el Apóstol: «Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común» (1 Co 12,4-7). Al exhortar a todos los miembros de la familia eclesial a ser «la sal de la tierra» y «la luz del mundo» (Mt 5,13.14), deseo insistir en ese «ser» que, por el Espíritu, debería actuar con vistas al bien común. Nunca se puede ser cristiano aisladamente. Los dones que el Señor concede a cada uno –a obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas, catequistas, laicos– han de contribuir a la armonía, la comunión y la paz en la Iglesia misma y en la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;98. Conocemos bien el episodio del paralítico que trajeron a Jesús para que lo sanara (cf. Mc 2,1-12). Este hombre simboliza hoy para nosotros todos nuestros hermanos y hermanas de África y de otras partes, paralizados de diferentes maneras y, por desgracia, sumidos a menudo en una profunda postración. Ante los desafíos que he mencionado muy brevemente siguiendo las comunicaciones de los Padres sinodales, meditemos sobre la actitud de los que llevaban al paralítico. Éste no podía acceder a Jesús si no era con la ayuda de cuatro personas de fe, que desafiaron la barrera física de la multitud haciendo gala de solidaridad y de absoluta confianza en Jesús. Cristo, nos dice el Evangelio, «vio la fe que tenían». A continuación, remueve el obstáculo espiritual diciendo al paralítico: «Tus pecados te son perdonados». Le libera de lo que impide a este hombre levantarse. Este ejemplo nos obliga a crecer en la fe y a dar muestra también nosotros de solidaridad y creatividad para ayudar a quienes llevan pesadas cargas, abriéndolos así a la plenitud de la vida en Cristo (cf. Mt 11,28). Ante los obstáculos físicos y espirituales que se nos presentan, movilicemos las energías espirituales y materiales de todo el cuerpo, de la Iglesia, seguros de que Cristo actuará por el Espíritu Santo en cada uno de sus miembros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO I Los miembros de la Iglesia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;99. Queridos hijos e hijas de la Iglesia, especialmente vosotros, queridos fieles de África, el amor de Dios os ha colmado de toda clase de bendiciones y hecho capaces de actuar como la sal de la tierra. Todos vosotros, como miembros de la Iglesia, debéis ser consciente de que la paz y la justicia son fruto ante todo de la reconciliación del ser humano consigo mismo y con Dios. Que sólo Cristo es el único y verdadero «Príncipe de la Paz». Su nacimiento es prenda de la paz mesiánica, como anunciaron los profetas (cf. Is 9,5-6; 57,19; Mi 5, 4; Ef 2,14-17). Esta paz no viene de los hombres sino de Dios. Es el don mesiánico por excelencia. Esta paz lleva a la justicia del Reino, que se ha de buscar a tiempo y a destiempo en todo lo que se hace (cf. Mt 6,33), de modo que en todas las circunstancias se dé gloria a Dios (cf. Mt 5,16). Ahora bien, sabemos que el justo es fiel a la ley de Dios, pues se ha convertido (cf. Lc 15,7; 18,14). Cristo ha traído esta nueva fidelidad para hacernos «irreprochables e inocentes» (Flp 2,15).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I. Los obispos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;100. Queridos hermanos en el Episcopado, la santidad a la que está llamado el obispo exige el ejercicio de las virtudes –las virtudes teologales en primer lugar– y de los consejos evangélicos[153]. Vuestra santidad personal debe repercutir en beneficio de los que han sido confiados a vuestro cuidado pastoral, y a los que debéis servir. La vida de oración fecundará desde dentro vuestro apostolado. Un obispo debe ser amante de Cristo. Vuestra distinción y autoridad moral que sustentan el ejercicio de vuestra potestad jurídica, sólo pueden venir de vuestra santidad de vida.&lt;br /&gt;101. Como decía san Cipriano a mediados del siglo III en Cartago, «la Iglesia se apoya sobre los obispos, y todos sus actos son gobernados por ellos mismos, que la presiden»[154]. La comunión, la unidad y la cooperación con el presbiterium será el antídoto a los gérmenes de división y que os ayudará a poneros todos juntos a la escucha del Espíritu Santo. Él os guiará por el sendero justo (cf. Sal 22,3). Amad y respetad a vuestros sacerdotes. Son los colaboradores preciosos de vuestro ministerio episcopal. Imitad a Cristo. Él creó a su alrededor un ambiente de amistad, de amor fraterno y de comunión, tomado de las entrañas del misterio trinitario. «Os invito a seguir solícitos para ayudar a vuestros sacerdotes a vivir en íntima unión con Cristo. Su vida espiritual es el fundamento de su vida apostólica. Exhortadles con dulzura a la oración cotidiana y a la celebración digna de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación, como lo hacía san Francisco de Sales con sus sacerdotes [...] Los sacerdotes necesitan vuestro afecto, vuestro aliento y vuestra solicitud»[155].&lt;br /&gt;102. Estad unidos al Sucesor de Pedro, con vuestros sacerdotes y todos vuestros fieles. No gastéis energías humanas y pastorales en la búsqueda vana de responder a cuestiones que no son de vuestra directa competencia, o en derroteros de un nacionalismo que puede ofuscar. Seguir a este ídolo, así como absolutizar la cultura africana, es más fácil que seguir las exigencias de Cristo. Estos ídolos son señuelos. Más aún, son una tentación de creer que el reino de la felicidad eterna en la tierra puede llegar sólo como fruto del esfuerzo humano.&lt;br /&gt;103. Vuestro primer deber es llevar a todos la Buena Nueva de salvación y ofrecer a los fieles una catequesis que contribuya a un conocimiento más profundo de Jesucristo. Poned cuidado en dar a los laicos una verdadera conciencia de su misión en la Iglesia, y animadles a llevarla a cabo con sentido de responsabilidad, teniendo siempre en cuenta el bien común. Los programas de formación permanente de los laicos, especialmente para los líderes políticos y económicos, deberán insistir en la conversión como condición necesaria para transformar el mundo. Conviene comenzar siempre con la oración, siguiendo luego con la catequesis, que llevará a actuaciones concretas. La creación de estructuras vendrá posteriormente, si realmente es necesario, pues éstas nunca podrán reemplazar el poder de la oración.&lt;br /&gt;104. Queridos hermanos en el Episcopado, siguiendo a Cristo, Buen Pastor, sed buenos guías y servidores de la grey que se os ha confiado, ejemplares en vuestra vida y conducta. La buena administración de vuestras diócesis requiere vuestra presencia. Para que vuestro mensaje sea creíble, haced que vuestras diócesis sean modélicas, tanto en el comportamiento de las personas como en la transparencia y buena gestión financiera. No tengáis miedo de recurrir a la experiencia de los auditores contables para dar ejemplo también a los fieles y a la sociedad en su conjunto. Promoved el buen funcionamiento de los organismos de la iglesia diocesana y parroquial, según lo dispuesto por el derecho de la Iglesia. Como responsables de la Iglesia particular, os corresponde ante todo la búsqueda de la unidad, la justicia y la paz.&lt;br /&gt;105. El Sínodo ha recordado que «la Iglesia es una comunión que comporta una solidaridad pastoral orgánica. Los obispos, en comunión con el Obispo de Roma, son los primeros promotores de comunión y colaboración en el apostolado de la Iglesia»[156]. Las Conferencias Episcopales nacionales y regionales tienen el cometido de consolidar esta comunión eclesial y de promover esta solidaridad pastoral.&lt;br /&gt;106. Para que la pastoral social de la Iglesia sea más visible, consistente y eficaz, el Sínodo ha sentido la necesidad de una acción más solidaria en todos los ámbitos. Convendría que las Conferencias Episcopales nacionales y regionales, así como la Asamblea de la Jerarquía Católica de Egipto (ahce), renueven su compromiso de solidaridad colegial[157]. Esto implica en concreto una participación tangible en las actividades de estas estructuras, tanto en lo que respecta al personal como a los recursos financieros. La Iglesia dará así testimonio de esa unidad, por la que Cristo ha suplicado (cf. Jn 17,20-21).&lt;br /&gt;107. También parece conveniente que los Obispos se comprometan ante todo a promover y sostener efectiva y afectivamente el Simposium de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECEAM) como una estructura continental de solidaridad y comunión eclesial[158]. Es oportuno, además, mantener buenas relaciones con la Confederación de las Conferencias de Superiores Mayores de África y Madagascar (CO.SMAM), las asociaciones de universidades católicas y otras estructuras eclesiales continentales.&lt;br /&gt;II. Los sacerdotes&lt;br /&gt;108. Como estrechos e indispensables colaboradores del Obispo, los sacerdotes[159] tienen la responsabilidad de continuar la obra de la evangelización. La Segunda Asamblea del Sínodo para África se celebró durante el año sacerdotal, haciendo un llamamiento especial a la santidad. Queridos sacerdotes, recordad que vuestro testimonio de vida pacífica, por encima de los confines tribales y raciales, puede tocar los corazones[160]. La llamada a la santidad nos invita a ser pastores según el corazón de Dios[161], que apacientan la grey con justicia (cf. Ez 34,16). Ceder a la tentación de convertiros en guías políticos[162] o trabajadores sociales, traicionaría vuestra misión sacerdotal y frustraría a la sociedad, que espera de vosotros palabras y gestos proféticos. Ya lo decía san Cipriano: «Los que honran el sacerdocio divino [...] no deben ejercer su ministerio mas que en el sacrificio y el altar, y no asistir mas que a la oración»[163].&lt;br /&gt;109. Al consagraros sobre todo a los que el Señor os confía para formarlos en las virtudes cristianas y guiarlos hacia la santidad, no sólo los ganaréis para Cristo, sino que los haréis también protagonistas de una sociedad africana renovada. Dada la complejidad de las situaciones que debéis afrontar, os invito a profundizar en la vida de oración y en la formación permanente: que ésta sea tanto espiritual como intelectual. Familiarizaros con las Escrituras, con la Palabra de Dios que meditáis cada día para explicársela a los fieles. Desarrollad también vuestro conocimiento del Catecismo y de los documentos del Magisterio, así como de la Doctrina Social de la Iglesia. De este modo podréis, por vuestra parte, formar a los miembros de la comunidad cristiana de los que sois responsables inmediatos, para que lleguen a ser auténticos discípulos y testigos de Cristo.&lt;br /&gt;110. Vivid con sencillez, humildad y amor filial la obediencia al Obispo de vuestra diócesis. «Por respeto a quien nos amó, se ha de obedecer sin hipocresía alguna; porque no se engaña al obispo visible, sino que se miente al invisible. Pues en este caso no se habla de la carne, sino de Dios que conoce lo invisible»[164]. En el marco de la formación permanente, parece apropiado que se vuelvan a leer y meditar algunos documentos, como el Decreto conciliar sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, Presbyterorum ordinis, la Exhortación apostólica postsinodal, del Papa Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, de 1992, o el Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros, de 1994 o, también, la Instrucción El Presbítero, pastor y guía de la Comunidad parroquial, de 2002.&lt;br /&gt;111. Edificad las comunidades cristianas con el ejemplo, viviendo con verdad y alegría vuestros compromisos sacerdotales: el celibato en castidad y el desapego de los bienes materiales. Vividos con madurez y serenidad, estos signos son particularmente conformes al estilo de vida de Jesús, expresando «la dedicación total y exclusiva a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios»[165]. Dedicaros intensamente a poner en práctica la pastoral diocesana de la reconciliación, la justicia y la paz, especialmente mediante los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, la catequesis, la formación de los laicos y el acompañamiento de los responsables de la sociedad. Todo sacerdote debe sentirse feliz de servir a la Iglesia.&lt;br /&gt;112. Seguir a Cristo en el camino del sacerdocio requiere tomar decisiones. No siempre son fáciles de vivir. Las exigencias del Evangelio, formuladas durante siglos por la enseñanza del Magisterio, son radicales a los ojos del mundo. A veces es difícil seguirlas, pero no imposible. Cristo nos enseña que no podemos servir a dos señores a la vez (cf. Mt 6,24). Él se refiere ciertamente al dinero, ese tesoro temporal que puede ocupar nuestro corazón (cf. Lc 12,34), pero alude también a tantos otros bienes que poseemos: por ejemplo, nuestra vida, nuestra familia, nuestra educación, nuestras relaciones personales. Se trata de bienes preciosos y estupendos que son constitutivos de nuestra persona. Pero Cristo pide a quien llama que se abandone totalmente a la providencia. Le pide una decisión radical (cf. Mt 7,13-14), que a veces nos resulta difícil de comprender y vivir. Pero si Dios es nuestro verdadero tesoro –esa perla fina que se desea adquirir a toda costa, aunque haya que hacer grandes sacrificios (cf. Mt 13,45-46)–, entonces desearemos que nuestro corazón y nuestro cuerpo, nuestro espíritu y nuestra mente, sean sólo para Él. Este acto de fe nos permitirá ver con otros ojos lo que nos parece importante, y vivir respecto a nuestro cuerpo, a nuestras relaciones humanas con la familia o los amigos, a la luz de la llamada de Dios y de sus exigencias al servicio de la Iglesia. Conviene reflexionar profundamente sobre esto. Y esta reflexión comenzará desde el seminario para continuarla a lo largo de toda la vida sacerdotal. Cristo, conociendo las fuerzas debilidades de nuestro corazón, nos dice, como para darnos ánimo: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura» (Mt 6,33).&lt;br /&gt;III. Los misioneros&lt;br /&gt;113. Los misioneros no africanos han de responder generosamente a la llamada del Señor con un ardiente celo apostólico, han venido a compartir la dicha de la Revelación. A su vez, hay misioneros africanos en otros continentes. ¿Cómo no rendirles en este momento un homenaje especial? Los misioneros venidos a África –sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos– han construido iglesias, escuelas y hospitales, y contribuido mucho a que las culturas africanas sean conocidas; pero han edificado sobre todo el cuerpo de Cristo y enriquecido la casa de Dios. Ellos han sabido compartir el sabor de «la sal» de la Palabra y hacer brillar la luz de los sacramentos. Y, por encima de todo, han dado a África lo más precioso que tenían: Cristo. Gracias a ellos, muchas culturas tradicionales fueron liberadas de los miedos ancestrales y los espíritus impuros (cf. Mt 10,1). De la buena semilla que han sembrado (cf. Mt 13,24) han surgido muchos santos africanos, que son aún hoy modelos en los que se han de inspirar mayormente. Es de desear que se renueve y promueva su culto. Su compromiso con la causa del Evangelio ha sido a veces heroico, y a precio incluso de sus vidas. Una vez más se ha verificado la afirmación de Tertuliano, según la cual «la sangre de los mártires es semilla de cristianos»[166]. Doy gracias al Señor por estos santos, signos de la vitalidad de la Iglesia en África.&lt;br /&gt;114. Animo a los pastores de las iglesias particulares a identificar aquellos siervos africanos del Evangelio que pueden ser canonizados según las normas de la Iglesia, no sólo para aumentar el número de los santos africanos, sino también para tener nuevos intercesores en el cielo, con el fin de que acompañen a la Iglesia en su peregrinación terrena e intercedan ante Dios por el continente africano. Encomiendo a Nuestra Señora de África y a los santos de este continente tan amado la Iglesia que peregrina en él.&lt;br /&gt;IV. Los diáconos permanentes&lt;br /&gt;115. Merece subrayarse la grandeza de la llamada recibida por los diáconos permanentes. Fieles a la misión recibida hace siglos, les invito a trabajar con humildad en estrecha colaboración con los obispos[167]. Les pido con afecto que prosigan ofreciendo lo que Cristo nos enseña en el Evangelio: la seriedad en el trabajo bien hecho[168], la fuerza moral en el respeto de los valores, la honestidad, la lealtad a la palabra dada, la alegría de aportar su parte en la edificación de la sociedad y de la Iglesia, la protección de la naturaleza, el sentido del bien común. Queridos diáconos, ayudad a la sociedad africana en todos sus componentes a mejorar la responsabilidad de los hombres como maridos y padres, a respetar a la mujer, que es igual al hombre en dignidad, y a cuidar de los niños abandonados a su propia suerte y sin educación.&lt;br /&gt;116. No dejéis de prestar una atención particular a los enfermos mentales o físicos,[169] a los más débiles y más pobres de vuestras comunidades. Que vuestra caridad sea creativa. En la pastoral parroquial, recordad que una sana espiritualidad permite al Espíritu de Cristo liberar al ser humano para que actúe con eficacia en la sociedad. Los obispos velarán por completar vuestra formación, para que ella contribuya al desempeño de vuestro carisma[170]. Como san Esteban, san Lorenzo y san Vicente, diáconos y mártires, esforzaos en reconocer y encontrar a Cristo en la Eucaristía y en los pobres. Este servicio del altar y de la caridad, os hará amar el encuentro con el Señor, presente en el altar y en los pobres. Entonces estaréis dispuestos a dar la vida por Él hasta la muerte.&lt;br /&gt;V. Las personas consagradas&lt;br /&gt;117. Por los votos de castidad, pobreza y obediencia, la vida de las personas consagradas se ha convertido en un testimonio profético. Pueden ser así ejemplo para la reconciliación, la justicia y la paz, incluso en circunstancias de gran tensión[171]. La vida de comunidad muestra que es posible vivir fraternamente estando unidos, aun cuando sea diferente el origen étnico o racial (cf. Sal 133,1). Ella puede y debe hacer ver y creer que hoy en día, en África, quienes siguen a Cristo Jesús encuentran en Él el secreto de la alegría de vivir juntos, en el amor mutuo y la comunión fraterna, consolidada cada día en la Eucaristía y la Liturgia de las Horas.&lt;br /&gt;118. Queridos consagrados, seguid viviendo vuestro carisma con un celo verdaderamente apostólico en los diversos campos indicados por vuestros fundadores. Así pondréis más cuidado en mantener encendida vuestra lámpara. Vuestros fundadores han querido seguir a Cristo de verdad, respondiendo a su llamada. Las diferentes obras en las que se ha plasmado, son joyas que adornan la Iglesia[172]. Conviene, pues, desarrollarlas siguiendo lo más fielmente posible el carisma de vuestros fundadores, sus ideales y proyectos. Quisiera subrayar aquí la parte importante de personas consagradas en la vida eclesial y misionera. Son una ayuda necesaria y preciosa para la actividad pastoral, pero también una manifestación de la naturaleza íntima de la vocación cristiana[173]. Por eso os invito, queridas personas consagradas, a permanecer en estrecha comunión con la Iglesia particular y su primer responsable, el obispo. Y os invito también a fortalecer vuestra comunión con el Obispo de Roma.&lt;br /&gt;119. África es la cuna de la vida contemplativa cristiana. Siempre presente en el norte de África, y particularmente en Egipto y Etiopía, ha echado raíces en el África subsahariana en el siglo pasado. Que el Señor bendiga a los hombres y mujeres que han decidido seguirlo sin condiciones. Su vida oculta es como la levadura en la masa. Su oración constante sostendrá el esfuerzo apostólico de los obispos, sacerdotes, de otras personas consagrada, de los catequistas y de toda la Iglesia.&lt;br /&gt;120. Las reuniones de las distintas Conferencias Nacionales de Superiores Mayores y las de la CO.SMAM, permiten compartir las reflexiones y las fuerzas, no sólo para asegurar la finalidad de cada uno de los Institutos, preservando siempre su autonomía, su carácter y su espíritu propio, sino también para tratar cuestiones comunes en un clima de hermandad y solidaridad. Conviene cultivar un espíritu eclesial asegurando una sana coordinación y una adecuada cooperación con las Conferencias Episcopales.&lt;br /&gt;VI. Los seminaristas&lt;br /&gt;121. Los Padres sinodales han prestado una atención especial a los seminaristas. Sin descuidar la formación teológica y espiritual, obviamente prioritaria, se ha destacado la importancia del crecimiento psicológico y humano de cada candidato. Los futuros sacerdotes deben desarrollar en ellos una adecuada comprensión de sus propias culturas sin quedar atrapados dentro de sus confines étnicos y culturales[174]. Han de enraizarse igualmente en los valores evangélicos para reforzar su compromiso, en fidelidad y lealtad a Cristo. La fecundidad de su futura misión dependerá mucho de su profunda unión con Cristo, de la calidad de su vida de oración y vida interior, de los valores humanos, morales y espirituales que han asimilado durante su formación. Todo seminarista ha de llegar a ser un hombre de Dios, buscando y viviendo «la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre» (1 Tm 6,11).&lt;br /&gt;122. «Los seminaristas han de aprender la vida comunitaria, de manera que la vida fraterna entre ellos se convierta más tarde en fuente de una auténtica experiencia del sacerdocio como íntima fraternidad sacerdotal»[175]. Los directores y formadores del seminario trabajarán juntos, siguiendo las instrucciones de los obispos, con el fin de asegurar una formación integral de los seminaristas a ellos confiados. En la selección de candidatos, será necesario un discernimiento minucioso y un acompañamiento esmerado, para que los admitidos al sacerdocio sean verdaderos discípulos de Cristo y auténticos servidores de la Iglesia. Se pondrá suma atención en iniciarles a la inmensa riqueza del patrimonio bíblico, teológico, espiritual, moral, litúrgico y jurídico de la Iglesia.&lt;br /&gt;123. Me he dirigido a los seminaristas con una Carta después del año sacerdotal, clausurado en junio de 2010[176]. He insistido allí en la identidad, la espiritualidad y el apostolado del sacerdote. Recomiendo vivamente a todos los seminaristas a leer y meditar este breve documento, que está dirigido a cada uno de ellos personalmente y que los formadores pondrán a su disposición. El seminario es un tiempo de preparación para el sacerdocio, un tiempo de estudio. Un tiempo de discernimiento, formación y maduración humana y espiritual. Que los seminaristas utilicen sensatamente este tiempo que se les ofrece para acumular reservas espirituales y humanas de las que podrán sacar provecho durante su vida sacerdotal.&lt;br /&gt;124. Queridos seminaristas, sed apóstoles entre los jóvenes de vuestra generación, invitándolos a seguir a Cristo en la vida sacerdotal. No tengáis miedo. Hay muchas personas que os acompañan, y os sostienen con la oración (cf. Mt 9,37-38).&lt;br /&gt;VII. Los catequistas&lt;br /&gt;125. Los catequistas son agentes de pastoral valiosos en la misión de evangelizar. Su papel ha sido muy importante en la primera evangelización, el acompañamiento catecumenal, la animación y la ayuda a las comunidades. «Con toda naturalidad, llevaron a cabo una inculturación eficaz, que produjo excelentes frutos (cf. Mc 4,20). Fueron los catequistas quienes consiguieron que la “luz brille ante los hombres” (Mt 5,16), porque, viendo el bien que hacían, poblaciones enteras pudieron dar gloria a nuestro Padre que está en los cielos. Africanos que evangelizaron a africanos»[177]. Este papel importante en el pasado, sigue siendo crucial para el presente y el futuro de la Iglesia. Les doy las gracias por su amor a la Iglesia.&lt;br /&gt;126. Exhorto a los Obispos y sacerdotes a cuidar de la formación humana, intelectual, doctrinal, moral, espiritual y pastoral de los catequistas, prestando mucha atención a sus condiciones de vida para salvaguardar su dignidad. Que no olviden sus legítimas necesidades materiales[178], porque, como el trabajador fiel en la viña del Señor, tienen derecho a una retribución justa (cf. Mt 20, 1-16), en espera de aquella que el Señor les dará de manera equitativa, pues solo Él es justo y conoce su corazón.&lt;br /&gt;127. Queridos catequistas, recordad que, para muchas comunidades, sois el rostro concreto e inmediato del discípulo diligente y el modelo de vida cristiana. Os animo a proclamar, por ejemplo, que la vida familiar merece una gran consideración, que la educación cristiana prepara a los hijos a ser en la sociedad honestos y fiables en sus relaciones con los demás. Acoged a todos sin discriminación: ricos y pobres, indígenas y extranjeros, católicos y no católicos (cf. St 2,1). No hagáis acepción de personas (cf. Hch 10,34, Rm 2,11, Ga 2,6, Ef 6,9). Al asimilar vosotros mismos las Sagradas Escrituras y las enseñanzas del Magisterio, podréis ofrecer una catequesis sólida, animar los grupos de oración y proponer la lectio divina a las comunidades que cuidáis. Vuestra actuación será entonces coherente, constante y fuente de inspiración. Al evocar con reconocimiento el recuerdo glorioso de vuestros predecesores, os saludo y animo a trabajar hoy con la misma abnegación, el mismo ardor apostólico y la misma fe. Si tratáis de ser fieles a vuestra misión, contribuiréis no sólo a vuestra santificación personal, sino también a la construcción eficaz del Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia.&lt;br /&gt;VIII. Los laicos&lt;br /&gt;128. La Iglesia se hace presente y activa en la vida del mundo a través de sus miembros laicos. Ellos tienen un gran papel que desempeñar en la Iglesia y en la sociedad. Para que puedan cumplir bien esta función, conviene que se organicen en las diócesis escuelas o centros de formación bíblica, espiritual, litúrgica y pastoral. Deseo de todo corazón que se dote a los laicos con responsabilidades en el orden político, económico y social, de un conocimiento sólido de la Doctrina Social de la Iglesia, que ofrece principios de acción conformes al Evangelio. En efecto, los fieles laicos son «enviados de Cristo» (2 Co 5,20) en el ámbito público en el corazón del mundo[179]. Su testimonio cristiano sólo será creíble si son profesionales competentes y honestos.&lt;br /&gt;129. Los laicos, hombres y mujeres, están llamados ante todo a la santidad, y a vivir esta santidad en el mundo. Queridos fieles, cultivad con esmero la vida interior y la relación con Dios, de modo que el Espíritu Santo os ilumine en cada circunstancia. Para que la persona humana y el bien común permanezca efectivamente en el centro de la acción humana, política, económica o social, uniros profundamente a Cristo para conocerlo y amarlo, consagrando tiempo a Dios en la oración y recibiendo los sacramentos. Dejaos iluminar e instruir por Él y su Palabra.&lt;br /&gt;130. Quisiera volver sobre la peculiaridad de la vida profesional del cristiano. En pocas palabras, se trata de testimoniar a Cristo en el mundo, mostrando mediante el ejemplo que el trabajo puede ser un lugar de realización personal muy positivo, en vez de ser por encima de todo un medio de lucro. El trabajo le permite participar en la obra de la creación y estar al servicio de sus hermanos y hermanas. Al hacerlo así, será «sal de la tierra» y «luz del mundo», como nos pide el Señor. En su vida diaria, pondrá en práctica la opción preferencial por los pobres, independientemente de su posición en la sociedad, según el espíritu de las Bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12), para ver en ellos el rostro concreto de Jesús, que le llama a servir (cf. Mt 25,31-46).&lt;br /&gt;131. Puede ser útil organizarse en asociaciones para seguir formando vuestra conciencia cristiana y ayudaros mutuamente en la lucha por la justicia y la paz. Las pequeñas Comunidades Eclesiales Vivas (CEV) o las Small Christian Communities (SCC), así como las «nuevas comunidades»[180] son instituciones útiles para mantener la llama viva de vuestro bautismo. Contribuid también con vuestra competencia a la animación de las universidades católicas que no dejan de desarrollarse a partir de las recomendaciones de la Exhortación apostólica Ecclesia in Africa[181]. Asimismo, quisiera animaros a tener una presencia activa y valiente en el mundo de la política, la cultura, las artes, los medios de comunicación y las diversas asociaciones. Que sea una presencia sin complejos ni miedos, sino orgullosa y consciente de la preciosa contribución que puede aportar al bien común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO II Principales campos de apostolado&lt;br /&gt;132. El Señor nos ha confiado una misión particular y nunca nos deja sin los medios necesarios para cumplirla. No sólo ha concedido a cada uno dones personales para la edificación de su Cuerpo, que es la Iglesia, sino que ha confiado también a toda la comunidad eclesial unos dones particulares para que pueda continuar su misión. El don por excelencia es el Espíritu Santo. Gracias a él formamos un solo cuerpo y «sólo con la fuerza del Espíritu Santo podemos percibir lo que es recto y después ponerlo en práctica»[182]. Los medios son necesarios para nuestra acción, pero se vuelven insuficientes si Dios mismo no nos dispone a colaborar en su obra de reconciliación a través de «nuestras capacidades de pensar, hablar, sentir, actuar»[183]. Gracias al Espíritu Santo nos convertimos verdaderamente en «sal de la tierra» y «luz del mundo» (Mt 5,13.14).&lt;br /&gt;I. La Iglesia como presencia de Cristo&lt;br /&gt;133. «La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano»[184]. En cuanto comunidad de discípulos de Cristo, podemos hacer visible y comunicar el amor de Dios. «El amor es una luz –en el fondo la única– que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar»[185]. Esta realidad se manifiesta en la Iglesia universal, diocesana, parroquial, en las CEV/SCC[186], en los movimientos y asociaciones, y hasta en la familia cristiana, «llamada a ser una “iglesia doméstica”, un lugar de fe, de oración y de solicitud amorosa por el bien verdadero y duradero de cada uno de sus miembros»[187], una comunidad donde se viven los gestos de paz.[188] Las CEV/SCC, los movimientos y las asociaciones pueden ser, en el seno de las parroquias, lugares propicios para acoger y vivir el don de la reconciliación ofrecido por Cristo, nuestra paz. Cada miembro de la comunidad debe convertirse en custodio del otro: este es uno de los significados del gesto de la paz en la celebración de la Eucaristía.[189]&lt;br /&gt;II. El mundo de la educación&lt;br /&gt;134. Las escuelas católicas son instrumentos preciosos para aprender a tejer en la sociedad, desde la infancia, lazos de paz y armonía para la educación en los valores africanos asumidos de los del Evangelio. Animo a los Obispos y los Institutos de personas consagradas a trabajar para que los niños en edad escolar puedan asistir a la escuela: es una cuestión de justicia hacia todo niño y, además, el futuro de África depende de ello. Que los cristianos, en particular los jóvenes, se dediquen a las ciencias de la educación con vistas a transmitir un saber imbuido de la verdad, un saber hacer y un saber ser animados por una conciencia cristiana formada a la luz de la doctrina social de la Iglesia. Se debería poner también atención para asegurar una remuneración justa al personal de las instituciones educativas de la Iglesia y al conjunto del personal de las estructuras eclesiales para fortalecer la credibilidad de la Iglesia.&lt;br /&gt;135. En el contexto actual de gran mezcla de poblaciones, culturas y religiones, el papel de las universidades e instituciones académicas católicas es esencial para la búsqueda paciente, rigurosa y humilde de la luz que viene de la Verdad. Solo una verdad que trascienda la medida humana, condicionada por limitaciones, da serenidad a las personas y reconcilia a las sociedades entre sí. En este sentido, es oportuno crear nuevas universidades católicas donde no existan todavía. Queridos hermanos y hermanas comprometidos en las universidades e instituciones académicas católicas, a vosotros os corresponde, por una parte, educar la inteligencia y el espíritu de las jóvenes generaciones a la luz del Evangelio y, por otra, ayudar a las sociedades africanas a comprender mejor los desafíos que hoy afronta África, ofreciendo la luz necesaria mediante vuestras investigaciones y análisis.&lt;br /&gt;136. La misión confiada por la Exhortación apostólica Ecclesia in Africa a las instituciones universitarias católicas conserva todo su valor. Mi beato Predecesor ha escrito: «Las Universidades e Institutos Superiores católicos en África tienen un papel importante en la proclamación de la Palabra salvífica de Dios. Son un signo del crecimiento de la Iglesia cuando incorporan en sus investigaciones las verdades y las experiencias de la fe y ayudan a interiorizarlas. Estos centros de estudio están así al servicio de la Iglesia, ofreciéndole personal bien preparado; estudiando importantes cuestiones teológicas y sociales; desarrollando la teología africana; promoviendo el trabajo de inculturación [...]; publicando libros y difundiendo el pensamiento católico; emprendiendo las investigaciones que les encargan los Obispos y contribuyendo a un estudio científico de las culturas […] Los centros culturales católicos ofrecen a la Iglesia singulares posibilidades de presencia y acción en el campo de los cambios culturales. En efecto, éstos son unos foros públicos que permiten, mediante el diálogo creativo, una amplia difusión de convicciones cristianas sobre el hombre, la mujer, la familia, el trabajo, la economía, la sociedad, la política, la vida internacional y el ambiente. Son así un lugar de escucha, de respeto y tolerancia»[190]. Los Obispos han de velar para que estos centros universitarios conserven su naturaleza católica, asumiendo siempre orientaciones fieles a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.&lt;br /&gt;137. Para contribuir de una manera decidida y cualificada a la sociedad africana, es indispensable ofrecer a los estudiantes una formación en la Doctrina Social de la Iglesia. Esto ayudará así a la Iglesia en África a preparar con serenidad una pastoral que llegue al ser del africano y lo reconcilie consigo mismo en la adhesión a Cristo. Corresponde a los obispos también apoyar una pastoral de la inteligencia y la razón que cree el hábito de un diálogo racional y de un análisis crítico en la sociedad y en la Iglesia. Como dije en Yaundé: «Tal vez este siglo permita, con la gracia de Dios, un renacer en vuestro continente, aunque ciertamente de una forma diversa y nueva, de la prestigiosa Escuela de Alejandría. ¿Por qué no esperar que pueda ofrecer a los africanos de hoy y a la Iglesia universal grandes teólogos y maestros espirituales que contribuyan a la santificación de los habitantes de este continente y de toda la Iglesia?»[191].&lt;br /&gt;138. Conviene que los Obispos apoyen las capellanías en las universidades e instituciones educativas de la Iglesia, y las creen en las estructuras educativas públicas. La capilla será como su corazón. Permitirá a los estudiantes encontrar a Dios y ponerse bajo su mirada. Y dará también la posibilidad al capellán, que será cuidadosamente escogido por sus virtudes sacerdotales, de ejercer su ministerio pastoral de enseñanza y santificación.&lt;br /&gt;III. El mundo de la salud&lt;br /&gt;139. La Iglesia de todas la épocas se ha preocupado por la salud. Sigue el ejemplo de Cristo mismo quien, tras haber proclamado la Palabra y curado a los enfermos, dio a sus discípulos la autoridad para «curar toda enfermedad y toda dolencia» (Mt 10,1; cf. 14,35; Mc 1,32.34; 6,13.55). La Iglesia manifiesta a los que sufren esta misma preocupación por los enfermos a través de sus instituciones sanitarias. Como han señalado los Padres sinodales, la Iglesia está firmemente comprometida en la lucha contra las dolencias, enfermedades y las grandes pandemias[192].&lt;br /&gt;140. Que las instituciones sanitarias de la Iglesia y todas las personas que a diverso título trabajan en ellas, se esfuercen en ver en cada enfermo un miembro sufriente del Cuerpo de Cristo. Son muchas las dificultades que surgen en vuestro camino: el número creciente de enfermos, la falta de medios materiales y financieros, la deserción de organismos que durante mucho tiempo os han ayudado y que os abandonan; todo esto os provoca a veces la impresión de un trabajo sin resultados tangibles. Queridos operadores sanitarios, sed portadores de la compasión de Jesús a quienes sufren. Sed pacientes, sed fuertes y tened ánimo. En lo que respecta a las pandemias, los medios financieros y materiales son indispensables, pero insistid también sin descanso en informar y educar a la población y, sobre todo, a los jóvenes[193].&lt;br /&gt;141. Es preciso que las instituciones sanitarias se regulen según las normas éticas de la Iglesia, asegurando los servicios de acuerdo con su enseñanza y exclusivamente en favor de la vida. Que no se conviertan en una fuente de enriquecimiento para los privados. La gestión de los fondos concedidos ha de ser transparente y servir sobre todo al bien del enfermo. Cada institución sanitaria, en fin, debe contar con una capilla. Su presencia recordará al personal (dirección, gestores, médicos, enfermeras...) y al enfermo que sólo Dios es el Señor de la vida y de la muerte. Conviene asimismo multiplicar, en la medida de lo posible, pequeños dispensarios que aseguren en las cercanías una atención de primeros auxilios.&lt;br /&gt;IV. El mundo de la información y de la comunicación&lt;br /&gt;142. La Exhortación apostólica Ecclesia in Africa consideraba que los medios modernos no son solamente instrumentos de comunicación, sino también un mundo que se ha de evangelizar[194]. Deben ofrecer una comunicación auténtica, que es una prioridad en África, pues son un importante instrumento para la evangelización y el desarrollo del continente[195]. «Los medios pueden ofrecer una valiosa ayuda al aumento de la comunión en la familia humana y al ethos de la sociedad, cuando se convierten en instrumentos que promueven la participación universal en la búsqueda común de lo que es justo»[196].&lt;br /&gt;143. Todos sabemos que las nuevas tecnologías de la información pueden llegar a ser potentes instrumentos de cohesión y de paz o, por el contrario, promotores eficaces de destrucción y división. Pueden ayudar o perjudicar en el plano moral, propagar tanto lo verdadero como lo falso, proponer lo bello o lo indecoroso. La masa de noticias o de anti-noticias, así como del gran volumen de imágenes, pueden ser interesantes, pero pueden llevar también a una fuerte manipulación. La información puede convertirse muy fácilmente en desinformación, y la formación en deformación. Los medios pueden promover una humanización auténtica, pero pueden comportar al mismo tiempo una deshumanización.&lt;br /&gt;144. Los medios evitarán este escollo si «se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y el bien común que refleje sus valores universales. El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural»[197].&lt;br /&gt;145. La Iglesia debe estar más presente en los medios, no solamente para hacer de ellos un instrumento de difusión del Evangelio, sino también una herramienta para formar a los pueblos africanos en la reconciliación en la verdad, en la promoción de la justicia y la paz. Para ello, una sólida formación ética y de respeto a la verdad ayudará a los periodistas a evitar la atracción del sensacionalismo, así como la tentación de la manipulación de la información y del dinero fácil. Que los periodistas cristianos no tengan miedo de manifestar su fe. Que se sientan ufanos de ella. Es bueno también animar la presencia y la actividad de fieles laicos competentes en el mundo de las comunicaciones públicas y privadas. Como la levadura en la masa, seguirán dando testimonio de la aportación positiva y constructiva que la enseñanza de Cristo y de su Iglesia ofrece al mundo.&lt;br /&gt;146. Además, la opción tomada por la Primera Asamblea especial para África de considerar la comunicación como uno de los ejes principales de la evangelización se ha mostrado fructífera para el desarrollo de los medios católicos. Convendrá también, tal vez, coordinar las estructuras existentes, como ya se hace en ciertos lugares. La mejora en este sentido del uso de los medios contribuirá a una mayor promoción de los valores defendidos por el Sínodo: la paz, la justicia y la reconciliación en África[198], y permitirá a este continente participar en el desarrollo actual del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO III «Levántate, toma tu camilla y echa a andar» (Jn 5,8)&lt;br /&gt;I. Jesús en la piscina de Betesda&lt;br /&gt;147. Queridos hermanos en el Episcopado, queridos hijos e hijas de África, después de haber repasado las principales acciones y algunos medios propuestos por la Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos para cumplir la misión de la Iglesia, quisiera volver sobre ciertos puntos ya abordados precedentemente de manera general.&lt;br /&gt;148. El Evangelio de san Juan, nos presenta en el capítulo 5 una escena junto a la piscina de Betesda que impresiona. Bajo los soportales «estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos», que esperaban el movimiento del agua (v. 3), es decir, la ocasión de ser curados. Se encontraba también entre ellos «un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo» (v. 5), pero que no tenía a nadie que le ayudara a meterse en la piscina. Y aquí entra Jesús en su vida. Todo cambia cuando le dice: «levántate, toma tu camilla y echa a andar» (v. 8). «Y al momento, dice el evangelista, el hombre quedó sano» (v. 9). Ya no necesitaba el agua de la piscina.&lt;br /&gt;149. La acogida de Jesús ofrece a África una curación más eficaz y más profunda que cualquier otra. Como el apóstol Pedro declaró en los Hechos de los Apóstoles (3,6), repito que no es oro o plata lo que África necesita en primer lugar; desea ponerse en pie como el hombre de la piscina de Betesda; desea tener confianza en sí misma, en su dignidad de pueblo amado por su Dios. Este encuentro con Jesús, pues, es lo que la Iglesia debe ofrecer a los corazones afligidos y heridos, anhelantes de reconciliación y de paz, sedientos de justicia. Debemos ofrecer y anunciar la Palabra de Cristo que sana, libera y reconcilia.&lt;br /&gt;II. Palabra de Dios y Sacramentos&lt;br /&gt;A. La Sagrada Escritura&lt;br /&gt;150. Según san Jerónimo, «quien no conoce las Escrituras no conoce a Cristo»[199]. La lectura y meditación de la Palabra de Dios no sólo nos proporciona la «excelencia del conocimiento de Cristo» (Flp 3,8), sino que también nos arraiga más profundamente en Cristo y orienta nuestro servicio de reconciliación, justicia y paz. La celebración de la Eucaristía, cuya primera parte es la liturgia de la Palabra, constituye la fuente y la cima. Así, pues, recomiendo que se promueva el apostolado bíblico en toda comunidad cristiana, en la familia y en los movimientos eclesiales.&lt;br /&gt;151. Que todo fiel de Cristo adquiera el hábito de la lectura cotidiana de la Biblia. Una lectura atenta de la reciente Exhortación apostólica Verbum Domini ofrecerá indicaciones pastorales útiles. Se procurará iniciar a los fieles en la venerable y fructífera tradición de la lectio divina. La Palabra de Dios puede ayudar a conocer a Jesucristo y suscitar conversiones que lleven a la reconciliación, ya que ella juzga «los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12). Los Padres sinodales han animado a las comunidades cristianas parroquiales, las CEV/SCC, las familias y las asociaciones y movimientos eclesiales, a tener momentos para compartir la Palabra de Dios[200]. Así se convertirán cada vez más en ámbitos en los que la Palabra de Dios, que edifica la comunidad de los discípulos de Cristo, se lee juntos, se meditada y se celebra. Esta Palabra regenera sin cesar la comunión fraterna (cf. 1 P 1,22-25).&lt;br /&gt;B. La Eucaristía&lt;br /&gt;152. Para edificar una sociedad reconciliada, justa y pacífica, el medio más eficaz es una vida de íntima comunión con Dios y con los demás. En efecto, alrededor de la mesa del Señor se congregan hombres y mujeres de diferente origen, cultura, raza, lengua y etnia. Forman una sola y misma unidad gracias al Cuerpo y a la Sangre de Cristo. A través de Cristo-Eucaristía, se hacen consanguíneos y, por tanto, auténticamente hermanos y hermanas, gracias a la Palabra, al Cuerpo y a la Sangre del mismo Jesucristo. Este vínculo de fraternidad es más fuerte que el de nuestras familias humanas, de nuestras tribus. «Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,29). El ejemplo de Jesús los hace capaces de amarse, de dar la vida unos por otros, pues el amor con el que cada uno es amado se debe comunicar con obras y en verdad[201]. Es indispensable, por tanto, celebrar en comunidad el domingo, Día del Señor, así como también las fiestas de precepto.&lt;br /&gt;153. No es mi intención hacer aquí una exposición teológica sobre la Eucaristía. La he esbozado a grandes líneas en la Exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis. Exhorto aquí a toda la Iglesia en África a cuidar muy particularmente la celebración de la Eucaristía, memorial del Sacrificio de Cristo Jesús, signo de unidad y vínculo de caridad, banquete pascual y prenda de la vida eterna. La Eucaristía se ha de celebrar con dignidad y belleza, siguiendo las normas establecidas. La adoración eucarística, personal y comunitaria, permite profundizar este gran misterio. En este sentido, se podría celebrar un congreso eucarístico continental. Ayudaría a sostener el trabajo de los cristianos en su esfuerzo por testimoniar valores fundamentales de comunión en todas las sociedades africanas[202].&lt;br /&gt;154. Para que se respete el misterio eucarístico, los Padres sinodales recuerdan que las iglesias y capillas son lugares sagrados, que se han de reservar únicamente a las celebraciones litúrgicas, evitando en cuanto sea posible que se conviertan en simples espacios culturales o de socialización. Conviene promover su función primordial de ser lugar privilegiado de encuentro entre Dios y su pueblo, entre Dios y su criatura fiel. Conviene, además, velar para que la arquitectura de estos edificios de culto sea digna del misterio que se celebra en ellos y conforme a la legislación eclesiástica y al estilo local. Estas construcciones deben realizarse bajo la responsabilidad de los obispos, después de haber oído el consejo de personas competentes en liturgia y arquitectura. Que, al franquear el umbral, pueda decirse: «Realmente el Señor está en este lugar […], no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo» (Gn 28,16-17). Y también lograrán su cometido si son una ayuda a la comunidad, regenerada en la Eucaristía y en los demás sacramentos, para prolongar la celebración en la vida social, perpetuando el ejemplo de Cristo mismo (cf. Jn 13,15)[203]. Esta «coherencia eucarística»[204] interpela a toda conciencia cristiana (cf. 1 Co 11,17-34).&lt;br /&gt;C. La reconciliación&lt;br /&gt;155. Para ayudar a las sociedades africanas a sanar las heridas de la división y el odio, los Padres sinodales han invitado a la Iglesia a recordar que ella misma lleva en seno las mismas heridas y amarguras. Por tanto, necesita que el Señor la cure para dar un testimonio creíble de que el Sacramento de la Reconciliación cuida y sana los corazones heridos. Este Sacramento renueva los lazos rotos entre la persona humana y Dios, y restaura los vínculos en la sociedad. Educa así nuestros corazones y espíritus para que aprendamos a vivir «en espíritu de unión, con compasión, amor fraternal, misericordia, espíritu de humildad» (cf. 1 P 3,8).&lt;br /&gt;156. Recuerdo la importancia de la confesión individual, que no puede ser reemplazada por ningún otro acto de reconciliación o alguna otra paraliturgia. Animo, pues, a todos los fieles de la Iglesia, sacerdotes, personas consagradas y laicos, a poner de nuevo el sacramento de la Penitencia en su verdadero lugar, en su doble dimensión personal y comunitaria[205]. Las comunidades que no tienen sacerdote, por las distancias u otras razones, pueden vivir el carácter eclesial de la penitencia y la reconciliación mediante formas no sacramentales. También los cristianos en situación irregular pueden unirse así al camino penitencial de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, la forma no sacramental puede ser considerada como un medio de preparación de los fieles para una recepción fructífera del sacramento[206], pero no puede convertirse en una norma habitual ni mucho menos sustituir al sacramento mismo. Exhorto de todo corazón a los sacerdotes a vivir personalmente este sacramento, y a estar verdaderamente disponibles para su celebración.&lt;br /&gt;157. Para alentar la reconciliación con espíritu comunitario, recomiendo vivamente, como han deseado los Padres sinodales, celebrar todos los años en cada país africano «un día o una semana de reconciliación, particularmente durante el Adviento o la Cuaresma»[207]. La SCEAM podrá contribuir a su realización y, de acuerdo con la Santa Sede, promover un Año de la reconciliación de alcance continental, para pedir a Dios un perdón especial por todos los males y ofensas que los seres humanos se han infligido en África unos a otros, y para que se reconcilien las personas y los grupos que han sido heridos en la Iglesia y en el conjunto de la sociedad[208]. Se trataría de un Año jubilar extraordinario «durante el cual la Iglesia en África y en las islas vecinas den gracias con la Iglesia universal y recen para recibir los dones del Espíritu Santo»[209], especialmente el don de la reconciliación, de la justicia y la paz.&lt;br /&gt;158. Será útil seguir el consejo de los Padres sinodales para estas celebraciones: «Que se guarde y recuerde fielmente la memoria de los grandes testigos que han dado su vida al servicio del Evangelio y del bien común, o por la defensa de la verdad y de los derechos humanos».[210] A este propósito, los santos son las verdaderas estrellas de nuestra vida, los «que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía»[211].&lt;br /&gt;III. La nueva evangelización&lt;br /&gt;159. Antes de concluir este documento, deseo volver de nuevo sobre la tarea de la Iglesia en África, que es la de esforzarse en la evangelización, en la missio ad gentes, así como en la nueva evangelización, para que la fisonomía del continente africano sea modelada cada vez más por la enseñanza siempre actual de Cristo, verdadera «luz del mundo» y auténtica «sal de la tierra».&lt;br /&gt;A. Portadores de Cristo «Luz del mundo»&lt;br /&gt;160. La obra urgente de la evangelización se lleva a cabo de manera diferente según las diversas situaciones de cada país. «En sentido estricto se habla de missio ad gentes dirigida a los que no conocen a Cristo. En sentido amplio se habla de “evangelización” para referirse al aspecto ordinario de la pastoral, y de “nueva evangelización” en relación a los que han abandonado la vida cristiana».[212] Solo la evangelización que está animada por la fuerza del Espíritu Santo se convierte en la «ley nueva del Evangelio» y da frutos espirituales[213]. El corazón de toda actividad evangelizadora es el anuncio de la persona de Jesús, el Verbo de Dios encarnado (cf. Jn 1,14), muerto y resucitado, siempre presente en la comunidad de los fieles, en su Iglesia (cf. Mt 28,20). Se trata de una tarea urgente, no solamente para África, sino para todo el mundo, puesto que la misión que Cristo redentor confió a su Iglesia todavía no se ha cumplido plenamente.&lt;br /&gt;161. El «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1) es el camino seguro para encontrar a la persona del Señor Jesús. Escrutar las Escrituras nos permite descubrir cada vez más el verdadero rostro de Jesús, revelación de Dios Padre (cf. Jn 12,45), y su obra de salvación. «Redescubrir el puesto central de la Palabra divina en la vida cristiana nos hace reencontrar de nuevo así el sentido más profundo de lo que el Papa Juan Pablo II había pedido con vigor: continuar la missio ad gentes y emprender con todas las fuerzas la nueva evangelización»[214].&lt;br /&gt;162. La Iglesia en África, guiada por el Espíritu Santo, debe anunciar –viviéndolo– el misterio de la salvación a los que todavía no lo conocen. El Espíritu Santo, que los cristianos han recibido en el bautismo, es el fuego de amor que impulsa la acción evangelizadora. Los discípulos, después de Pentecostés, «llenos del Espíritu Santo» (Hch 2,4), salieron del Cenáculo, donde se encontraban encerrados por miedo, para proclamar la Buena Nueva de Jesucristo. El acontecimiento de Pentecostés nos permite comprender mejor la misión de los cristianos, «luz del mundo» y «sal de la tierra», en el continente africano. Es propio de la luz difundirse e iluminar a muchos hermanos y hermanas que están todavía en la oscuridad. La missio ad gentes compromete a todos los cristianos de África. Animados por el Espíritu, deben ser portadores de Jesucristo, «luz del mundo», en todo el continente, en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social. Los Padres sinodales han señalado «la urgencia y necesidad de la evangelización, que es la misión y la verdadera identidad de la Iglesia»[215].&lt;br /&gt;B. Testigos de Cristo resucitado&lt;br /&gt;163. El Señor Jesús exhorta también hoy a los cristianos de África a predicar en su nombre «la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos» (Lc 24,47). Para ello, están llamados a ser testigos del Señor resucitado (cf. Lc 24,48). Los Padres sinodales han señalado que la evangelización «consiste esencialmente en dar testimonio de Cristo con el poder del Espíritu, a través de la vida, después por la palabra, en un espíritu de apertura a los demás, de respeto y de diálogo con ellos, ateniéndose a los valores del Evangelio»[216]. Por cuanto respecta a la Iglesia en África, este testimonio debe estar al servicio de la reconciliación, de la justicia y la paz.&lt;br /&gt;164. El anuncio del Evangelio debe reencontrar el ardor de los comienzos de la evangelización del continente africano, atribuido al evangelista Marcos, seguido por una «pléyade innumerable de santos, mártires, confesores y vírgenes»[217]. Hay que acudir con gratitud a la escuela de tantos misioneros que, durante muchos siglos y con entusiasmo, han sacrificado sus vidas para llevar la Buena Nueva a sus hermanos y hermanas africanos. A lo largo de estos últimos años, la Iglesia ha conmemorado en diferentes países el centenario de la evangelización. Ella se ha comprometido a difundir el Evangelio a los que no conocen todavía el nombre de Jesucristo.&lt;br /&gt;165. Con el fin de que este esfuerzo sea cada vez más eficaz, la missio ad gentes debe ir a la par con la nueva evangelización. También en África, hay muchas situaciones que reclaman una nueva presentación del Evangelio, «nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión»[218]. En particular, la nueva evangelización debe integrar la dimensión intelectual de la fe con la experiencia viva del encuentro con Jesucristo, que está presente y activo en la comunidad eclesial, porque el origen del ser cristiano no reside en una decisión ética o una gran idea, sino en el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. La catequesis, pues, debe integrar la parte teórica, constituida por nociones aprendidas de memoria, con la práctica vivida en el ámbito litúrgico, espiritual, eclesial, cultural y caritativo, para que la semilla de la Palabra de Dios, al caer sobre una tierra fértil, eche raíces profundas, crezca y madure.&lt;br /&gt;166. Para que eso suceda, es indispensable emplear los nuevos métodos que hoy están a nuestra disposición. Por cuanto respecta a los medios de comunicación social, de los que ya he hablado, no hay que olvidar lo que ya he subrayado recientemente en la Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini: «Insiste con fuerza santo Tomás de Aquino, mencionando a san Agustín: “También la letra del evangelio mata si falta la gracia interior de la fe que sana”»[219]. Conscientes de esta exigencia, hay que recordar siempre que no hay ningún medio que pueda ni deba sustituir al contacto personal, al anuncio verbal, así como al testimonio de una vida cristiana auténtica. Este contacto personal y este anuncio verbal deben expresar la fe viva que compromete y transforma la existencia, el amor de Dios que alcanza y toca a cada uno tal como es.&lt;br /&gt;C. Misioneros seguidores de Cristo&lt;br /&gt;167. La Iglesia que camina en África está llamada a contribuir a la nueva evangelización también en los países secularizados, de donde provenían antes numerosos misioneros y en los que hoy lamentablemente hay falta de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Entretanto, un gran número de africanos y africanas han acogido la invitación del dueño de la mies (cf. Mt 9,37-38) a trabajar en su viña (cf. Mt 20,1-16). Sin disminuir el impulso misionero ad gentes en los diferentes países, y también en todo el continente, los obispos de África han de acoger con generosidad la invitación de sus hermanos en los países en los que escasean las vocaciones, y ayudar a los fieles que no tienen sacerdotes. Esta colaboración, que debe estar ordenada por acuerdos entre la Iglesia que envía y la que recibe, se convierte en un signo concreto de fecundidad de la missio ad gentes. Bendecida por el Señor, Buen Pastor (cf. Jn 10,11-18), sostiene así de forma preciosa la nueva evangelización en los países de antigua tradición cristiana.&lt;br /&gt;168. El anuncio de la Buena Nueva hizo nacer en la Iglesia nuevas expresiones, apropiadas a las necesidades de los tiempos, de las culturas y de las esperanzas de los hombres. El Espíritu Santo no deja de suscitar también en África hombres y mujeres que, reunidos en diferentes asociaciones, movimientos y comunidades, consagran su vida a la difusión del Evangelio de Jesucristo. Según la exhortación del Apóstol de los gentiles, «no apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías. Examinadlo todo; quedaos con lo bueno. Guardaos de toda clase de mal» (1 Ts 5,19-22), los Pastores deben vigilar para que estas nuevas expresiones de la perenne fecundidad del Evangelio se integren en la acción pastoral de las parroquias y las diócesis.&lt;br /&gt;169. Queridos hermanos y hermanas, a la luz del tema de la Segunda Asamblea especial para África, la nueva evangelización está particularmente relacionada con el servicio de la Iglesia con vistas a la reconciliación, la justicia y la paz. Por consiguiente, es necesario acoger la gracia del Espíritu Santo que nos hace esta invitación: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Por tanto, se invita a todos los cristianos a reconciliarse con Dios. Estaréis entonces en condiciones de convertiros en artífices de la reconciliación en el seno de las comunidades eclesiales y sociales en las que vivís y trabajáis. La nueva evangelización supone la reconciliación de los cristianos con Dios y entre ellos mismos Exige la reconciliación con el prójimo, la superación de todo género de barreras, como las provenientes de la lengua, la cultura o la raza. Todos somos hijos de un mismo Dios y Padre «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos» (Mt 5,45).&lt;br /&gt;170. Dios bendecirá un corazón reconciliado concediéndole su paz. Así pues, el cristiano será artífice de paz (cf. Mt 5,9) en la medida en que, enraizado en la gracia divina, colabore con el Creador en la construcción y la promoción del don de la paz. El fiel reconciliado será también promotor de la justicia en todo lugar, sobre todo en las sociedades africanas divididas, víctimas de la violencia y la guerra, que tienen hambre y sed de la justicia verdadera. El Señor nos invita: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura» (Mt 6,33).&lt;br /&gt;171. La nueva evangelización es una empresa urgente para los cristianos en África, ya que también ellos deben renovar su entusiasmo por pertenecer a la Iglesia. Inspirados por el Espíritu del Señor resucitado, están llamados a vivir, en el ámbito personal, familiar y social, la Buena Nueva y a anunciarla con renovado celo a las personas cercanas y lejanas, empleando para su difusión los nuevos métodos que la providencia divina pone a nuestra disposición. Alabando a Dios Padre por las maravillas que sigue realizando en cada uno de los miembros de su Iglesia, los fieles están invitados a vivificar su vocación cristiana en fidelidad a la Tradición viva de la Iglesia. Abiertos a la inspiración del Espíritu Santo, que sigue suscitando diferentes carismas en la Iglesia, los cristianos deben continuar o emprender con determinación el camino de la santidad para llegar a ser cada día más apóstoles de la reconciliación, la justicia y la paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONCLUSIÓN «Ánimo, levántate, que te llama» (Mc 10,49)&lt;br /&gt;172. Queridos hermanos y hermanas, la última palabra del Sínodo ha sido una llamada de esperanza dirigida a África. Esta llamada será vana si no se radica en el amor trinitario. De Dios, Padre de todos, recibimos la misión de transmitir a África el amor con el que nos ama Cristo, el Hijo primogénito, para que nuestra acción, animada por el Espíritu Santo, sea impregnada por la esperanza y se convierta, a su vez, en fuente de esperanza. Con el fin de facilitar la puesta en práctica de las orientaciones del Sínodo sobre temas tan candentes como la reconciliación, la justicia y la paz, desearía que los «teólogos siguieran estudiando hoy la hondura del misterio trinitario y su significado para el día a día africano»[220]. Puesto que la vocación del hombre es única, no dejemos que decaiga en nosotros el impulso vital de la reconciliación de la humanidad con Dios, gracias al misterio de nuestra salvación en Cristo. La redención es la razón de la fiabilidad y firmeza de nuestra esperanza «gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino»[221].&lt;br /&gt;173. Lo repito: «Levántate, Iglesia en África, familia de Dios, porque te llama el Padre celestial a quien tus antepasados invocaban como Creador antes de conocer su cercanía misericordiosa, que se reveló en su Hijo unigénito, Jesucristo. Emprende el camino de una nueva evangelización con la valentía que procede del Espíritu Santo»[222].&lt;br /&gt;174. El rostro de la evangelización lleva hoy el nombre de reconciliación, «condición indispensable para instaurar en África relaciones de justicia entre los hombres y para construir una paz justa y duradera en el respeto de cada individuo y de cada pueblo; una paz que […] se abre a la aportación de todas las personas de buena voluntad más allá de sus respectivas pertenencias religiosas, étnicas, lingüísticas, culturales y sociales»[223]. Que toda la Iglesia católica acompañe con su afecto a los hermanos y hermanas del continente africano. Que los santos de África los sostengan con su plegaria de intercesión[224].&lt;br /&gt;175. Que «el buen señor de la casa, san José, que personalmente conoce bien lo que significa ponderar, con actitud de solicitud y de esperanza, los caminos futuros de la familia, [y que] nos escuchó con amor y nos acompañó hasta el interior del mismo Sínodo»[225], proteja y acompañe a la Iglesia en su misión al servicio de África, tierra en la que encontró para la Sagrada Familia refugio y protección (cf. Mt 2,13-15). Que la Santísima Virgen María, Madre del Verbo de Dios y Nuestra Señora de África, siga acompañando a toda la Iglesia con su intercesión y su invitación a hacer todo lo que su Hijo nos diga (cf. Jn 2,5). Que la oración de María, Reina de la Paz, cuyo corazón atiende siempre a la voluntad de Dios, sostenga todo esfuerzo de conversión, que consolide cada iniciativa de reconciliación, y haga eficaces todos los esfuerzos en favor de la paz, en un mundo que tiene hambre y sed de justicia (cf. Mt 5,6).[226]&lt;br /&gt;176. Queridos hermanos y hermanas, a través de la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos, el Señor bueno y misericordioso os recuerda encarecidamente que «vosotros sois la sal de la tierra… la luz del mundo» (Mt 5,13.14). Que estas palabras rememoren la dignidad de vuestra vocación de hijos de Dios, miembros de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Esta vocación consiste en difundir, en un mundo a veces oscurecido, la claridad del Evangelio, el esplendor de Jesucristo, luz verdadera que «ilumina a todo hombre» (Jn1,9). Los cristianos, además, han de ofrecer a los hombres el gusto por Dios Padre, el gozo de su presencia creadora en el mundo. Están llamados también a colaborar con la gracia del Espíritu Santo, para que el milagro de Pentecostés prosiga en el continente africano, y todo hijo de la Iglesia sea cada vez más apóstol de la reconciliación, la justicia y la paz.&lt;br /&gt;177. Que la Iglesia católica en África sea siempre uno de los pulmones espirituales de la humanidad y se convierta cada día más en una bendición para el noble continente africano y para todo el mundo.&lt;br /&gt;Ouidah, Benín, 19 de noviembre de 2011, séptimo año de mi Pontificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BENEDICTUS PP. XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 1: AAS 88 (1996), 5.&lt;br /&gt;[2] Cf. Primera Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos, Mensaje final (6 mayo 1994), 24-25; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 63: AAS 88(1996), 39-40.&lt;br /&gt;[3] Cf. Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos, Propositio 1.&lt;br /&gt;[4] Cf. Propositio 2.&lt;br /&gt;[5] Discurso a los miembros del Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos (Yaundé, 19 marzo 2009): AAS 101 (2009), 310.&lt;br /&gt;[6] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 63: AAS 88 (1996), 39-40.&lt;br /&gt;[7] Cf. n. 92: AAS 88 (1996), 57-58; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 11; Id., Decr. Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 11; Juan Pablo II, Exhort. ap. Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 21: AAS 74 (1982), 104-106.&lt;br /&gt;[8] Cf. n. 63: AAS 88 (1996), 57-58.&lt;br /&gt;[9] Quis dives salvetur29: PG 9, 633.&lt;br /&gt;[10] Discurso a la Curia Romana (21 diciembre 2009): AAS 102 (2010), 35.&lt;br /&gt;[11] N. 79: AAS 88 (1996), 51.&lt;br /&gt;[12] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 1: AAS 101 (2009) 641.&lt;br /&gt;[13] Homilía en la apertura de la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos (4 octubre 2009): AAS 101 (2009), 907.&lt;br /&gt;[14] Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 3: AAS 93 (2001), 267.&lt;br /&gt;[15] Ibíd., 29: AAS 93 (2001), 286.&lt;br /&gt;[16] Adversus haereses, IV, 20, 7: PG 7, 1037.&lt;br /&gt;[17] Propositio 34.&lt;br /&gt;[18] Homilía en la clausura de la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos (25 octubre 2009): AAS 101 (2009), 918.&lt;br /&gt;[19] Propositio 46.&lt;br /&gt;[20] XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Mensaje final (24 octubre 2008), 10.&lt;br /&gt;[21] Discurso a la Curia Romana (21 diciembre 2009): AAS 102 (2010), 35.&lt;br /&gt;[22] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 5-9: AAS 101 (2009), 643-647.&lt;br /&gt;[23] Discurso a la Curia Romana (21 diciembre 2009): AAS 102 (2010), 35.&lt;br /&gt;[24] Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la Paz 2008: AAS 100 (2008), 38-45.&lt;br /&gt;[25] Discurso a la Curia Romana (21 diciembre 2009): AAS 102 (2010), 37.&lt;br /&gt;[26] Cf. Propositio 5.&lt;br /&gt;[27] Relatio ante disceptationem, II, a.&lt;br /&gt;[28] Ibíd.&lt;br /&gt;[29] Discurso a la Curia Romana (21 diciembre 2009): AAS 102 (2010), 35.&lt;br /&gt;[30] Cf. Homilía en la clausura de la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos (25 octubre 2009): AAS 101 (2009), 916.&lt;br /&gt;[31] Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la Paz 1997, 1: AAS 89 (1997), 1.&lt;br /&gt;[32] Propositio 5.&lt;br /&gt;[33] Cf. Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28: AAS 98 (2006), 238-240.&lt;br /&gt;[34] Cf. Propositio 14.&lt;br /&gt;[35] Cf. Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 9: AAS 101 (2009), 646-647.&lt;br /&gt;[36] Cf. Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28-29: AAS 98 (2006), 238-240; Comisión teológica internacional, Algunas cuestiones sobre la teología de la Redención (29 noviembre 1994), 14-20.&lt;br /&gt;[37] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 40; Consejo Pontifico Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 49-51.&lt;br /&gt;[38] Cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 58, a. 1.&lt;br /&gt;[39] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 35: AAS 83 (1991), 837.&lt;br /&gt;[40] Catecismo de la Iglesia Católica, 1894.&lt;br /&gt;[41] Lineamenta, 44.&lt;br /&gt;[42] San Agustín, De civitate Dei, XIX, 21, 1: PL 41, 649.&lt;br /&gt;[43] Cf. Mensaje para la Cuaresma 2010 (30 octubre 2009): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (7 febrero 2010), 11.&lt;br /&gt;[44] Cf. ibíd.&lt;br /&gt;[45] Cf. Propositio 17.&lt;br /&gt;[46] Cf. Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009), 644.&lt;br /&gt;[47] Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28: AAS 98 (2006), 240.&lt;br /&gt;[48] Cf. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 53. 80: AAS 68 (1976), 41-42. 73-74; Juan Pablo II, Carta enc. Redemptoris missio (7 diciembre 1990), 46: AAS 83 (1991), 293.&lt;br /&gt;[49] Cf. Mensaje final, 36.&lt;br /&gt;[50] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 1.&lt;br /&gt;[51] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la Evangelización (3 diciembre 2007), 9: AAS 100 (2008), 497-498.&lt;br /&gt;[52] Lineamenta, 48.&lt;br /&gt;[53] Propositio 43.&lt;br /&gt;[54] Ibíd.&lt;br /&gt;[55] Cf. Discurso al Consejo Pontificio para los Laicos (21 mayo 2010): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (30 mayo 2010), 3.&lt;br /&gt;[56] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes divinitus, sobre la actividad misionera en la Iglesia, 15.&lt;br /&gt;[57] Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 22: AAS 68 (1976), 20.&lt;br /&gt;[58] Cf. Propositio 9.&lt;br /&gt;[59] Cf. Propositio 8.&lt;br /&gt;[60] Cf. nn. 28-34: AAS 77 (1985), 250-273. Esta enseñanza ha sido confirmada por la Carta apostólica en forma de Motu proprio Misericordia Dei (2 mayo 2002): AAS 94 (2002), 452-459.&lt;br /&gt;[61] Cf. Propositio 7.&lt;br /&gt;[62] Cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 43: AAS 93 (2001), 297.&lt;br /&gt;[63] Ibíd.&lt;br /&gt;[64] Ibíd.&lt;br /&gt;[65] Cf. Propositio 9.&lt;br /&gt;[66] Cf. Propositio 33.&lt;br /&gt;[67] Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización (3 diciembre 2007), 6: AAS (2008), 494.&lt;br /&gt;[68] Cf. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 19-20: AAS 68 (1976), 18-19.&lt;br /&gt;[69] Cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 40: AAS 93 (2001), 295.&lt;br /&gt;[70] Cf. Propositio 32.&lt;br /&gt;[71] Meditación al inicio de la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos (5 octubre 2009): AAS 101 (2009), 924.&lt;br /&gt;[72] N. 55: AAS 102 (2010), 734-735.&lt;br /&gt;[73] Cf. Propositio 45.&lt;br /&gt;[74] Discurso a los miembros del Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos (Yaundé, 19 marzo 2009): AAS 101 (2009), 313.&lt;br /&gt;[75] Cf. Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis (22 febrero 2007), 51: AAS 99 (2007), 144.&lt;br /&gt;[76] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo (31 mayo 2004), 13: AAS 96 (2004), 682.&lt;br /&gt;[77] Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la Paz 2008, 3: AAS 100 (2008), 38-39.&lt;br /&gt;[78] Cf. Propositio 38.&lt;br /&gt;[79] Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis (22 febrero 2007), 79: AAS 99 (2007), 165-166.&lt;br /&gt;[80] Cf. ibíd., 73.&lt;br /&gt;[81] Cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 38-39: AAS 93 (2001) 293-294.&lt;br /&gt;[82] Id., Exhort. ap. Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 39: AAS 74 (1982), 130-131; cf. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 71: AAS 68 (1976), 60-61.&lt;br /&gt;[83] Juan Pablo II, Homilía en el Jubileo para la tercera edad (17 septiembre 2000), 5: AAS 92 (2000), 876; cf. Id., Carta a los ancianos (1 octubre 1999): AAS 92 (2000), 186-204.&lt;br /&gt;[84] Cf. Mensaje final, 26.&lt;br /&gt;[85] Epistula1, 11: PL 65, 306C.&lt;br /&gt;[86] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 25.43: AAS 74 (1982), 110-111. 134-135.&lt;br /&gt;[87] Cf. Propositio 45.&lt;br /&gt;[88] Cf. Mensaje final, 26.&lt;br /&gt;[89] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 67.&lt;br /&gt;[90] Orígenes, De principiis, IV, 4, 10: SC 268 (1980), 427.&lt;br /&gt;[91] Juan Pablo II, Carta ap. Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), 29: AAS 80 (1988), 1722; cf. Benedicto XVI, Encuentro con los movimientos católicos para la promoción de la mujer (Luanda, 22 marzo 2009): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (3 abril 2009), 16.&lt;br /&gt;[92] Encuentro con los movimientos católicos para la promoción de la mujer (Luanda, 22 marzo 2009): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (3 abril 2009), 16.&lt;br /&gt;[93] Cf. Propositio 47.&lt;br /&gt;[94] Encuentro con los movimientos católicos para la promoción de la mujer (Luanda, 22 marzo 2009): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (3 abril 2009), 16.&lt;br /&gt;[95] Segunda Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Doc. Justitia in mundo (30 noviembre 1971), 45: AAS 63 (1971), 933; cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 121: AAS 88 (1996), 71-72.&lt;br /&gt;[96] Mensaje final, 25.&lt;br /&gt;[97] Mensaje para la Jornada mundial de la Paz 2010, 11: AAS 102 (2010), 49; cf. Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 51: AAS 101 (2009), 687.&lt;br /&gt;[98] Cf.Juan Pablo II, Carta ap. Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), 31: AAS 80 (1988), 1727-1729; Id. Carta a las mujeres (29 junio 1995), 12: AAS 87 (1995), 812.&lt;br /&gt;[99] Cf. Mensaje final, 27-28.&lt;br /&gt;[100] Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 9: AAS 93 (2001), 271-272.[101] N. 104: AAS (2010), 772.&lt;br /&gt;[102] Regla, III, 3; cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 45: AAS 93 (2001), 298-299.&lt;br /&gt;[103] Cf. Propositio 48.&lt;br /&gt;[104] Cf. Mensaje para la XXVJornada mundial de la Juventud (22 febrero 2010), 7: AAS 102 (2010), 253-254; Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 210), 104: AAS 102 (2010), 772-773.&lt;br /&gt;[105] AAS 97 (2005), 712.&lt;br /&gt;[106] Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae (25 marzo 1995), 57: AAS 87 (1995), 466.&lt;br /&gt;[107] Los Padres sinodales se han referido a diversas situaciones, como, por ejemplo, a los niños sacrificados antes de nacer, los no deseados, los huérfanos, los albinos, los niños de la calle, los abandonados, los niños soldados, los niños prisioneros, los forzados a trabajar, los maltratados a causa de una discapacidad física o mental, los considerados como brujos, los llamados niños serpiente, los vendidos como esclavos del sexo, los traumatizados, los que no tienen perspectivas de provenir...: cf. Propositio 49.&lt;br /&gt;[108] Cf.Juan Pablo II, Carta a los niños (13 diciembre 1994): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (16 diciembre 1994), 6.&lt;br /&gt;[109] Cf. Mensaje final, 30.&lt;br /&gt;[110] Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14: AAS 59 (1967), 264; cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 18: AAS 101 (2009), 653-654.&lt;br /&gt;[111] Cf. Propositio 20.&lt;br /&gt;[112] Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae (25 marzo 1995), 82: AAS 87 (1995), 495.&lt;br /&gt;[113] Cf. Propositio 53.&lt;br /&gt;[114] Cf. Propositio 52.&lt;br /&gt;[115] Cf. Propositio 51.&lt;br /&gt;[116] Cf. Mensaje final, 31.&lt;br /&gt;[117] Cf. Propositio 19.&lt;br /&gt;[118] Cf. Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 21: AAS 101 (2009), 655-656.&lt;br /&gt;[119] Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa, 13.&lt;br /&gt;[120] Cf. Propositiones 17. 29.&lt;br /&gt;[121] Cf. Mensaje final, 32.&lt;br /&gt;[122] Cf. Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 42: AAS 101 (2009), 677-678; Propositio 15.&lt;br /&gt;[123] Segunda Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Doc. Justitia in mundo (30 noviembre 1971), Prop., 8a: AAS 63 (1971), 941.&lt;br /&gt;[124] Ibíd. Prop., 8b. 8c: AAS 63 (1971), 941.&lt;br /&gt;[125] Cf. Propositio 22.&lt;br /&gt;[126] Cf. Propositio 30.&lt;br /&gt;[127] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (24 noviembre 2002): AAS 96 (2004), 359-370.&lt;br /&gt;[128] Catecismo de la Iglesia Católica, 2419.&lt;br /&gt;[129] Cf. Propositio 24; Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 58, 60. 67: AAS 101 (2009), 693-694, 695, 700-701; Catecismo de la Iglesia Católica, 1883. 1885.&lt;br /&gt;[130] Cf. Propositio 25.&lt;br /&gt;[131] Cf. Propositio 26.&lt;br /&gt;[132] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 43: AAS 101 (2009), 679.&lt;br /&gt;[133] Cf. Propositio 54.&lt;br /&gt;[134] Ibíd.&lt;br /&gt;[135] Cf. Propositio 55.&lt;br /&gt;[136] Cf. Propositio 54.&lt;br /&gt;[137] Cf. Propositio 28.&lt;br /&gt;[138] Cf. Discurso a los miembros del Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos (Yaundé, 19 marzo 2009): AAS 101 (2009), 310.&lt;br /&gt;[139] Cf. Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 62: AAS 101 (2009), 696-697&lt;br /&gt;[140] Ibíd., 42: AAS 101 (2009), 677.&lt;br /&gt;[141] Ibíd., 36: AAS 101 (2009), 672.&lt;br /&gt;[142] Ibíd., 47: AAS 101 (2009), 684; cf, propositio 31.&lt;br /&gt;[143] Cf. Propositiones 10. 11. 12. 13.&lt;br /&gt;[144] Confesiones, VII, 10, 16: PL 32, 742.&lt;br /&gt;[145] Cf. Propositio 10.&lt;br /&gt;[146] Decl. Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 2; cf. Propositio 13.&lt;br /&gt;[147] Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 3.&lt;br /&gt;[148] Cf. Mensaje final, 41.&lt;br /&gt;[149] Cf. Propositio 12.&lt;br /&gt;[150] Cf. Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la Paz 2011: AAS 103 (2011), 46-58.&lt;br /&gt;[151] Cf. Propositio 18.&lt;br /&gt;[152] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 30: AAS 101 (2009), 665.&lt;br /&gt;[153] Cf. Congregación para los Obispos, Directorio para el Ministerio pastoral de los Obispos (22 febrero 2004), 33-48.&lt;br /&gt;[154] Epistula 33, 1: PL 4, 297.&lt;br /&gt;[155] Discurso a los Obispos de Francia (Lourdes, 14 septiembre 2008): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (26 septiembre 2008), 7.&lt;br /&gt;[156] Propositio 3.&lt;br /&gt;[157] Cf. Propositio 4.&lt;br /&gt;[158] Cf. ibíd.&lt;br /&gt;[159] Cf. Propositio 39.&lt;br /&gt;[160] Cf. Mensaje final, 20.&lt;br /&gt;[161] Cf. Propositio 39.&lt;br /&gt;[162] Cf. Discurso a la Curia Romana (21 diciembre 2009): AAS 102 (2010), 35.&lt;br /&gt;[163] Epistula 66, 1: PL 4, 398.&lt;br /&gt;[164] San Ignacio de Antioquía, Ad Magnesios, 3, 2: ed. F. X. Funk, 233.&lt;br /&gt;[165] Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis (22 febrero 2007), 24: AAS 99 (2007), 125.&lt;br /&gt;[166] Cf. Apologeticum, 50, 13: PL 1, 603.&lt;br /&gt;[167] Cf. Congregación para la Educación Católica, Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes (22 febrero 1998), 8; Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes (22 febrero 1998), 6. 8. 48.&lt;br /&gt;[168] Cf. Lineamenta, 89.&lt;br /&gt;[169] Cf. Propositio 50.&lt;br /&gt;[170] Cf. Propositio 41.&lt;br /&gt;[171] Cf. Propositio 42.&lt;br /&gt;[172] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 46.&lt;br /&gt;[173] Cf. Id, Decr. Ad gentes divinitus, sobre la actividad misionera en la Iglesia, 18.&lt;br /&gt;[174] Cf. Propositio 40.&lt;br /&gt;[175] Ibíd.&lt;br /&gt;[176] Cf. Carta a los seminaristas (18 octubre 2010): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (26 septiembre 2008), 3-4.&lt;br /&gt;[177] Discurso a los miembros del Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos (Yaundé, 19 marzo 2009): AAS 101 (2009), 311-312.&lt;br /&gt;[178] Cf. Propositio 44; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 91: AAS 88 (1996), 57.&lt;br /&gt;[179] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 15.17: AAS 81 (1989), 413-416. 418-421.&lt;br /&gt;[180] Propositio 37.&lt;br /&gt;[181] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 103: AAS 88 (1996), 62-63.&lt;br /&gt;[182] Meditación al inicio de la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos (5 octubre 2009): AAS 101 (2009), 920.&lt;br /&gt;[183] Ibíd.&lt;br /&gt;[184] Conc. Ecum. Vat.II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 1.&lt;br /&gt;[185] Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 39: AAS 98 (2006), 250.&lt;br /&gt;[186] Cf. Propositio 35.&lt;br /&gt;[187] Homilía en Nazaret (14 mayo 2009): AAS 101 (2009), 480.&lt;br /&gt;[188] Cf. Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis (22 febrero 2007), 49: AAS 99 (2007), 143.&lt;br /&gt;[189] Cf. Propositio 36.&lt;br /&gt;[190] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 103: AAS 88 (1996), 62-63.&lt;br /&gt;[191] Discurso a los miembros del Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos(Yaundé, 19 marzo 2009): AAS 101 (2009), 312.&lt;br /&gt;[192] Cf. Mensaje final, 31.&lt;br /&gt;[193] Cf. ibíd.&lt;br /&gt;[194] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 124: AAS 88 (1996), 72-73.&lt;br /&gt;[195] Cf. Propositio 56.&lt;br /&gt;[196] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 73: AAS 101 (2009), 705.&lt;br /&gt;[197] Ibíd., 73: AAS 101 (2009), 704-705.&lt;br /&gt;[198] Cf. Propositio 56.&lt;br /&gt;[199] Commentariorum in Isaiam prophetam, Prologus: PL 24, 17.&lt;br /&gt;[200] Cf. Propositio 46.&lt;br /&gt;[201] Cf. Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis (22 febrero 2007), 82: AAS 99 (2007), 168-169; Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 14: AAS 98 (2006), 228-229.&lt;br /&gt;[202] Cf. Propositio 8.&lt;br /&gt;[203] Cf. Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis (22 febrero 2007), 51: AAS 99 (2007), 144.&lt;br /&gt;[204] Ibíd., 83: AAS 99 (2007), 169.&lt;br /&gt;[205] Cf. Propositio 5.&lt;br /&gt;[206] Cf. Propositio 6; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Reconciliatio et Poenitentia (2 diciembre 1984), 23: AAS 77 (1985), 233-235.&lt;br /&gt;[207] Propositio 8.&lt;br /&gt;[208] Cf. ibíd.&lt;br /&gt;[209] Ibíd.&lt;br /&gt;[210] Propositio 9.&lt;br /&gt;[211] Carta enc. Spe salvi (30 noviembre 2007), 49: AAS 99 (2007), 1025.&lt;br /&gt;[212] Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización (3 diciembre 2007), 12: AAS 100 (2008), 501.&lt;br /&gt;[213] Cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q. 106, a. 1.&lt;br /&gt;[214] Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 210), 122: AAS 102 (2010), 785.&lt;br /&gt;[215] Propositio 34.&lt;br /&gt;[216] Ibíd.; cf. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 21: AAS 68 (1976), 19-20.&lt;br /&gt;[217] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 31: AAS 88 (1996), 21.&lt;br /&gt;[218] Id., Discurso a los Obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (Puerto Príncipe, 9 marzo 1983): AAS 75 (1983), 778.&lt;br /&gt;[219] N. 29: AAS 102 (2010), 708.&lt;br /&gt;[220] Discurso a los miembros del Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos(Yaundé, 19 marzo 2009): AAS 101 (2009), 312.&lt;br /&gt;[221] Carta enc. Spe salvi, 1: AAS 99 (2007), 985.&lt;br /&gt;[222] Homilía en la misa de clausura de la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos (25 octubre 2009): AAS 101 (2009), 918.&lt;br /&gt;[223] Ibíd.&lt;br /&gt;[224] Cf. ibíd.&lt;br /&gt;[225] Discurso a la Curia Romana (21 diciembre 2009): AAS 102 (2010), 34.&lt;br /&gt;[226] Cf. Propositio 57.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ÍNDICE&lt;br /&gt;Introducción [1-13]&lt;br /&gt;PRIMERA PARTE «AHORA HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS» (Ap 21,5) [14]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO I Al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz&lt;br /&gt;I. Servidores auténticos de la Palabra de Dios [15-16]  II. Cristo en el corazón de la realidad africana: fuente de reconciliación, justicia y paz [17-18]&lt;br /&gt;A. «Dejaos reconciliar con Dios» (2 Co 5,20b) [19-21] B. Ser justos y construir un orden social justo [22-23]&lt;br /&gt;1. Vivir de la justicia de Cristo [24-25]  2. Un orden justo en la lógica de las Bienaventuranzas [26-27]&lt;br /&gt;C. El amor en la verdad: fuente de paz [28]&lt;br /&gt;1. Servicio fraterno concreto [29] 2. La Iglesia como centinela [30]&lt;br /&gt;CAPÍTULO II Los campos para la reconciliación, la justicia y la paz [31]&lt;br /&gt;I. Atención a la persona humana&lt;br /&gt;A. La metanoia: una auténtica conversión [32] B. Vivir la verdad del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación[33] 35 C. Espiritualidad de comunión [34-35] D. Inculturación del Evangelio y evangelización de la cultura [36-38] E. El don de Cristo: la Eucaristía y la Palabra de Dios [39-41]&lt;br /&gt;II. La convivencia&lt;br /&gt;A. La familia [42-46] B. Los ancianos [47-50]  C. Los hombres [51-54]  D. Las mujeres [55-59] E. Los jóvenes [60-64] F. Los niños [65-68]&lt;br /&gt;III. La visión africana de la vida [69]&lt;br /&gt;A. La protección de la vida [70-78] B. Respeto por la creación y el ecosistema [79-80] C. La buena gobernanza de los Estados[81-83] D. Migrantes, desplazados y refugiados [84-85] E Globalización y ayuda internacional [86-87]&lt;br /&gt;IV. Diálogo y comunión entre los creyentes [88]&lt;br /&gt;A. Diálogo ecuménico y desafío de los nuevos movimientos religiosos [89-91] B. Diálogo interreligioso [92-94]&lt;br /&gt;1. Las religiones tradicionales africanas [92-93] 2. El Islam [94]&lt;br /&gt;C. Convertirse en «sal de la tierra» y «luz del mundo» [95-96]&lt;br /&gt;SEGUNDA PARTE&lt;br /&gt;ACTUAR BAJO LA ACCIÓN TRANSFORMADORA  DEL ESPÍRITU SANTO [97-98]&lt;br /&gt;CAPÍTULO I Los miembros de la Iglesia [99]&lt;br /&gt;I. Los obispos [100-107] II. Los sacerdotes [108-112] III. Los misioneros [113-114] IV. Los diáconos permanentes [115-116] V. Las personas consagradas [117-120] VI. Los seminaristas [121-124] VII. Los catequistas [125-127] VIII. Los laicos [128-131]&lt;br /&gt;CAPÍTULO II Principales campos de apostolado [132]&lt;br /&gt;I. La Iglesia como presencia de Cristo [133] II. El mundo de la educación [134-138] III. El mundo de la salud [139-141] IV. El mundo de la información y de la comunicación [142-146]&lt;br /&gt;CAPÍTULO III «Levántate, toma tu camilla y echa a andar» (Jn 5,8)&lt;br /&gt;I. Jesús en la piscina de Betesda [147-149] II. Palabra de Dios y Sacramentos&lt;br /&gt;A. La Sagrada Escritura [150-151] B. La Eucaristía [152-154] C. La reconciliación [155-158]&lt;br /&gt;III. La Nueva Evangelización [159]&lt;br /&gt;A. Portadores de Cristo «Luz del mundo» [160-162] B. Testigos de Cristo resucitado [163-166] C. Misioneros seguidores de Cristo [167-171]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONCLUSIÓN «Ánimo, levántate, que te llama» (Mc 10, 49) [172-177]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-4116312322214600096?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/4116312322214600096/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=4116312322214600096' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4116312322214600096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4116312322214600096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/11/africa-su-servicio-benedicto-xvi-xi2011.html' title='ÁFRICA. A su servicio (Benedicto XVI,, XI.2011)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-9111449106840192946</id><published>2011-10-26T00:54:00.000-07:00</published><updated>2011-10-26T00:57:03.110-07:00</updated><title type='text'>Carta apostólica ‘Porta fidei’ del papa Benedicto XVI</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;lunes, 17 de octubre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carta apostólica en forma de Motu proprio ‘Porta fidei’ del Sumo Pontífice Benedicto XVI&lt;br /&gt;con la que se convoca el Año de la fe&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad–Padre, Hijo y Espíritu Santo –equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud».1 Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado.2 Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna» (Jn 6, 27). La pregunta planteada por los que lo escuchaban es también hoy la misma para nosotros: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jesús:«La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. A la luz de todo esto, he decidido convocar un Año de la fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012, se celebrarán también los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II,3 con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis,4 realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia católica. Y precisamente he convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre de 2012, sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Será una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe. No es la primera vez que la Iglesia está llamada a celebrar un Año de la fe. Mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, proclamó uno parecido en 1967, para conmemorar el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en el décimo noveno centenario de su supremo testimonio. Lo concibió como un momento solemne para que en toda la Iglesia se diese «una auténtica y sincera profesión de la misma fe»; además, quiso que ésta fuera confirmada de manera«individual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca».5 Pensaba que de esa manera toda la Iglesia podría adquirir una «exacta conciencia de su fe, para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para confesarla».6 Las grandes transformaciones que tuvieron lugar en aquel Año, hicieron que la necesidad de dicha celebración fuera todavía más evidente. Ésta concluyó con la Profesión de fe del Pueblo de Dios,7 para testimoniar cómo los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. En ciertos aspectos, mi Venerado Predecesor vio ese Año como una «consecuencia y exigencia postconciliar»,8 consciente de las graves dificultades del tiempo, sobre todo con respecto a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación. He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza».9 Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: «Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia».10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. Precisamente el Concilio, en la Constitución dogmática Lumen gentium, afirmaba: «Mientras que Cristo, "santo, inocente, sin mancha" (Hb 7, 26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5, 21), sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2, 17), la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. La Iglesia continúa su peregrinación "en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios", anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. 1 Co 11, 26). Se siente fortalecida con la fuerza del Señor resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz».11&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4). Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo».12 El santo Obispo de Hipona tenía buenos motivos para expresarse de esta manera. Como sabemos, su vida fue una búsqueda continua de la belleza de la fe hasta que su corazón encontró descanso en Dios.13 Sus numerosos escritos, en los que explica la importancia de creer y la verdad de la fe, permanecen aún hoy como un patrimonio de riqueza sin igual, consintiendo todavía a tantas personas que buscan a Dios encontrar el sendero justo para acceder a la «puerta de la fe».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, la fe sólo crece y se fortalece creyendo; no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. En esta feliz conmemoración, deseo invitar a los hermanos Obispos de todo el Orbe a que se unan al Sucesor de Pedro en el tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe. Queremos celebrar este Año de manera digna y fecunda. Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es «la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza».14 Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada,15 y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este Año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No por casualidad, los cristianos en los primeros siglos estaban obligados a aprender de memoria el Credo. Esto les servía como oración cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. San Agustín lo recuerda con unas palabras de profundo significado, cuando en un sermón sobre la redditio symboli, la entrega del Credo, dice: «El símbolo del sacrosanto misterio que recibisteis todos a la vez y que hoy habéis recitado uno a uno, no es otra cosa que las palabras en las que se apoya sólidamente la fe de la Iglesia, nuestra madre, sobre la base inconmovible que es Cristo el Señor. […] Recibisteis y recitasteis algo que debéis retener siempre en vuestra mente y corazón y repetir en vuestro lecho; algo sobre lo que tenéis que pensar cuando estáis en la calle y que no debéis olvidar ni cuando coméis, de forma que, incluso cuando dormís corporalmente, vigiléis con el corazón».16&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. En este sentido, quisiera esbozar un camino que sea útil para comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios. En efecto, existe una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento. El apóstol Pablo nos ayuda a entrar dentro de esta realidad cuando escribe: «con el corazón se cree y con los labios se profesa» (cf. Rm 10, 10). El corazón indica que el primer acto con el que se llega a la fe es don de Dios y acción de la gracia que actúa y transforma a la persona hasta en lo más íntimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A este propósito, el ejemplo de Lidia es muy elocuente. Cuenta san Lucas que Pablo, mientras se encontraba en Filipos, fue un sábado a anunciar el Evangelio a algunas mujeres; entre estas estaba Lidia y el «Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo» (Hch 16, 14). El sentido que encierra la expresión es importante. San Lucas enseña que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe. Es el don del Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo franco y valeroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica:«"Creo": Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. "Creemos": Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. "Creo", es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: "creo", "creemos"».17&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se puede ver, el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor.18&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de «lo que vale y permanece siempre».19 Esta exigencia constituye una invitación permanente, inscrita indeleblemente en el corazón humano, a ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido.20 La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica Fidei depositum, firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial... Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial».21&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precisamente en este horizonte, el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. Sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. Así, pues, el Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. Para ello, he invitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a que, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este Año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad.22&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13. A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14. El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1 Co 13, 13). Con palabras aún más fuertes —que siempre atañen a los cristianos—, el apóstol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: "Id en paz, abrigaos y saciaos", pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: "Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe"» (St 2, 14-18).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40): estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15. Llegados sus últimos días, el apóstol Pablo pidió al discípulo Timoteo que «buscara la fe» (cf. 2 Tm 2, 22) con la misma constancia de cuando era niño (cf. 2 Tm 3, 15). Escuchemos esta invitación como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero. Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas» (1 P 1, 6-9). La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf.Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10). Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc 11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de octubre del año 2011, séptimo de mi Pontificado.&lt;br /&gt;BENEDICTUS PP. XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Notas&lt;br /&gt;______________________&lt;br /&gt;1 Homilía en la Misa de inicio de Pontificado (24 abril 2005): AAS 97 (2005), 710.&lt;br /&gt;2 Cf. Benedicto XVI, Homilía en la Misa en Terreiro do Paço, Lisboa (11 mayo 2010), en L’Osservatore Romano ed. en Leng. española (16 mayo 2010), pag. 8-9.&lt;br /&gt;3 Cf. Juan Pablo II, Const. ap. Fidei depositum (11 octubre 1992): AAS 86 (1994), 113-118.&lt;br /&gt;4 Cf. Relación final del Sínodo Extraordinario de los Obispos (7 diciembre 1985), II, B, a, 4, en L’Osservatore Romano ed. en Leng. española (22 diciembre 1985), pag. 12.&lt;br /&gt;5 Pablo VI, Exhort. ap. Petrum et Paulum Apostolos, en el XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo (22 febrero 1967): AAS 59 (1967), 196.&lt;br /&gt;6 Ibíd., 198.&lt;br /&gt;7 Pablo VI, Solemne profesión de fe, Homilía para la concelebración en el XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, en la conclusión del "Año de la fe" (30 junio 1968): AAS 60 (1968), 433-445.&lt;br /&gt;8 Id., Audiencia General (14 junio 1967): Insegnamenti V (1967), 801.&lt;br /&gt;9 Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 57: AAS 93 (2001), 308.&lt;br /&gt;10 Discurso a la Curia Romana (22 diciembre 2005): AAS 98 (2006), 52.&lt;br /&gt;11 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 8.&lt;br /&gt;12 De utilitate credendi, 1, 2.&lt;br /&gt;13 Cf. Agustín de Hipona, Confesiones, I, 1.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-9111449106840192946?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/9111449106840192946/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=9111449106840192946' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/9111449106840192946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/9111449106840192946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/10/carta-apostolica-porta-fidei-del-papa.html' title='Carta apostólica ‘Porta fidei’ del papa Benedicto XVI'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-1086359828569057307</id><published>2011-10-26T00:45:00.000-07:00</published><updated>2011-10-26T00:48:31.528-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Episcopado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catequesis'/><title type='text'>El MAGNIFICAT: UNA ORACIÓN PARA TIEMPOS NUEVOS  31.V.2011</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Catequesis de la Conferencia Episcopal de Nicaragua sobre la oración del Magnificat de la Virgen María en el año de oración por Nicaragua&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;31 Mayo 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nuestros Sacerdotes, Religiosos  y Religiosas, agentes de pastoral, pueblo católico, hermanos en la fe cristiana, nicaragüenses, hombres y mujeres de buena voluntad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orando con la virgen maría&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. En nuestro mensaje de noviembre del año pasado invitamos a todo el pueblo católico a vivir este año 2011 como un “Año de oración por Nicaragua”, manifestando nuestra firme convicción de que “cuando oramos no invocamos soluciones mágicas, ni lo hacemos para sentirnos libres de compromisos y responsabilidades”, sino que lo hacemos sabiendo que orando “permitimos misteriosamente que la fuerza del Señor Resucitado fecunde y cambie la historia, nos hacemos eco de las aspiraciones de paz y justicia de todo nuestro pueblo y sobre todo tomamos conciencia de nuestra propia responsabilidad en el cambio social” (CEN, Mensaje 17.11.10).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Mientras nos encaminamos hacia un día de ayuno nacional por Nicaragua el 1 de julio, hemos invitado recientemente a implorar la intercesión de la Virgen por la situación del país, comprometiéndonos a rezar el Santo Rosario personalmente, en las familias y en las comunidades. Al concluir el mes de mayo deseamos ahora también exhortar a todos a orar siguiendo el ejemplo de la Virgen María, quien al visitar a Isabel ora en un modo excepcional, abriendo su espíritu en expresiones de glorificación a Dios, de humildad, de fe, de esperanza, en el cántico conocido como elMagnificat (Lc 1,46-55), “la oración por excelencia de María, el cántico de los tiempos mesiánicos, (…) la oración de toda la Iglesia en todos los tiempos” (Marialis Cultus, 18). Juan Pablo II decía que “las palabras del Magnificat son como el testamento espiritual de la Virgen Madre” (Homilía de la Asunción, 1999). Los que nos reconocemos sus hijos e hijas podemos acogerlas como herencia, para fortalecer nuestra fe y para nutrir nuestra propia oración. Con razón el Papa Benedicto XVI exhortaba en el 2007 en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida: “Permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Les ofrecemos esta reflexión bíblica sobre el Magnificat, con la esperanza de que iluminados por la oración de la Virgen María, podamos alabar al Señor por todo lo bueno que de él hemos recibido personalmente y como nación, pongamos toda nuestra confianza en la misericordia de Dios y asumamos nuestra vida y la realidad de nuestro país con esperanza. Les exhortamos a orar y meditar a la luz de esta bella oración de la Virgen, quien “en el Magnificat se manifiesta como modelo para quienes no aceptan pasivamente las circunstancias de la vida personal y social, ni son víctimas de la alienación” (Puebla, 297).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oración de los pobres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. El Magnificat, que es como “el espejo del alma de María” (Puebla, 297), es la oración de los pobres auténticos del pueblo de Israel, es decir, “los fieles que se reconocían pobres no sólo por su alejamiento de cualquier tipo de idolatría de la riqueza y del poder, sino también por la profunda humildad de su corazón, rechazando la tentación del orgullo y del miedo, abiertos a la irrupción de la gracia divina salvadora” (Benedicto XVI, Audiencia General, 15.02.06). Orando con la Virgen María aprendemos a dejar a Dios hacer grandes cosas en nuestra vida y a interpretar los acontecimientos de la historia con fe, para que nazcan en nosotros, como en María, la bendición y la alabanza como proclamación de la grandeza y la bondad de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Proclama mi alma la grandeza del señor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. La oración de la Virgen comienza con estas palabras: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la pequeñez de su sierva” (Lc 1,46-48a). María sabe alabar y agradecer a Dios pues se ha visto envuelta en su ternura e inundada de su gracia. El motivo último de su oración es la celebración de la manifestación del amor de Dios en su vida. Dios ha mirado su “pequeñez”, reconociendo en ella los rasgos mejores de su pueblo: disponibilidad total y humilde obediencia a la voluntad divina. Lo primero que María nos enseña es algo tan sencillo como dejarnos mirar por Dios, sentirnos acogidos y envueltos en su ternura, en su perdón, en su amor incondicional. “Este es el sentimiento de fe primero e indispensable; el sentimiento que da seguridad a la criatura humana y la libra del miedo, aun en medio de las tormentas de la historia” (Benedicto XVI, Audiencia General, 15.02.06). ¡Descubrámonos amados por Dios como María! En Nicaragua, cada uno personalmente y todos como comunidad nacional, superemos los miedos, la indiferencia egoísta y la autosuficiencia de quien se apoya en sí mismo. Reconozcamos con gratitud que lo mejor de nuestra vida y las muchas riquezas de la cultura y de la historia de nuestra patria han sido un don gratuito de Dios, que siempre llena de bendiciones a quienes se abren a su gracia con libertad y responsabilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las generaciones me llamarán bienaventurada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. María continúa su oración diciendo: “Desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí. Su nombre es Santo y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen” (vv. 48b-50). El Magnificates el prólogo de las Bienaventuranzas proclamadas por Jesús, que las celebramos y proclamamos realizadas en la Virgen de Nazaret. Ella nos enseña que la felicidad anunciada en el Evangelio no se basa en la avidez y la posesión de bienes materiales, ni en los goces pasajeros que nos engañan y deshumanizan, ni en la ambición desmedida de poder sobre los demás a toda costa. Como lo reconoció Isabel, María es dichosa por haber creído (Lc 1,45). De la Virgen aprendemos qué es la fe y en qué consiste la verdadera felicidad. María es dichosa porque ha acogido la Palabra del Señor y ha dejado que el Espíritu Santo fuera el protagonista de su vida. Acogiendo la gracia divina llegó a ser la Madre del Señor, y viviendo continuamente abierta a la voluntad del Padre revelada en su Hijo Jesús, aún en medio de la oscuridad de la fe y el dolor (Lc 2,34-35; 2,4-52; Jn 19,25-27), Se  convirtió en “la discípula más perfecta del Señor” (Aparecida, 266). Que Ella nos enseñe a buscar la verdadera felicidad en Dios para que todos construyamos una sociedad fundada no en la engañosa ilusión de privilegios y riquezas, sino en la aceptación de la voluntad de Dios a través del amor a la verdad, la integridad moral y la práctica de la justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. En el Magnificat la Virgen María aparece libre de la ansiedad y la inquietud que nacen del egoísmo, del orgullo y de la búsqueda de los propios intereses. Se presenta más bien con la serenidad profunda de quien se sabe acogida y bendecida por el amor de un Dios que colma todos sus deseos. En María vemos lo que acontece cuando alguien permite que Dios intervenga en la propia vida y le cede el protagonismo de la propia existencia. Ella nos muestra hasta dónde puede llegar la acción misericordiosa de Dios, que siempre está llamando a la puerta de nuestro corazón y de nuestra sociedad para colmarnos de vida y de felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. La Virgen María sabe que su historia personal se inserta en la historia de la salvación. A partir de su propia experiencia proclama el estilo con el que Dios actúa siempre en la historia sobre todo cuando envió al mundo a su Hijo Jesucristo: “su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen”. Como creyentes debemos vivir con serenidad y esperanza, sabiendo que nuestra vida y la historia de nuestra patria, “de generación en generación”, se verán bendecidas por la fidelidad amorosa de Dios. Su perdón infinito y su providencia cotidiana nos protegerán y auxiliarán en todo momento, siempre que nos esforcemos por discernir su voluntad y seguir sus caminos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mirada a la historia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. Desde su experiencia personal de la gracia divina, María mira en derredor y contempla la historia. Habiendo mirado a Dios, ahora mira en la misma dirección que Él está mirando. Ve la historia más allá de las apariencias y ve cuál es el fondo de la realidad, descubriendo quiénes para Dios están arriba y quiénes abajo, quiénes están llenos y quiénes vacíos, quiénes cerca y quiénes lejos: “Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (vv. 51-53). “Al ir más allá de las apariencias, ve con los ojos de la fe la obra de Dios en la historia (…), su Magnificat, a distancia de siglos y milenios, sigue siendo la más auténtica y profunda interpretación de la historia, mientras que las lecturas hechas por tantos sabios de este mundo han sido desmentidas por los hechos a lo largo de los siglos” (Benedicto XVI, Rezo del Rosario, San Pedro 31.05.08).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. La Madre del Señor mira desde la fe los acontecimientos de la historia con talante profético. No es indiferente frente a los problemas de su pueblo. Alaba a Dios por su misericordia, proclama la bendición de los pobres y humildes y denuncia la vaciedad y el engaño en que viven los ricos y poderosos. María, en efecto, “aún habiéndose abandonado a la voluntad del Señor, fue algo del todo distinto de una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante, antes bien fue mujer que no dudó en proclamar que Dios es vindicador de los humildes y de los oprimidos y derriba de sus tronos a los poderosos del mundo” (Marialis Cultus, 37).  De ella debemos aprender que es exigencia de nuestra fe conocer y comprender la realidad social y política del país, comprometernos en transformarla sabiendo que Dios se inclina siempre a favor de los pobres y denunciar con valentía todo aquello que se oponga a los valores evangélicos de la justicia, la verdad y la fraternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. En la mirada profética de la Virgen María se anticipa lo que Jesús proclamará en el Evangelio. Por eso ella ve a los hambrientos ya saciados, a los humildes y abatidos exaltados y a los ricos y poderosos despedidos con las manos vacías. Los soberbios de corazón, los arrogantes y orgullosos que buscan sus intereses y exigen que se rinda culto a su personalidad (Rom 1,30; 2 Tim 3,2; St 4,6; 1 Pe 5,5), se pierden y se dispersan por autodivinizarse, siguiendo sus caminos y no los de Dios. Los poderosos que ejercitan el dominio en modo despótico y autoritario consolidándose en modo prepotente y tiránico sobre los demás (Lc 22,25), actúan como si Dios no existiera y por eso Dios mismo los destrona y derriba. “Los tronos de los poderosos de este mundo son todos provisionales, mientras el trono de Dios es la única roca que no cambia y no cae” (Benedicto XVI, Rezo del Rosario, San Pedro 31.05.08). Los ricosque acumulan riquezas desmedidamente y hacen de los bienes materiales un ídolo mientras los humildes de la tierra viven en la miseria, son personas vacías que se deshumanizan a sí mismos y ponen un obstáculo insalvable para entrar en el Reino de Dios (Lc 16,19-31; 18,18-23).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. Los discípulos de Jesús debemos aprender a corregir continuamente nuestra percepción de la realidad del mundo. A imitación de la Virgen María, tenemos que esforzarnos por ver y comprender siempre a las personas, las relaciones sociales y los procesos políticos desde la perspectiva de Dios y de su voluntad. Como María, también nosotros descubramos y alabemos la santidad misericordiosa de Dios, que “enaltece a los humildes y a los hambrientos los colma de bienes”, esforzándonos por construir una sociedad en la que prevalezca “la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y humildes” (Redemptoris Mater, 37). A los pobres hay que respetarlos en su dignidad: debemos comprometernos en su promoción humana integral más allá del puro asistencialismo económico y hacer que sean sujetos de su propia historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios se acuerda de su misericordia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13. El cántico de la Virgen termina con estas palabras: “Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abraham y su descendencia por siempre” (vv. 54-55). Israel, el pueblo de la Antigua Alianza, es invitado a confiar en Dios que “se acuerda” siempre de su misericordia, pues es fiel a las promesas hechas a Abraham, que se han cumplido plenamente en Jesucristo y de las cuales los cristianos somos herederos (cf. Gal 3,22). La Santísima Virgen nos invita a reconocer serenamente los problemas y las preocupaciones, sin pesimismo ni pasividad, abandonándonos con confianza y responsabilidad en la misericordia de Dios, quien nos perdona indefinidamente, nos cuida con su providencia más que a los lirios del campo y a las aves del cielo (cf. Mt 6,26-30) y nos libera continuamente de toda forma de mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conclusión&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14. El Magnificat de la Virgen María es un canto de fe y de alabanza que ilumina la historia y nos muestra su verdadero sentido. Oremos también nosotros como María para ser como ella, hombres y mujeres contemplativos, capaces de ver con mirada de fe la realidad y de comprometernos con el Reino de Dios, que “a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan los soberbios, los poderosos y los ricos”, pero seguros de que “su fuerza secreta se revela al final, para mostrar quiénes son los verdaderos predilectos de Dios: los que le temen, fieles a su palabra, los humildes, los que tienen hambre, Israel su siervo, la comunidad del pueblo de Dios que, como María, está formada por los que son pobres y sencillos de corazón” (Benedicto XVI, Audiencia General, 15.02.06).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15. Iluminados interiormente por el Espíritu Santo en la oración y guiados por la Palabra de Cristo, descubrámonos siempre amados por Dios, vivamos con alegría y esperanza y colaboremos con sabiduría para construir un país más humano y desarrollado, más justo y pacífico. Que María, la Madre del Señor, sierva de la Palabra y creyente modelo, nos ayude a seguir a Cristo, su Hijo, a confiar y a esperar en Él. Finalmente les exhortamos a dirigir con renovado amor a la Virgen Inmaculada, las palabras que con tanta fe cantamos los nicaragüenses en las fiestas de la Purísima: “¡Escuchad, oh tierna Madre, de tus hijos el clamor. Te pedimos, nos protejas, con tu manto, con tu manto salvador. Pobre el hombre, que no alcanza tu divina protección y tu nombre no ha grabado en su pobre, en su pobre corazón!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Managua, 31 de mayo 2011&lt;br /&gt;Fiesta de la Visitación de la Virgen María&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firman Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-1086359828569057307?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/1086359828569057307/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=1086359828569057307' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/1086359828569057307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/1086359828569057307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/10/el-magnificat-una-oracion-para-tiempos.html' title='El MAGNIFICAT: UNA ORACIÓN PARA TIEMPOS NUEVOS  31.V.2011'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-7295004219800690292</id><published>2011-10-26T00:38:00.000-07:00</published><updated>2011-10-26T00:42:11.738-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Episcopado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catequesis'/><title type='text'>CATEQUESIS PARA UN DIA NACIONAL DE AYUNO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;CONFERENCIA EPISCOPAL DE NICARAGUA&lt;br /&gt;1 de julio 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Dimensión bíblica del ayuno.&lt;br /&gt;Desde el Antiguo Testamento la práctica del ayuno ocupa un puesto importante para la historia de Israel. El mismo A.T. considera el ayuno como un aspecto fundamental de la espiritualidad del pueblo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) Se recurre al ayuno para prepararse al encuentro con Dios (Cf. Esdras 34, 28; 1 Reyes 19, 8; Daniel 9, 3).&lt;br /&gt;b) Antes de afrontar una tarea difícil (Cf. Jueces 20, 26; Ester 4, 6).&lt;br /&gt;c) Suplicar el perdón de una culpa.. (Cf 1 Reyes 21, 27).&lt;br /&gt;d) Para manifestar el dolor frente a una desdicha familiar o nacional (1 Samuel 7, 6; 2 Samuel 1, 12; Baruc 1, 5).&lt;br /&gt;e) Pero el ayuno inseparable de la oración y la justicia, está orientado a la conversión, sin la cual no tiene sentido (Cf. Isaías 58, 6-7; Jeremías 14, 12; Zacarías 7, 5-14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En  el Nuevo Testamento encontramos que el Señor Jesús, antes de iniciar su vida pública, impulsado por el Espíritu Santo, ayunó como expresión de abandono confiado al designio salvífico del Padre:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) La práctica del ayuno facilita la apertura del hombre a otro alimento: al de la Palabra de Dios (Cf. Mateo 4, 4), y al del cumplimiento de la voluntad del Padre (Cf. Juan 4, 34).&lt;br /&gt;b) El ayuno está estrechamente unido a la oración, fortalece la virtud, suscita la misericordia, implora el socorro divino y conduce a la conversión del corazón (Cf. Hechos 13, 3; 14, 23.&lt;br /&gt;c) Jesús dio indicaciones precisas sobre la práctica del ayuno: Mt 6, 16-18=No para ser vistos; Mt 17, 21 = Da fuerza para combatir el mal; Mt 9, 14-15 = Se realiza alegremente en comunión con Cristo Resucitado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. La práctica del ayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ayuno es una práctica religiosa ya usada desde antiguo. La Iglesia la ha tenido en gran estima desde sus orígenes. Como tal, el ayuno consiste en abstenerse de ingerir alimento sólido por un tiempo determinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestra actual legislación eclesiástica el ayuno está mandado por la Iglesia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y se puede pedir por alguna circunstancia cuando lo determine la autoridad competente (canon 1253). El ayuno obliga a todas las personas mayores de edad hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años (Cf. Cánones 1249; 1251; 1252).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ayuno es una hermosa combinación de lo espiritual con lo físico, se trata de liberarnos del apego a lo físico para volcarnos al Señor. Vaciarnos de nosotros mismos para que el Señor nos llene de su gracia. El ayuno nos ayuda a ver en el hambre física, el hambre espiritual que todos tenemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto con la práctica penitencial del ayuno, se encuentra otra muy conocida que es la abstinencia. Esta consiste en privarse o “abstenerse” de comer carne u otras cosas satisfactorias por un tiempo determinado. La abstinencia está recomendada por la Iglesia todos los viernes del año, especialmente los viernes de cuaresma, Miércoles de Ceniza y Viernes Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ayuno entonces se diferencia de la abstinencia en su rigurosidad y por su marcado tinte penitencial. Es una práctica muy recomendable siempre y cuando se haga con el sentido que tiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Verdadero Ayuno. ls 58, 6-7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomando como referencia al Profeta Isaías, en el capítulo 58, 6-7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayuno verdadero, nos hace experimentar una conversión de mente y corazón, y esa se hace sentir en nuestras palabras y acciones, debe ir acompañado de obras de justicia y caridad. El ayuno genera un cambio interior como exterior. Si ayunamos, no podemos seguir tratándonos con egoísmo e injusticia, no podemos permitir la impunidad, el hambre. Debe realizarse en solidaridad con los más pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios desea ver que el ayuno nos ayude a: Identificamos con los pobres, huérfanos, víctimas de abusos, desamparados, los niños no nacidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentirnos movidos a romper las cadenas de la injusticia, abusos con las leyes en contra de los más débiles y pobres, liberar a quienes viven bajo opresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios espera que sus hijos sean luz en la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ayuno nos humilla como factor de igualdad ya que nos reduce a todos a una condición de hambre, necesidad y dependencia del Señor, “si mi pueblo, el que lleva mi nombre, se humilla, ora, me busca y deja su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y devolveré la prosperidad a su país” (Crónicas 7, 14)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. El sentido del día nacional de ayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un llamado de nuestros obispos para ponernos delante del Señor con una actitud de penitencia para encomendarle especialmente el destino de nuestra nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el actual estado de las cosas y dadas las importantes decisiones que como ciudadanos y cristianos debemos tomar en este año elec¬toral, nuestros pastores estiman que este ayuno nos ayudará a prepararnos para hacer las obras que Dios tiene previstas para nosotros, obras de santidad y justicia. Este ayuno nos ayudará:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a. comprender mejor la voluntad de Dios, a actuar con prudencia y sabiduría en las decisiones importantes que hemos de tomar, a prepararnos para buscar y hacer el querer de Dios.&lt;br /&gt;b. Pedir perdón por la responsabilidad que todos tenemos en las situaciones negativas del país.&lt;br /&gt;c. Implorar del Señor fuerza para construir una sociedad según su voluntad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Modo de realizar el día nacional de ayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día nacional de ayuno ha de realizarse durante un período de doce horas, comenzando a las seis de la mañana y finalizando a las seis de la tarde. Exhortamos a realizar este día de ayuno a todos los cristianos católicos que estén en la edad contemplada (mayores de edad hasta los cincuenta y nueve años), que estén en buenas condiciones de salud y que su actividad laboral se los permita. De no poder cumplir con el ayuno, se recomienda la abstinencia de comer carne u ofrecer otra manera de mortificación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se recomienda que para acompañar la jornada de ayuno se hagan las oraciones que para éste día han sido indicadas. Una a las seis de la mañana, al comienzo del ayuno, otra a medio¬día y la última a las seis de la tarde, al momento de terminar. También se recomienda que se toquen las campanas de los templos de nuestra provincia eclesiástica a las horas mencionadas (seis de la mañana, doce del mediodía, seis de la tarde) con el fin de marcar el ritmo de este ayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Oraciones para vivir el ayuno&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6:00 am. Comienzo del Ayuno.&lt;br /&gt;Rezo del Angelus.&lt;br /&gt;Oración después del Angelus&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Padre Misericordioso, en el Nombre del Señor Jesús, comienzo este día de ayuno y oración y, con ello, te pido por nuestra Patria Nicaragua dañada por la violencia y la pérdida de valores cristianos. Consuela el dolor de los que sufren, da acierto en las decisiones de los que nos gobiernan y gobernarán. Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte. Danos a todos el don de la conversión, protege a las familias, que como discípulos y misioneros tuyos, seamos ciudada¬nos responsables, sepamos ser constructores de justicia y paz para que en ti nuestro pueblo tenga vida digna”. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:00 m. A mitad de la jornada.&lt;br /&gt;Rezo del Angelus.&lt;br /&gt;Oración para después del Angelus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Señor, al llegar a la mitad de este día de ayuno y oración, te doy gracias por fortalecerme y poder continuar en mi propósito que eleva mi espíritu, refrena las pasiones y recompensa el alma. Mi corazón está firme, Señor. Si soy capaz de ser fiel en lo poco, siempre haré en tu Nombre cosas mayores Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6:00 p.m. Fin del ayuno.&lt;br /&gt;Rezo del Angelus.&lt;br /&gt;Oración para después del Angelus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Gracias Padre por sustentarme. Gracias por ayudarme a desprenderme y compartir la solicitud por el destino de mi Patria. Hazme comprender que ser cristiano no es sólo rezar, sino también, actuar y colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna. Señor, bendice y salva a Nicaragua.” Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. Oración del Angelus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El Ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios te salve María...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios te salve María...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y el Verbo de Dios se hizo Hombre, y habitó entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios te salve María...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ruega por nosotros Santa Madre de Dios, Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo, nuestro Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oremos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Infunde, Señor, tu Gracia en nuestros corazones para que quienes, hemos conocido por el anuncio del Ángel la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, lleguemos por su Pasión y su Cruz a la gloria de su resurrección. Por el mismo Jesucristo, nuestro señor. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catequesis elaborada por la Comisión Nacional de Liturgia presidida por Mons. Jorge Solórzano Pérez&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-7295004219800690292?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/7295004219800690292/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=7295004219800690292' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/7295004219800690292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/7295004219800690292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/10/catequesis-para-un-dia-nacional-de.html' title='CATEQUESIS PARA UN DIA NACIONAL DE AYUNO'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-4569324672507598576</id><published>2011-08-27T07:22:00.000-07:00</published><updated>2011-08-27T07:24:21.859-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>CEREMONIA DE DESPEDIDA (PBXVI - 21.VIII.2011)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CEREMONIA DE DESPEDIDA&lt;br /&gt;DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aeropuerto internacional Barajas de Madrid&lt;br /&gt;Domingo 21 de agosto de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Majestades,&lt;br /&gt;Distinguidas Autoridades nacionales, autonómicas y locales,&lt;br /&gt;Señor Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española,&lt;br /&gt;Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amigos todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha llegado el momento de despedirnos. Estos días pasados en Madrid, con una representación tan numerosa de jóvenes de España y todo el mundo, quedarán hondamente grabados en mi memoria y en mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Majestad, el Papa se ha sentido muy bien en España. También los jóvenes protagonistas de esta Jornada Mundial de la Juventud han sido muy bien acogidos aquí y en tantas ciudades y localidades españolas, que han podido visitar en los días previos a la Jornada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a Vuestra Majestad por sus cordiales palabras y por haber querido acompañarme tanto en el recibimiento como, ahora, al despedirme. Gracias a las Autoridades nacionales, autonómicas y locales, que han mostrado con su cooperación fina sensibilidad por este acontecimiento internacional. Gracias a los miles de voluntarios, que han hecho posible el buen desarrollo de todas las actividades de este encuentro: los diversos actos literarios, musicales, culturales y religiosos del «Festival joven», las catequesis de los Obispos y los actos centrales celebrados con el Sucesor de Pedro. Gracias a las fuerzas de seguridad y del orden, así como a los que han colaborado prestando los más variados servicios: desde el cuidado de la música y de la liturgia, hasta el transporte, la atención sanitaria y los avituallamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;España es una gran Nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica. Lo ha manifestado una vez más en estos días, al desplegar su capacidad técnica y humana en una empresa de tanta trascendencia y de tanto futuro, como es el facilitar que la juventud hunda sus raíces en Jesucristo, el Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una palabra de especial gratitud se debe a los organizadores de la Jornada: al Cardenal Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y a todo el personal de ese Dicasterio; al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, junto con sus Obispos auxiliares y toda la archidiócesis; en particular, al Coordinador General de la Jornada, Monseñor César Augusto Franco Martínez, y a sus colaboradores, tantos y tan generosos. Los Obispos han trabajado con solicitud y abnegación en sus diócesis para la esmerada preparación de la Jornada, junto con los sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos. A todos, mi reconocimiento, junto con mi súplica al Señor para que bendiga sus afanes apostólicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no puedo dejar de dar las gracias de todo corazón a los jóvenes por haber venido a esta Jornada, por su participación alegre, entusiasta e intensa. A ellos les digo: Gracias y enhorabuena por el testimonio que habéis dado en Madrid y en el resto de ciudades españolas en las que habéis estado. Os invito ahora a difundir por todos los rincones del mundo la gozosa y profunda experiencia de fe vivida en este noble País. Transmitid vuestra alegría especialmente a los que hubieran querido venir y no han podido hacerlo por las más diversas circunstancias, a tantos como han rezado por vosotros y a quienes la celebración misma de la Jornada les ha tocado el corazón. Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo España contento y agradecido a todos. Pero sobre todo a Dios, Nuestro Señor, que me ha permitido celebrar esta Jornada, tan llena de gracia y emoción, tan cargada de dinamismo y esperanza. Sí, la fiesta de la fe que hemos compartido nos permite mirar hacia adelante con mucha confianza en la providencia, que guía a la Iglesia por los mares de la historia. Por eso permanece joven y con vitalidad, aun afrontando arduas situaciones. Esto es obra del Espíritu Santo, que hace presente a Jesucristo en los corazones de los jóvenes de cada época y les muestra así la grandeza de la vocación divina de todo ser humano. Hemos podido comprobar también cómo la gracia de Cristo derrumba los muros y franquea las fronteras que el pecado levanta entre los pueblos y las generaciones, para hacer de todos los hombres una sola familia que se reconoce unida en el único Padre común, y que cultiva con su trabajo y respeto todo lo que Él nos ha dado en la Creación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los jóvenes responden con diligencia cuando se les propone con sinceridad y verdad el encuentro con Jesucristo, único redentor de la humanidad. Ellos regresan ahora a sus casas como misioneros del Evangelio, «arraigados y cimentados en Cristo, firmes en la fe», y necesitarán ayuda en su camino. Encomiendo, pues, de modo particular a los Obispos, sacerdotes, religiosos y educadores cristianos, el cuidado de la juventud, que desea responder con ilusión a la llamada del Señor. No hay que desanimarse ante las contrariedades que, de diversos modos, se presentan en algunos países. Más fuerte que todas ellas es el anhelo de Dios, que el Creador ha puesto en el corazón de los jóvenes, y el poder de lo alto, que otorga fortaleza divina a los que siguen al Maestro y a los que buscan en Él alimento para la vida. No temáis presentar a los jóvenes el mensaje de Jesucristo en toda su integridad e invitarlos a los sacramentos, por los cuales nos hace partícipes de su propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Majestad, antes de volver a Roma, quisiera asegurar a los españoles que los tengo muy presentes en mi oración, rezando especialmente por los matrimonios y las familias que afrontan dificultades de diversa naturaleza, por los necesitados y enfermos, por los mayores y los niños, y también por los que no encuentran trabajo. Rezo igualmente por los jóvenes de España. Estoy convencido de que, animados por la fe en Cristo, aportarán lo mejor de sí mismos, para que este gran País afronte los desafíos de la hora presente y continúe avanzando por los caminos de la concordia, la solidaridad, la justicia y la libertad. Con estos deseos, confío a todos los hijos de esta noble tierra a la intercesión de la Virgen María, nuestra Madre del Cielo, y los bendigo con afecto. Que la alegría del Señor colme siempre vuestros corazones. Muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-4569324672507598576?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/4569324672507598576/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=4569324672507598576' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4569324672507598576'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/4569324672507598576'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/08/ceremonia-de-despedida-pbxvi-21viii2011.html' title='CEREMONIA DE DESPEDIDA (PBXVI - 21.VIII.2011)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-6581018315456218319</id><published>2011-08-27T07:16:00.000-07:00</published><updated>2011-08-27T07:19:01.645-07:00</updated><title type='text'>MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011 (T6.VIIKI)</title><content type='html'>MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”(cf. Col 2, 7)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este -impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio –como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia–, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Arraigados y edificados en Cristo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: “arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama “amigo de Dios”» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Firmes en la fe&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo “necedad” (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el “sí” de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Creer en Jesucristo sin verlo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado»(Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su “fiat”, su “sí”, recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BENEDICTUS PP. XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-6581018315456218319?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/6581018315456218319/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=6581018315456218319' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/6581018315456218319'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/6581018315456218319'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/08/mensaje-del-santo-padre-benedicto-xvi.html' title='MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011 (T6.VIIKI)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-2494051898437228723</id><published>2011-08-27T07:12:00.000-07:00</published><updated>2011-08-27T07:14:29.947-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>SANTA MISA PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD (PBXVI - VIIII.2011)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SANTA MISA PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PALABRAS DEL SANTO PADRE AL INICIO DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid&lt;br /&gt;Domingo 21 de agosto de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He pensado mucho en vosotros en estas horas que no nos hemos visto. Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo. Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez, y no sólo los ojos, también el corazón, y esto os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo. Con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos abandona, comenzamos nuestra celebración eucarística llenos de entusiasmo y firmes en la fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HOMILÍA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la celebración de la Eucaristía llegamos al momento culminante de esta Jornada Mundial de la Juventud. Al veros aquí, venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira. Sí, el Señor os quiere y os llama amigos suyos (cf. Jn 15,15). Él viene a vuestro encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una vida plena, y haceros partícipes de su relación íntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de compartir también con los demás la alegría que hemos recibido. Ciertamente, son muchos en la actualidad los que se sienten atraídos por la figura de Cristo y desean conocerlo mejor. Perciben que Él es la respuesta a muchas de sus inquietudes personales. Pero, ¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os encomiendo a la Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-2494051898437228723?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/2494051898437228723/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=2494051898437228723' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2494051898437228723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2494051898437228723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/08/santa-misa-para-la-xxvi-jornada-mundial.html' title='SANTA MISA PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD (PBXVI - VIIII.2011)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-2126250557727580202</id><published>2011-08-27T07:07:00.000-07:00</published><updated>2011-08-27T07:10:08.463-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES (NPBXVI - VIII.2011))</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid&lt;br /&gt;Sábado 20 de agosto de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado sus preguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes, que expresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande en la vida, algo que os dé plenitud y felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado, Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. Él, que tomó sobre sí nuestras aflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos a la pasión de Cristo, participan muy de cerca en su obra de redención. Además, nuestra atención desinteresada a los enfermos y postergados, siempre será un testimonio humilde y callado del rostro compasivo de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf. Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2,14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. Libro de la vida, 8).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente en la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos: Gracias por vuestra alegría y resistencia. Vuestra fuerza es mayor que la lluvia. Gracias. El Señor con la lluvia nos ha mandado muchas bendiciones. También con esto sois un ejemplo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo en francés&lt;br /&gt;Chers jeunes francophones, soyez fiers d’avoir reçu le don de la foi, c’est elle qui illuminera votre vie à chaque instant. Appuyez-vous sur la foi de vos proches, sur la foi de l’Église ! Par la foi, nous sommes fondés dans le Christ. Retrouvez-vous avec d’autres pour l’approfondir, fréquentez l’Eucharistie, mystère de la foi par excellence. Le Christ seul peut répondre aux aspirations que vous portez en vous. Laissez-vous saisir par Dieu pour que votre présence dans l’Église lui donne un élan nouveau!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua francesa, estad orgullosos por haber recibido el don de la fe, que iluminará vuestra vida en todo momento. Apoyaos en la fe de aquellos que están cerca de vosotros, en la fe de la Iglesia. Gracias a la fe estamos cimentados en Cristo. Encontraros con otros para profundizar en ella, participad en la Eucaristía, misterio de la fe por excelencia. Solamente Cristo puede responder a vuestras aspiraciones. Dejaros conquistar por Dios para que vuestra presencia dé a la Iglesia un impulso nuevo].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo en inglés&lt;br /&gt;Dear young people, in these moments of silence before the Blessed Sacrament, let us raise our minds and hearts to Jesus Christ, the Lord of our lives and of the future.  May he pour out his Spirit upon us and upon the whole Church, that we may be a beacon of freedom, reconciliation and peace for the whole world.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Traducción española: Queridos jóvenes, en estos momentos de silencio delante del Santísimo Sacramento, elevemos nuestras mentes y corazones a Jesucristo, el Señor de nuestras vidas y del futuro. Que Él derrame su Espíritu sobre nosotros y sobre toda la Iglesia, para que seamos promotores de libertad, reconciliación y paz en todo el mundo].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo en alemán&lt;br /&gt;Liebe junge Christen deutscher Sprache! Tief in unserem Herzen sehnen wir uns nach dem Großen und Schönen im Leben. Laßt eure Wünsche und Sehnsüchte nicht ins Leere laufen, sondern macht sie fest in Jesus Christus. Er selber ist der Grund, der trägt, und der sichere Bezugspunkt für ein erfülltes Leben.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua alemana. En el fondo, lo que nuestro corazón desea es lo bueno y bello de la vida. No permitáis que vuestros deseos y anhelos caigan en el vacío, antes bien haced que cobren fuerza en Cristo. Él es el cimiento firme, el punto de referencia seguro para una vida plena].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo en italiano&lt;br /&gt;Mi rivolgo ora ai giovani di lingua italiana. Cari amici, questa Veglia rimarrà come un’esperienza indimenticabile della vostra vita. Custodite la fiamma che Dio ha acceso nei vostri cuori in questa notte: fate in modo che non si spenga, alimentatela ogni giorno, condividetela con i vostri coetanei che vivono nel buio e cercano una luce per il loro cammino. Grazie! Arrivederci a domani mattina!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Traducción española: Me dirijo ahora a los jóvenes de lengua italiana. Queridos amigos, esta Vigilia quedará como una experiencia inolvidable en vuestra vida. Conservad la llama que Dios ha encendido en vuestros corazones en esta noche: procurad que no se apague, alimentadla cada día, compartidla con vuestros coetáneos que viven en la oscuridad y buscan una luz para su camino. Gracias. Adiós. Hasta mañana].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo en portugués&lt;br /&gt;Meus queridos amigos, convido cada um e cada uma de vós a estabelecer um diálogo pessoal com Cristo, expondo-Lhe as próprias dúvidas e sobretudo escutando-O. O Senhor está aqui e chama-te! Jovens amigos, vale a pena ouvir dentro de nós a Palavra de Jesus e caminhar seguindo os seus passos. Pedi ao Senhor que vos ajude a descobrir a vossa vocação na vida e na Igreja, e a perseverar nela com alegria e fidelidade, sabendo que Ele nunca vos abandona nem atraiçoa! Ele está connosco até ao fim do mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Traducción española: Mis queridos amigos, os invito a todos a establecer un diálogo personal con Cristo, exponiéndole las propias dudas y sobre todo escuchándolo. El Señor está aquí y os llama. Jóvenes amigos, vale la pena escuchar en nuestro interior la Palabra de Jesús y caminar siguiendo sus pasos. Pedid al Señor que os ayude a descubrir vuestra vocación en la vida y en la Iglesia, y a perseverar en ella con alegría y fidelidad, sabiendo que Él nunca os abandonará ni os traicionará. Él está con nosotros hasta el fin del mundo].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo en polaco&lt;br /&gt;Drodzy młodzi przyjaciele z Polski! To nasze modlitewne czuwanie przenika obecność Chrystusa. Pewni Jego miłości zblżcie się do Niego płomieniem waszej wiary. On was napełni Swoim życiem. Budujcie wasze życie na Chrystusie i Jego Ewangelii. Z serca wam błogosławię.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Traducción italiana: Queridos amigos procedentes de Polonia. Esta vigilia de oración está colmada de la presencia de Cristo. Seguros de su amor, acercaos a Él con la llama de vuestra fe. Él os colmará de su vida. Edificad vuestra vida sobre Cristo y su Evangelio. Os bendigo de corazón].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos jóvenes:&lt;br /&gt;Hemos vivido una aventura juntos. Firmes en la fe en Cristo habéis resistido la lluvia. Antes de marcharme, deseo daros las buenas noches a todos. Que descanséis bien. Gracias por el sacrificio que estáis haciendo y que no dudo ofreceréis generosamente al Señor. Nos vemos mañana, si Dios quiere, en la celebración eucarística. Os espero a todos. Os doy las gracias por el maravilloso ejemplo que habéis dado. Igual que esta noche, con Cristo podréis siempre afrontar las pruebas de la vida. No lo olvidéis. Gracias a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-2126250557727580202?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/2126250557727580202/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=2126250557727580202' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2126250557727580202'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2126250557727580202'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/08/vigilia-de-oracion-con-los-jovenes.html' title='VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES (NPBXVI - VIII.2011))'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-3473097104496158163</id><published>2011-08-27T07:02:00.000-07:00</published><updated>2011-08-27T07:05:11.570-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>SANTA MISA CON LOS SEMINARISTAS (Benedicto XVI - VIII.2011)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SANTA MISA CON LOS SEMINARISTAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid&lt;br /&gt;Sábado 20 de agosto de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,&lt;br /&gt;Venerados hermanos en el Episcopado,&lt;br /&gt;Queridos sacerdotes y religiosos,&lt;br /&gt;Queridos rectores y formadores,&lt;br /&gt;Queridos seminaristas,&lt;br /&gt;Amigos todos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alegra profundamente celebrar la Santa Misa con todos vosotros, que aspiráis a ser sacerdotes de Cristo para el servicio de la Iglesia y de los hombres, y agradezco las amables palabras de saludo con que me habéis acogido. Esta Santa Iglesia Catedral de Santa María La Real de la Almudena es hoy como un inmenso cenáculo donde el Señor celebra con deseo ardiente su Pascua con quienes un día anheláis presidir en su nombre los misterios de la salvación. Al veros, compruebo de nuevo cómo Cristo sigue llamando a jóvenes discípulos para hacerlos apóstoles suyos, permaneciendo así viva la misión de la Iglesia y la oferta del evangelio al mundo. Como seminaristas, estáis en camino hacia una meta santa: ser prolongadores de la misión que Cristo recibió del Padre. Llamados por Él, habéis seguido su voz y atraídos por su mirada amorosa avanzáis hacia el ministerio sagrado. Poned vuestros ojos en Él, que por su encarnación es el revelador supremo de Dios al mundo y por su resurrección es el cumplidor fiel de su promesa. Dadle gracias por esta muestra de predilección que tiene con cada uno de vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera lectura que hemos escuchado nos muestra a Cristo como el nuevo y definitivo sacerdote, que hizo de su existencia una ofrenda total. La antífona del salmo se le puede aplicar perfectamente, cuando, al entrar en el mundo, dirigiéndose a su Padre, dijo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (cf. Sal 39, 8-9). En todo buscaba agradarle: al hablar y al actuar,  recorriendo los caminos o acogiendo a los pecadores. Su vivir fue un servicio y su desvivirse una intercesión perenne, poniéndose en nombre de todos ante el Padre como Primogénito de muchos hermanos. El autor de la carta a los Hebreos afirma que con esa entrega perfeccionó para siempre a los que estábamos llamados a compartir su filiación (cf. Heb 10,14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Eucaristía, de cuya institución nos habla el evangelio proclamado (cf. Lc 22,14-20), es la expresión real de esa entrega incondicional de Jesús por todos, también por los que le traicionaban. Entrega de su cuerpo y sangre para la vida de los hombres y para el perdón de sus pecados. La sangre, signo de la vida, nos fue dada por Dios como alianza, a fin de que podamos poner la fuerza de su vida, allí donde reina la muerte a causa de nuestro pecado, y así destruirlo. El cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada, se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad redimida de los hombres. En Él tenemos la promesa de una redención definitiva y la esperanza cierta de los bienes futuros. Por Cristo sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino viajeros hacia una tierra de promisión, hacia Él que es nuestra meta y también nuestro principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, os preparáis para ser apóstoles con Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres. ¿Cómo vivir estos años de preparación? Ante todo, deben ser años de silencio interior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia. Iglesia que es comunidad e institución, familia y misión, creación de Cristo por su Santo Espíritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con nuestra santidad y con nuestros pecados. Así lo ha querido Dios, que no tiene reparo en hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos para la redención del género humano. La santidad de la Iglesia es ante todo la santidad objetiva de la misma persona de Cristo, de su evangelio y de sus sacramentos, la santidad de aquella fuerza de lo alto que la anima e impulsa. Nosotros debemos ser santos para no crear una contradicción entre el signo que somos y la realidad que queremos significar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Meditad bien este misterio de la Iglesia, viviendo los años de vuestra formación con profunda alegría, en actitud de docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evangélica, así como en amorosa relación con el tiempo y las personas en medio de las que vivís. Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misión. Cada época tiene sus problemas, pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con amor y realismo. Por eso, en cualquier circunstancia en la que se halle, y por dura que esta sea, el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas, guardando para ello siempre vivas en su interior las palabras del día de su Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruz del Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Configurarse con Cristo comporta, queridos seminaristas, identificarse cada vez más con Aquel que se ha hecho por nosotros siervo, sacerdote y víctima. Configurarse con Él es, en realidad, la tarea en la que el sacerdote ha de gastar toda su vida. Ya sabemos que nos sobrepasa y no lograremos cumplirla plenamente, pero, como dice san Pablo, corremos hacia la meta esperando alcanzarla (cf.Flp 3,12-14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Cristo, Sumo Sacerdote, es también el Buen Pastor, que cuida de sus ovejas hasta dar la vida por ellas (cf. Jn 10,11). Para imitar también en esto al Señor, vuestro corazón ha de ir madurando en el Seminario, estando totalmente a disposición del Maestro. Esta disponibilidad, que es don del Espíritu Santo, es la que inspira la decisión de vivir el celibato por el Reino de los cielos, el desprendimiento de los bienes de la tierra, la austeridad de vida y la obediencia sincera y sin disimulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedidle, pues, a Él, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que, con vuestra ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino. Pedidle que os enseñe a estar muy cerca de los enfermos y de los pobres, con sencillez y generosidad. Afrontad este reto sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de realizar la vida humana en gratuidad y en servicio, siendo testigos de Dios hecho hombre, mensajeros de la altísima dignidad de la persona humana y, por consiguiente, sus defensores incondicionales. Apoyados en su amor, no os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia. Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alentados por vuestros formadores, abrid vuestra alma a la luz del Señor para ver si este camino, que requiere valentía y autenticidad, es el vuestro, avanzando hacia el sacerdocio solamente si estáis firmemente persuadidos de que Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo las disposiciones de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esa confianza, aprended de Aquel que se definió a sí mismo como manso y humilde de corazón, despojándoos para ello de todo deseo mundano, de manera que no os busquéis a vosotros mismos, sino que con vuestro comportamiento edifiquéis a vuestros hermanos, como hizo el santo patrono del clero secular español, san Juan de Ávila. Animados por su ejemplo, mirad, sobre todo, a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella sabrá forjar vuestra alma según el modelo de Cristo, su divino Hijo, y os enseñará siempre a custodiar los bienes que Él adquirió en el Calvario para la salvación del mundo. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ANUNCIO DE LA PRÓXIMA DECLARACIÓN DE SAN JUAN DE ÁVILA,&lt;br /&gt;PRESBÍTERO, PATRONO DEL CLERO SECULAR ESPAÑOL, COMO DOCTOR DE LA IGLESIA UNIVERSAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con gran gozo, quiero anunciar ahora al pueblo de Dios, en este marco de la Santa Iglesia Catedral de Santa María La Real de la Almudena, que, acogiendo los deseos del Señor Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Eminentísimo Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, de los demás Hermanos en el Episcopado de España, así como de un gran número de Arzobispos y Obispos de otras partes del mundo, y de muchos fieles, declararé próximamente a San Juan de Ávila, presbítero, Doctor de la Iglesia universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hacer pública esta noticia aquí, deseo que la palabra y el ejemplo de este eximio Pastor ilumine a los sacerdotes y a aquellos que se preparan con ilusión para recibir un día la Sagrada Ordenación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Invito a todos a que vuelvan la mirada hacia él, y encomiendo a su intercesión a los Obispos de España y de todo el mundo, así como a los presbíteros y seminaristas, para que perseverando en la misma fe de la que él fue maestro, modelen su corazón según los sentimientos de Jesucristo, el Buen Pastor, a quien sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-3473097104496158163?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/3473097104496158163/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=3473097104496158163' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3473097104496158163'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3473097104496158163'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/08/santa-misa-con-los-seminaristas.html' title='SANTA MISA CON LOS SEMINARISTAS (Benedicto XVI - VIII.2011)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-8728280976572713464</id><published>2011-08-27T06:56:00.000-07:00</published><updated>2011-08-27T06:59:31.736-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>ENCUENTRO CON PROFESORES UNIVERSITARIOS JÓVENES, 19.VIII,2011</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011&lt;br /&gt;ENCUENTRO CON PROFESORES UNIVERSITARIOS JÓVENES&lt;br /&gt;DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;Basílica de San Lorenzo de El Escorial&lt;br /&gt;Viernes 19 de agosto de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,&lt;br /&gt;Queridos Hermanos en el Episcopado,&lt;br /&gt;Queridos Padres Agustinos,&lt;br /&gt;Queridos Profesores y Profesoras,&lt;br /&gt;Distinguidas Autoridades,&lt;br /&gt;Amigos todos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, que prestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles. Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, así como la música interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza artística, testimonio elocuente durante siglos de una vida de oración y estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo también con particular afecto a aquellos que en estos días habéis participado en Ávila en el Congreso Mundial de Universidades Católicas, bajo el lema: “Identidad y misión de la Universidad Católica”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplía la ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos. Esta “universitas” que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el lema de la presente Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En este sentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos “arraigados, edificados y firmes” apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevadoque corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante. Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: “Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unas técnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudará el Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido (cf. Mt 5,13-15).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nos ilumina, pero que también es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto a nosotros y sosteniéndonos con su amor. Arraigados en Él, seréis buenos guías de nuestros jóvenes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo de la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos. Muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-8728280976572713464?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/8728280976572713464/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=8728280976572713464' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/8728280976572713464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/8728280976572713464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/08/encuentro-con-profesores-universitarios.html' title='ENCUENTRO CON PROFESORES UNIVERSITARIOS JÓVENES, 19.VIII,2011'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-7936297909495233344</id><published>2011-01-28T00:48:00.000-08:00</published><updated>2011-01-28T00:53:54.899-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ética'/><title type='text'>LA PREVENCIÓN Y LA LUCHA CONTRA  LAS ACTIVIDADES ILEGALES EN EL CAMPO FINANCIERO Y MONETARIO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;CARTA APOSTÓLICA  EN FORMA DE “MOTU PROPRIO” DE BENEDICTO XVI SOBRE LA PREVENCIÓN Y LA LUCHA CONTRA  LAS ACTIVIDADES ILEGALES EN EL CAMPO FINANCIERO Y MONETARIO&lt;br /&gt;30 de diciembre del año 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Sede Apostólica siempre ha levantado su voz para exhortar a todos los hombres de buena voluntad y, sobre todo, a los responsables de las naciones, al compromiso en la edificación, también mediante una paz justa y duradera en todas partes en el mundo, de la ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la comunidad de los pueblos y de las naciones (Benedicto XVI, carta enc. Caritas in veritate, 29 de junio de 2009, 7: AAS 101 [2009] 645). Lamentablemente, en nuestros tiempos, en una sociedad cada vez más globalizada, la paz se ve amenazada por distintas causas, entre las cuales la de un uso impropio del mercado y de la economía, y la causa terrible y destructora de la violencia que el terrorismo perpetra, ocasionando muerte, sufrimientos, odio e inestabilidad social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy oportunamente la comunidad internacional se está dotando cada vez más de principios e instrumentos jurídicos que permitan prevenir y luchar contra el fenómeno del blanqueo de dinero y de la financiación del terrorismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Santa Sede aprueba este compromiso y quiere hacer suyas estas reglas en el uso de los recursos materiales que sirven para el desarrollo de su misión y de las tareas del Estado de la Ciudad del Vaticano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese marco y en ejecución de la Convención monetaria entre el Estado de la Ciudad del Vaticano y la Unión Europea del 17 de diciembre de 2009, he aprobado para este Estado la emanación de la Ley sobre la prevención y la lucha contra el blanqueo de ingresos procedentes de actividades criminales y de la financiación del terrorismo del 30 de diciembre de 2010, que hoy se promulga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la presente Carta apostólica en forma de motu proprio:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) establezco que la citada Ley del Estado de la Ciudad del Vaticano y sus futuras modificaciones tengan vigencia también para los dicasterios de la Curia romana y para todos los organismos y entes dependientes de la Santa Sede donde estos desarrollen las actividades a las que se refiere el art. 2 de la misma Ley;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;b) constituyo la Autoridad de información financiera (AIF) indicada en el artículo 33 de la Ley sobre la prevención y la lucha contra el blanqueo de ingresos procedentes de actividades criminales y de la financiación del terrorismo, como Institución vinculada a la Santa Sede, a tenor de los artículos 186 y 190-191 de la Constitución apostólica «Pastor Bonus», confiriéndole la personalidad jurídica canónica pública y la personalidad civil vaticana y aprobando sus Estatutos, unidos al presente motu proprio;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;c) establezco que la Autoridad de información financiera (AIF) ejerza sus funciones respecto de los dicasterios de la Curia romana y de todos los organismos y entes a los que se refiere la letra a);&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;d) delego, limitadamente a las hipótesis delictivas de las que trata la citada Ley, a los órganos judiciales competentes del Estado de la Ciudad del Vaticano a ejercer la jurisdicción penal respecto de los dicasterios de la Curia romana y de todos los organismos y entes referidos en la letra a).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dispongo que cuanto se establece tenga valor pleno y estable a partir de la fecha de hoy, no obstante cualquier disposición contraria, aunque sea merecedora de especial mención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Establezco que la presente Carta apostólica en forma de motu proprio se publique en Acta Apostolicae Sedis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado en Roma, en el palacio apostólico, el 30 de diciembre del año 2010, sexto de mi pontificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BENEDICTUS PP. XVI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-7936297909495233344?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/7936297909495233344/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=7936297909495233344' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/7936297909495233344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/7936297909495233344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2011/01/la-prevencion-y-la-lucha-contra-las.html' title='LA PREVENCIÓN Y LA LUCHA CONTRA  LAS ACTIVIDADES ILEGALES EN EL CAMPO FINANCIERO Y MONETARIO'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-3782449692308719976</id><published>2010-12-30T01:40:00.001-08:00</published><updated>2010-12-30T01:44:45.976-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Papa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>MENSAJE DE NAVIDAD DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI (XII.2010)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;BENDICIÓN «URBI ET ORBI»&lt;br /&gt;Balcón Central de la Basílica Vaticana&lt;br /&gt;Sábado 25 de Diciembre de 2010&lt;br /&gt;http://www.ssbenedictoxvi.org/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Verbum caro factum est» - «El Verbo se hizo carne» (Jn 1,14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas que me escucháis en Roma y en el mundo entero, os anuncio con gozo el mensaje de la Navidad: Dios se ha hecho hombre, ha venido a habitar entre nosotros. Dios no está lejano: está cerca, más aún, es el «Emmanuel», el Dios-con-nosotros. No es un desconocido: tiene un rostro, el de Jesús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un mensaje siempre nuevo, siempre sorprendente, porque supera nuestras más audaces esperanzas. Especialmente porque no es sólo un anuncio: es un acontecimiento, un suceso, que testigos fiables han visto, oído y tocado en la persona de Jesús de Nazaret. Al estar con Él, observando lo que hace y escuchando sus palabras, han reconocido en Jesús al Mesías; y, viéndolo resucitado después de haber sido crucificado, han tenido la certeza de que Él, verdadero hombre, era al mismo tiempo verdadero Dios, el Hijo unigénito venido del Padre, lleno de gracia y de verdad (cf. Jn 1,14).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«El Verbo se hizo carne». Ante esta revelación, vuelve a surgir una vez más en nosotros la pregunta: ¿Cómo es posible? El Verbo y la carne son realidades opuestas; ¿cómo puede convertirse la Palabra eterna y omnipotente en un hombre frágil y mortal? No hay más que una respuesta: el Amor. El que ama quiere compartir con el amado, quiere estar unido a él, y la Sagrada Escritura nos presenta precisamente la gran historia del amor de Dios por su pueblo, que culmina en Jesucristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, Dios no cambia: es fiel a sí mismo. El que ha creado el mundo es el mismo que ha llamado a Abraham y que ha revelado el propio Nombre a Moisés: Yo soy el que soy… el Dios de Abraham, Isaac y Jacob… Dios misericordioso y piadoso, rico en amor y fidelidad (cf. Ex 3,14-15; 34,6). Dios no cambia, desde siempre y por siempre es Amor. Es en sí mismo comunión, unidad en la Trinidad, y cada una de sus obras y palabras tienden a la comunión. La encarnación es la cumbre de la creación. Cuando, por la voluntad del Padre y la acción del Espíritu Santo, se formó en el regazo de María Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, la creación alcanzó su cima. El principio ordenador del universo, el Logos, comenzó a existir en el mundo, en un tiempo y en un lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«El Verbo se hizo carne». La luz de esta verdad se manifiesta a quien la acoge con fe, porque es un misterio de amor. Sólo los que se abren al amor son cubiertos por la luz de la Navidad. Así fue en la noche de Belén, y así también es hoy. La encarnación del Hijo de Dios es un acontecimiento que ha ocurrido en la historia, pero que al mismo tiempo la supera. En la noche del mundo se enciende una nueva luz, que se deja ver por los ojos sencillos de la fe, del corazón manso y humilde de quien espera al Salvador. Si la verdad fuera sólo una fórmula matemática, en cierto sentido se impondría por sí misma. Pero si la Verdad es Amor, pide la fe, el «sí» de nuestro corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, en efecto, ¿qué busca nuestro corazón si no una Verdad que sea Amor? La busca el niño, con sus preguntas tan desarmantes y estimulantes; la busca el joven, necesitado de encontrar el sentido profundo de la propia vida; la busca el hombre y la mujer en su madurez, para orientar y apoyar el compromiso en la familia y en el trabajo; la busca la persona anciana, para dar cumplimiento a la existencia terrenal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«El Verbo se hizo carne». El anuncio de la Navidad es también luz para los pueblos, para el camino conjunto de la humanidad. El «Emmanuel», el Dios-con-nosotros, ha venido como Rey de justicia y de paz. Su Reino —lo sabemos— no es de este mundo, sin embargo, es más importante que todos los reinos de este mundo. Es como la levadura de la humanidad: si faltara, desaparecería la fuerza que lleva adelante el verdadero desarrollo, el impulso a colaborar por el bien común, al servicio desinteresado del prójimo, a la lucha pacífica por la justicia. Creer en el Dios que ha querido compartir nuestra historia es un constante estímulo a comprometerse en ella, incluso entre sus contradicciones. Es motivo de esperanza para todos aquellos cuya dignidad es ofendida y violada, porque Aquel que ha nacido en Belén ha venido a liberar al hombre de la raíz de toda esclavitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la luz de la Navidad resplandezca de nuevo en aquella Tierra donde Jesús ha nacido e inspire a israelitas y palestinos a buscar una convivencia justa y pacífica. Que el anuncio consolador de la llegada del Emmanuel alivie el dolor y conforte en las pruebas a las queridas comunidades cristianas en Irak y en todo el Medio Oriente, dándoles aliento y esperanza para el futuro, y animando a los responsables de las Naciones a una solidaridad efectiva para con ellas. Que se haga esto también en favor de los que todavía sufren por las consecuencias del terremoto devastador y la reciente epidemia de cólera en Haití. Y que tampoco se olvide a los que en Colombia y en Venezuela, como también en Guatemala y Costa Rica, han sido afectados por recientes calamidades naturales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el nacimiento del Salvador abra perspectivas de paz duradera y de auténtico progreso a las poblaciones de Somalia, de Darfur y Costa de Marfil; que promueva la estabilidad política y social en Madagascar; que lleve seguridad y respeto de los derechos humanos en Afganistán y Pakistán; que impulse el diálogo entre Nicaragua y Costa Rica; que favorezca la reconciliación en la Península coreana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que la celebración del nacimiento del Redentor refuerce el espíritu de fe, paciencia y fortaleza en los fieles de la Iglesia en la China continental, para que no se desanimen por las limitaciones a su libertad de religión y conciencia y, perseverando en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, mantengan viva la llama de la esperanza. Que el amor del «Dios con nosotros» otorgue perseverancia a todas las comunidades cristianas que sufren discriminación y persecución, e inspire a los líderes políticos y religiosos a comprometerse por el pleno respeto de la libertad religiosa de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos y hermanas, «el Verbo se hizo carne», ha venido a habitar entre nosotros, es el Emmanuel, el Dios que se nos ha hecho cercano. Contemplemos juntos este gran misterio de amor, dejémonos iluminar el corazón por la luz que brilla en la gruta de Belén. ¡Feliz Navidad a todos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-3782449692308719976?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/3782449692308719976/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=3782449692308719976' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3782449692308719976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3782449692308719976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/12/mensaje-de-navidad-del-santo-padre.html' title='MENSAJE DE NAVIDAD DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI (XII.2010)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-8227010889518548320</id><published>2010-12-30T01:07:00.000-08:00</published><updated>2010-12-30T01:11:30.278-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='General'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escuela Pía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>La gratuidad del don de Dios (P. Aguado XII.2010)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Carta a los Hermanos&lt;br /&gt;Pedro Aguado, escolapio. Padre General&lt;br /&gt;Diciembre de 2010&lt;br /&gt;Ephemerides Calasanctianae&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Obra de Dios y del afortunado atrevimiento y tesonera paciencia de San José de Calasanz” (C 1).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la gratuidad del don de Dios y el papel del fundador en la vida de las Escuelas Pías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos, escribo esta “salutatio” convencido de que necesitamos hablar, pensar y profundizar en las “fuentes de la vida” de las Escuelas Pías. A lo largo de estos meses, y muy particularmente en el último Consejo de Superiores Mayores de la Orden, hemos hablado de aquellas opciones fundamentales que provocan vida en las Escuelas Pías, pues estamos comprometidos y deseosos de que nuestra Orden experimente un proceso de revitalización. Hemos hablado y trabajado sobre pastoral vocacional o sobre la identidad de nuestro ministerio o sobre el carisma compartido con los laicos. Sin duda que todas ellas –y unas cuantas más- son opciones de vida. Pero no podemos perder de vista dónde está la Vida, dónde está el centro o el eje de nuestra revitalización. De esto os quiero escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo reconocemos en nuestras Constituciones y lo repetimos en numerosos escritos y reflexiones que compartimos entre nosotros. Estamos ciertos de que las Escuelas Pías son obra de Dios y del afortunado atrevimiento y tesonera paciencia de San José de Calasanz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por encima de todo, y dando sentido a todo, aquí está nuestra Vida y aquí radica nuestro hecho fundacional y, por lo tanto, nuestra capacidad de seguir viviendo y de seguir fundando, nuestra posibilidad real de ser y vivir como escolapios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda que necesitamos hacer planificaciones que nos den vida y que ésta permanezca, y yo soy el primero que insisto en esto con ocasión y sin ella, pero nada de todo ello tiene sentido ni provoca vida separado de su eje y de su origen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos obra de Dios. El carisma de San José de Calasanz, encarnado por las Escuelas Pías, es don de Dios. Eso, y no otra cosa, es lo que quiere decir la palabra carisma. Don que es acogido y encarnado por un hombre capaz de definir absolutamente su vida y su obra desde el querer de Dios. Y capaz de dar una respuesta absoluta, completa, integral y portadora de un don que Dios quiso dar a la Iglesia y al mundo, especialmente a los niños y jóvenes, a través de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos fruto del afortunado atrevimiento y tesonera paciencia de un hombre concreto, San José de Calasanz. Las dos afirmaciones que hacemos de él nos ofrecen una pista certera de cómo hemos de situarnos para acoger el don de Dios: con atrevimiento y con paciencia. Abiertos a su voluntad y seguros de que hay que cuidarla y hacerla fecunda con el trabajo de cada día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atentos a lo que nos dice a través de la realidad, sobre todo a través de los niños y pobres, y trabajadores esforzados para dar respuestas dignas de la propuesta recibida y de quien la propone. Audaces para entender las prioridades que nuestra vocación tiene en cada momento histórico y llamados a vivir con celo apostólico –qué bella expresión, preñada de pasión por la misión- a favor de aquellos a quienes servimos y la causa (el Reino) por la que nos entregamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo ello, creo sinceramente que la Orden y todos los que somos y nos sentimos escolapios, estamos invitados a reflexionar, a seguir reflexionando, sobre el papel del fundador en la vida de las Escuelas Pías. Este es el objetivo de esta breve carta que, con todo afecto, me atrevo a dirigiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1-Decía el P. Camilo Macise,&lt;br /&gt;religioso carmelita que fue Superior General de su Orden y presidente de la Unión de Superiores Generales, que la especificidad de la vida consagrada procede de su origen. Esta es una afirmación que siempre me ha parecido importante y sobre la que creo que debemos reflexionar con detenimiento. Siendo cierto que debemos saber colaborar con todos y compartir con otras muchas formas de vida consagrada y diversas comunidades e instituciones, también lo es que en las Escuelas Pías debemos tener claro que tenemos un “código genético” definido, vivido y ofrecido por el santo fundador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La identidad propia de nuestro ser escolapios procede de Calasanz y de cómo supo situarse, dar respuestas y tomar decisiones, siempre en fidelidad a la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estoy invitando a la Orden a vivir en actitud de “somos diferentes”, pues eso sería peligroso y negativo en esta Iglesia de comunión que debemos construir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sí estoy pidiendo que vivamos desde la convicción de que tenemos algo propio que aportar, algo que nos identifica –que no significa que nos separa- y viviendo desde ahí, plantarlo y cuidarlo como semilla que engendra Reino: nuestro propio carisma. Esta es, hermanos, la principal fuente de nuestra vida y de nuestra renovación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2-Sabemos que San José de Calasanz sigue velando&lt;br /&gt;y protegiendo su obra. No tenemos ninguna duda de ello y lo sentimos y experimentamos con claridad. Pero también es cierto que algo tendremos que poner de nuestra parte. Pienso que una de las claves de nuestra Orden es que los escolapios sepamos situarnos, con compromiso y esperanza, desde las opciones que asumió el fundador. Me atrevo a sugerir, a modo de ejemplo, algunas actitudes calasancias que nos pueden ayudar en este hoy de nuestra Orden y que debemos intentar vivir y potenciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a-Descubrir lo que Dios nos pide&lt;br /&gt;a través de la realidad en la que nos encontramos. Discernir desde nuestra propia realidad y la de los niños y jóvenes a los que somos enviados. Esta ha de ser una de nuestras actitudes permanentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos de superar la tentación de que “ya sabemos lo que tenemos que hacer” o el riesgo de “no enterarnos de lo que nos pasa” o de lo que necesitan los jóvenes. Calasanz nos enseña que saber leer la realidad y tomar decisiones ante ella es fuente de vida y de fundación para las Escuelas Pías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos dedicado mucho esfuerzo este año a leer la realidad de las Escuelas Pías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, no basta. Hemos de convertirla en discernimiento. Yo os aseguro que las llamadas de la realidad nos deben poner en movimiento. Cito algunas, pensando sólo en nosotros mismos, en nuestra Orden. Son simples ejemplos sobre los que hemos reflexionado en este último Consejo de Superiores Mayores: Los jóvenes escolapios plantean que quieren vivir desde nuevos horizontes y tienen miedo de que lo que sueñan de jóvenes y aquellos valores en los que se forman luego no los puedan vivir con la plenitud que esperan. Y lo dicen con claridad. Piden participar en la construcción de nuevos horizontes para la Orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los religiosos expresamos que necesitamos que nuestras comunidades sean en verdad espacios de encuentro con Dios, de apoyo fraterno y de envío a la misión. Tenemos “nostalgia de una vida comunitaria mejor”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El número de personas laicas que viven integradas carismáticamente con la Orden y la calidad de esa integración, crecen progresivamente y nos plantean, gracias a Dios, nuevas preguntas y posibilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El valor en el que más tenemos que crecer como escolapios –eso dicen al menos nuestras encuestas y escritos- es “crecer en mentalidad de Orden”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos y otros muchos aspectos de nuestra realidad deben ser leídos como llamadas vocacionales que piden respuestas. Los escolapios estamos concebidos así: como personas que tienen en cuenta la realidad y toman decisiones. Lo mismo podríamos decir de los datos “externos a la Orden”, de las llamadas que nos hacen la sociedad y la juventud de hoy. Desbordaría las pretensiones de esta carta desarrollar este apartado. Sólo quiero resaltar una clave de fidelidad al fundador que debemos vivir: estar atentos a la realidad y atrevernos a dar respuestas, y a darlas con tesonera paciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;b-Somos hijos de un hombre obediente a la voluntad de Dios,&lt;br /&gt;al que se le van cerrando sus primeras opciones y se le van abriendo otras nuevas, diferentes, que Dios le tiene reservadas. Si eso no hubiera sido así, no existirían hoy las Escuelas Pías. Pues bien, hemos de estar convencidos de que tampoco existirán en el futuro, al menos como las quería Calasanz, si sólo piensan en sí mismas y en sus circunstancias (endogamia), si sólo dan cauce a lo seguro (conservadurismo), si sólo dan las respuestas que siempre se han dado (inmovilismo), si absolutizamos nuestras propias sensibilidades o convicciones (egocentrismo) o si funcionamos como si no tuviéramos una identidad clara y definida (indefinición). Nada de esto hace bien a la Orden, nada de esto provoca vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calasanz recorrió un camino nuevo. Pero no se perdió en él. La novedad la supo vivir desde la identidad. No estamos llamados a inventarnos nada, sino a vivir desde la fidelidad creativa. Esta es la guía del camino de Calasanz. Este ha de ser nuestro hilo conductor. Es Dios el que va cambiando la vida de Calasanz a través de sus búsquedas, opciones, fracasos y descubrimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;c-Sin duda que podríamos añadir más “actitudes fundacionales”&lt;br /&gt;de Calasanz que dan vida a su obra. No es el momento. Podríamos hablar de las mediaciones que utilizó para consolidad su obra (fue un hombre que supo buscar apoyos para dar con las repuestas que debía dar) o de su capacidad de intuir el futuro (fue un hombre que supo tomar las decisiones que eran posibles en el presente y que hacían viable el futuro –ese es el arte del gobierno-) o de su vivencia de la sencillez y de la pobreza (fue un hombre que transformó la vida de quienes le conocieron porque era realmente un hombre de Dios). ¡Tantas cosas! Lo que realmente quiero decir es que las Escuelas Pías deben seguir siendo obra del atrevimiento y de la paciencia de Calasanz. Y sólo lo serán si tenemos este “chip” en nuestros trabajos, en nuestra vida, en nuestro quehacer diario, expresado en tantas intuiciones que han hecho fortuna entre nosotros y que debemos esforzarnos en hacer reales, como, por ejemplo, “Calasanz nos une” o “Arraigados en Calasanz”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3-La Orden debe poner todo su esfuerzo&lt;br /&gt;en seguir profundizando sobre la vida, la persona, la obra y el carisma de Calasanz. No podemos permitirnos ni ser superficiales en el conocimiento del fundador ni carecer de personas que nos ayuden y acompañen en esto ni dejar de tomar aquellas opciones y decisiones que cuiden de esta “clave de vida de las Escuelas Pías”. Invito a los jóvenes a profundizar en el conocimiento de todas las dimensiones del fundador e invito a la Orden a tomarse en serio este desafío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Consejo de Superiores Mayores acaba de aprobar, a propuesta de la Congregación General, la creación de un “Secretariado Calasancio”. Estos son los objetivos iniciales con los que nace dicho Secretariado, que deberá estar formado por religiosos y laicos: impulsar el papel central del Fundador, en todas sus dimensiones, en la vida y revitalización de las Escuelas Pías / impulsar la formación calasancia en la Orden / suscitar y acompañar vocaciones de especial interés por lo calasancio en el conjunto de las Escuelas Pías / proponer acciones y dinámicas formativas en algunos núcleos fundamentales de nuestro carisma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda que le añadiremos más objetivos, pero es importante que este Secretariado nazca bien y ofrezca a la Orden nuevas posibilidades de seguir viviendo desde el fundador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4-El impulso de “lo calasancio” no es algo teórico.&lt;br /&gt;No se trata sólo de que hagamos cursos o de que publiquemos artículos, siendo ambas cosas fundamentales. No se trata sólo de “saber”, de “conocer”, sino de “vivir”. Pero caeríamos en un grave error si separáramos estos verbos. Debemos saber más de Calasanz, necesitamos profundizar más en las claves de su identidad carismática –motor de las Escuelas Pías-, es fundamental abrir nuestro carisma, de modo exigente, a las personas que lo descubren como propio. Pero el impulso de “lo calasancio” es mucho más que todo eso y por todos los lugares de la Orden experimentamos que así es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando anhelamos poner en red nuestras obras populares estamos diciendo que hay que potenciar más la identidad común. Cuando definimos los elementos de identidad de una obra escolapia (acabamos de aprobar, con rango capitular, los diez elementos básicos de la identidad calasancia de nuestro ministerio) estamos diciendo que por ahí circula nuestra mejor aportación. Cuando decimos que tenemos que formar a los formadores en aquellos aspectos que nos proporcionen más comunión estamos diciendo que deseamos ser una Orden más identificada con su propia naturaleza y razón de ser. Cuando proclamamos que debemos “crecer en mentalidad de Orden” estamos diciendo que sólo desde ahí podremos dar las respuestas que deseamos dar. Cuando insistimos en hacer posible la integración carismática de los laicos, desde opciones que supongan compromisos importantes y cambios de vida, estamos diciendo que vivir el carisma calasancio supone que el eje vital de las personas queda tocado por él y, por lo tanto, las personas viven un proceso de transformación. La vida real de las Escuelas Pías, hermanos, es Calasanz. Él palpita en nuestra realidad y la llama a revitalizarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengamos ojos para ver y oídos para escuchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termino. Seamos agradecidos a Dios por enriquecer a San José de Calasanz con caridad y paciencia para poder entregar su vida a la educación cristiana de los niños. Y pidámosle que nos ayude a conformar nuestra vida desde la claves de aquél que es para nosotros maestro de sabiduría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibid un abrazo fraterno&lt;br /&gt;Pedro Aguado, escolapio. Padre General&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-8227010889518548320?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/8227010889518548320/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=8227010889518548320' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/8227010889518548320'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/8227010889518548320'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/12/la-gratuidad-del-don-de-dios-p-aguado.html' title='La gratuidad del don de Dios (P. Aguado XII.2010)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-6477764280617121951</id><published>2010-11-29T07:44:00.000-08:00</published><updated>2010-11-29T07:47:29.408-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historia'/><title type='text'>Visita del Papa a España (P. Lombardi 7.XI.2010)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;P. Lombardi: en las palabras del Papa sobre el laicismo en España, no hay polémica&lt;br /&gt;Escrito por Ecclesia Digital&lt;br /&gt;domingo, 07 de noviembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Barcelona, 7 nov (EFE).- El portavoz vaticano, Federico Lombardi, ha dicho hoy en Barcelona que en las palabra del papa Benedicto XVI sobre el laicismo existente en España, que comparó con el anticlericalismo de la época de la II República, "no había ninguna intención polémica".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En las intenciones del Papa hay que excluir la polémica, el Pontífice sólo comentó el secularismo en Europa y en España y recordó algunos momentos de la historia", ha afirmado Lombardi en un encuentro con la prensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jesuita ha quitado importancia a la polémica generada por las palabras del Papa y ha asegurado que lo dicho en el avión, no era particularmente interesante, "simplemente se refirió al secularismo y en sus palabras no hay que buscar la confrontación".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Papa denunció en el avión que le llevaba a Santiago de Compostela desde Roma "el vivaz enfrentamiento entre fe y modernidad" en España, que dijo que le recordaba al "anticlericalismo y secularismo fuerte y agresivo de la década de los años treinta", durante la II República y la Guerra Civil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconoció que a lo largo de los siglos España ha sido un país "originario" de la fe y "exportador" de la misma, pero que de la misma manera "también es verdad que en España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como se dio en la década de los años treinta, y ese enfrentamiento, disputa entre fe y modernidad, ocurre también hoy de manera muy vivaz".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Papa, manifestó que para el futuro es "necesario que no haya un enfrentamiento, sino un encuentro entre fe y laicidad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portavoz Lombardi ha dicho también que el papa Benedicto XVI se lleva una "impresión muy positiva" de su visita a España y ha resaltado que el encuentro hoy con los Reyes en la basílica de la Sagrada Familia ha sido "muy familiar, para nada político".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benedicto XVI y don Juan Carlos y doña Sofía han hablado durante doce minutos a la llegada del Pontífice a la ya basílica de la Sagrada Familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Papa ha acogido con gran gratitud el regalo del Rey, una edición especial facsímil del Códice Aureo del siglo XI, uno de los más singulares de la época carolingia, que contiene los cuatro evangelios decorados con miniaturas y se conserva en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial desde el siglo XVI.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lombardi ha dicho que se trata de un libro "particularmente bello que enriquecerá la Biblioteca Vaticana".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la acogida del Papa por parte de los fieles, Lombardi ha indicado que Benedicto XVI se ha mostrado muy gratamente sorprendido por como le recibieron los jóvenes ayer a su llegada al arzobispado y hoy las gentes por las calles de Barcelona y en la basílica. EFE&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-6477764280617121951?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/6477764280617121951/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=6477764280617121951' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/6477764280617121951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/6477764280617121951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/11/visita-del-papa-espana-p-lombardi.html' title='Visita del Papa a España (P. Lombardi 7.XI.2010)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-3460592716511169397</id><published>2010-11-29T07:37:00.000-08:00</published><updated>2010-11-29T07:40:05.278-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Papa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Beatificación'/><title type='text'>HOMILÍA SANTA MISA CON OCASIÓN DEL AÑO SANTO COMPOSTELANO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;VIAJE APOSTÓLICO A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y BARCELONA&lt;br /&gt;6-7 DE NOVIEMBRE DE 2010)&lt;br /&gt;SANTA MISA CON OCASIÓN DEL AÑO SANTO COMPOSTELANO&lt;br /&gt;HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela&lt;br /&gt;Sábado 6 de noviembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En gallego:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benqueridos irmáns en Xesucristo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dou gracias a Deus polo don de poder estar aquí, nesta espléndida praza chea de arte, cultura e significado espiritual. Neste Ano Santo, chego como peregrino entre os peregrinos, acompañando a tantos deles que veñen ata aquí sedentos da fe en Cristo Resucitado. Fe anunciada e transmitida fielmente polos Apóstolos, como Santiago o Maior, ao que se venera en Compostela desde tempo inmemorial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Amadísimos Hermanos en Jesucristo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doy gracias a Dios por el don de poder estar aquí, en esta espléndida plaza repleta de arte, cultura y significado espiritual. En este Año Santo, llego como peregrino entre los peregrinos, acompañando a tantos como vienen hasta aquí sedientos de la fe en Cristo resucitado. Fe anunciada y transmitida fielmente por los Apóstoles, como Santiago el Mayor, a quien se venera en Compostela desde tiempo inmemorial.]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agradezco las gentiles palabras de bienvenida de Monseñor Julián Barrio Barrio, Arzobispo de esta Iglesia particular, y la amable presencia de Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, de los Señores Cardenales, así como de los numerosos Hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio. Vaya también mi saludo cordial a los Parlamentarios Europeos, miembros del intergrupo “Camino de Santiago”, así como a las distinguidas Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales que han querido estar presentes en esta celebración. Todo ello es signo de deferencia para con el Sucesor de Pedro y también del sentimiento entrañable que Santiago de Compostela despierta en Galicia y en los demás pueblos de España, que reconoce al Apóstol como su Patrón y protector. Un caluroso saludo igualmente a las personas consagradas, seminaristas y fieles que participan en esta Eucaristía y, con una emoción particular, a los peregrinos, forjadores del genuino espíritu jacobeo, sin el cual poco o nada se entendería de lo que aquí tiene lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una  frase de la primera lectura afirma con admirable sencillez: «Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor» (Hch 4,33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no se halla una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jesús justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo condenó por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que hará justicia a todos los injustamente humillados de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen» (Hch5,32), dicen los apóstoles. Así pues, ellos dieron testimonio de la vida, muerte y resurrección de Cristo Jesús, a quien conocieron mientras predicaba y hacía milagros. A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos. Así imitaremos también a San Pablo que, en medio de tantas tribulaciones, naufragios y soledades, proclamaba exultante: «Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2 Co 4,7).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a estas palabras del Apóstol de los gentiles, están las propias palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, y que invitan a vivir desde la humildad de Cristo que, siguiendo en todo la voluntad del Padre, ha venido para servir, «para dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28). Para los discípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de Él, incluso con los gestos más sencillos. Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la comunidad, basado en la lógica del amor y del servicio, Jesús se dirige también a los «jefes de los pueblos», porque donde no hay entrega por los demás surgen formas de prepotencia y explotación que no dejan espacio para una auténtica promoción humana integral. Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los jóvenes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la vía para que, renunciando a un modo de pensar egoísta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jesús, podáis realizaros plenamente y ser semilla de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es lo que nos recuerda también la celebración de este Año Santo Compostelano. Y esto es lo que en el secreto del corazón, sabiéndolo explícitamente o sintiéndolo sin saber expresarlo con palabras, viven tantos peregrinos que caminan a Santiago de Compostela para abrazar al Apóstol. El cansancio del andar, la variedad de paisajes, el encuentro con personas de otra nacionalidad, los abren a lo más profundo y común que nos une a los humanos: seres en búsqueda, seres necesitados de verdad y de belleza, de una experiencia de gracia, de caridad y de paz, de perdón y de redención. Y en lo más recóndito de todos esos hombres resuena la presencia de Dios y la acción del Espíritu Santo. Sí, a todo hombre que hace silencio en su interior y pone distancia a las apetencias, deseos y quehaceres inmediatos, al hombre que ora, Dios le alumbra para que le encuentre y para que reconozca a Cristo. Quien peregrina a Santiago, en el fondo, lo hace para encontrarse sobre todo con Dios que, reflejado en la majestad de Cristo, lo acoge y bendice al llegar al Pórtico de la Gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquí, como mensajero del Evangelio que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la Europa que peregrinó a Compostela. ¿Cuáles son sus grandes necesidades, temores y esperanzas? ¿Cuál es la aportación específica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Su aportación se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida. Solo Él es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detrás de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el corazón del hombre. Bien comprendió esto Santa Teresa de Jesús cuando escribió: “Sólo Dios basta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quería ensombrecer la verdadera fe bíblica en Dios, que envió al mundo a su Hijo Jesucristo, a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna (cf. Jn 3,16).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El autor sagrado afirma tajante ante un paganismo para el cual Dios es envidioso o despectivo del hombre: ¿Cómo hubiera creado Dios todas las cosas si no las hubiera amado, Él que en su plenitud infinita no necesita nada? (cf. Sab 11,24-26).  ¿Cómo se hubiera revelado a los hombres si no quisiera velar por ellos?  Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y cúspide de nuestra libertad; no su oponente. ¿Cómo el hombre mortal se va a fundar a sí mismo y cómo el hombre pecador se va a reconciliar a sí mismo? ¿Cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana? ¿Cómo lo más determinante de ella puede ser recluido en la mera intimidad o remitido a la penumbra? Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, ¿cómo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e imán de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla? Por eso, es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios. Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la percibamos así en la vida de cada día, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los años traen consigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese Dios y ese hombre son los que se han manifestado concreta e históricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perdón al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido sinónimos en nuestra historia, porque Cristo se dejó clavar en ella para darnos el supremo testimonio de su amor, para invitarnos al perdón y la reconciliación, para enseñarnos a vencer el mal con el bien. No dejéis de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y guía. ¡Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por él. La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, levantemos una mirada esperanzadora hacia todo lo que Dios nos ha prometido y nos ofrece. Que Él nos dé su fortaleza, que aliente a esta Archidiócesis compostelana, que vivifique la fe de sus hijos y los ayude a seguir fieles a su vocación de sembrar y dar vigor al Evangelio, también en otras tierras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En gallego:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que Santiago, o Amigo do Señor, acade abundantes bendicións para Galicia, para os demais pobos de España, de Europa e de tantos outros lugares alén mar onde o Apóstolo e sinal de identidade cristiá e promotor do anuncio de Cristo. Amen!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Que Santiago, el amigo del Señor, alcance abundantes bendiciones para Galicia, para los demás pueblos de España, de Europa y de tantos otros lugares allende los mares, donde el Apóstol es signo de identidad cristiana y promotor del anuncio de Cristo. Amen!]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-3460592716511169397?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/3460592716511169397/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=3460592716511169397' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3460592716511169397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/3460592716511169397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/11/homilia-santa-misa-con-ocasion-del-ano.html' title='HOMILÍA SANTA MISA CON OCASIÓN DEL AÑO SANTO COMPOSTELANO'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-2973742123665444439</id><published>2010-11-29T07:27:00.000-08:00</published><updated>2010-11-29T07:30:06.646-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Papa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><title type='text'>Declaraciones de Benedicto XVI 7.XI.2010</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;La entrevista completa de los periodistas del vuelo Papal a Benedicto XVI&lt;br /&gt;Escrito por Ecclesia Digital.&lt;br /&gt;domingo, 07 de noviembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicamos las respuestas de Benedicto XVI en un rueda de prensa concedida este sábado a los periodistas que le acompañaban en el vuelo papal rumbo a Santiago de Compostela. Las preguntas fueron expuestas, en nombre de los presentes, por el padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Información de la Santa Sede. Es una traducción de la agencia Zenit&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre Lombardi:&lt;br /&gt;Santidad, en el mensaje con motivo del reciente congreso de los santuarios que se celebraba precisamente en Santiago de Compostela, usted ha dicho que vive su pontificado con sentimientos de peregrino. También en su escudo aparece la concha del peregrino. ¿Quiere decirnos algo sobre la perspectiva de la peregrinación, también en su vida personal y en su espiritualidad, y sobre los sentimientos con los que se dirige como peregrino a Santiago?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benedicto XVI:&lt;br /&gt;¡Buenos días! Podría decir que estar en camino forma parte de mi biografía. Pero esto quizá es algo exterior; sin embargo, me ha hecho pensar en la inestabilidad de esta vida, en el hecho de estar en camino. Sobre la peregrinación uno podría decir: Dios está en todas partes, no hace falta ir a otro lugar, pero también es cierto que la fe, según su esencia, consiste en ser peregrino. La Carta a los Hebreos muestra la figura de Abraham, que sale de su tierra y se convierte en peregrino hacia el futuro por toda la vida, y este movimiento abrahámico sigue estando presente en el acto de fe, es un ser peregrino sobre todo interiormente pero debe expresarse también exteriormente. En ocasiones hay que salir de la vida cotidiana, del mundo de lo útil, del utilitarismo, para ponerse verdaderamente en camino hacia la trascendencia, trascenderse a sí mismo y la vida cotidiana, y así encontrar también una nueva libertad, un tiempo de replanteamiento interior, de identificación de sí mismo, para ver al otro, a Dios. Así es también siempre la peregrinación: no consiste sólo en salir de sí mismo hacia el más Grande, sino también en caminar juntos. La peregrinación congrega, vamos juntos hacia el otro y así nos encontramos recíprocamente. Basta decir que los caminos de Santiago son un elemento en la formación de la unidad espiritual del continente europeo, peregrinando aquí se ha encontrado la común identidad europea, y también hoy renace este movimiento, este sueño de estar en movimiento espiritual y físicamente, de encontrarse el uno con el otro y de encontrar silencio, libertad, renovación, y encontrar a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre Lombardi:&lt;br /&gt;Gracias, Santidad. Ahora dirigimos la mirada a Barcelona. ¿Qué significado puede tener la consagración de un templo como la Sagrada Familia al comienzo del siglo XXI? ¿Hay algún aspecto específico de la visión de Gaudí que le ha impresionado en particular?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benedicto XVI:&lt;br /&gt;En realidad, esta catedral es también un signo precisamente para nuestro tiempo. En la visión de Gaudí, percibo sobre todo tres elementos. El primero es la síntesis entre continuidad y novedad, tradición y creatividad. Gaudí tuvo la valentía de insertarse en la gran tradición de las catedrales, de atreverse en su siglo, con una visión totalmente nueva. Presenta esta catedral como lugar del encuentro entre Dios y el hombre en una gran solemnidad. Tiene la valentía de estar en la tradición pero con una creatividad nueva, que renueva la tradición, y demuestra así la unidad y el progreso de la historia. Es algo hermoso. En segundo lugar, Gaudí buscaba este trinomio: libro de la naturaleza, libro de la Escritura, libro de la liturgia. Y esta síntesis es precisamente hoy de gran importancia. En la liturgia, la Escritura se hace presente, se convierte en realidad hoy, no es una Escritura de hace dos mil años sino que es celebrada, realizada. En la celebración de la Escritura habla la creación, encuentra lo creado, y encuentra su verdadera respuesta, porque --como nos dice san Pablo-- la criatura sufre, y en lugar de ser destruida, despreciada, aguarda a los hijos de Dios, es decir, quienes la ven en la luz de Dios. Esta síntesis entre el sentido de la creación, la Escritura y la adoración es precisamente un mensaje muy importante para la actualidad. Y finalmente hay un tercer punto: esta catedral nació por una devoción típica del siglo XIX: san José, la Sagrada Familia de Nazaret, el misterio de Nazaret, pero esta devoción de ayer es de grandísima actualidad, porque el problema de la familia, de la renovación de la familia como célula fundamental de la sociedad, es el gran tema de hoy y nos indica hacia dónde podemos ir tanto en la edificación de la sociedad como en la unidad entre fe y vida, entre religión y sociedad. Expresa el tema fundamental de la Familia, diciendo que Dios mismo se hizo hijo en la familia y nos llama a edificar y vivir la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre Lombardi:&lt;br /&gt;Y continuando con esta línea, Gaudí y la Sagrada Familia representan, como usted ha dicho, el binomio entre fe y arte. ¿Cómo puede la fe volver a encontrar hoy su puesto en el mundo del arte y de la cultura? ¿Es éste uno de los temas importantes de su pontificado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benedicto XVI:&lt;br /&gt;Así es. Vosotros sabéis que yo insisto mucho en la relación entre fe y razón, en que la fe, y la fe cristiana, sólo encuentra su identidad en la apertura a la razón, y que la razón se realiza si trasciende hacia la fe. Pero del mismo modo es importante la relación entre fe y arte, porque la verdad, fin y vida de la razón, se expresa en la belleza y se autorrealiza en la belleza, se encuentra como verdad. Y donde está la verdad debe nacer la belleza. Donde el ser humano se realiza de modo correcto se expresa en la belleza. La relación entre verdad y belleza es inseparable y por eso tenemos necesidad de la belleza. En la Iglesia, desde el comienzo, incluso en la gran modestia y pobreza del tiempo de las persecuciones, la expresión de la salvación de Dios ha tenido lugar en las imágenes del mundo, en el arte, la pintura, en el canto, y luego también en la arquitectura. Todo esto es constitutivo para la Iglesia y sigue siendo constitutivo para siempre. De este modo, la Iglesia era madre de las artes por siglos y siglos. El gran tesoro del arte, música, arquitectura, pintura, ha nacido de la fe en la Iglesia. Actualmente hay un cierto disenso, pero esto daña tanto al arte como a la fe: el arte que perdiera la raíz de la trascendencia ya no se dirigiría hacia Dios, sería un arte escindido, perdería su raíz viva; y una fe que dejara el arte en el pasado, ya no sería fe en el presente. Hoy se debe expresar de nuevo como verdad, que está siempre presente. Por eso, el diálogo o el encuentro entre arte y fe está inscrito en la más profunda esencia de la fe. Debemos hacer todo lo posible para que también hoy la fe se exprese en arte auténtico, como Gaudí, en la continuidad y en la novedad, y para que el arte no pierda el contacto con la fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre Lombardi:&lt;br /&gt;En estos meses emprende su camino el nuevo dicasterio para la nueva evangelización. Y muchos se preguntan si precisamente España, con el desarrollo de la secularización y de la disminución de la práctica religiosa, es uno de los países en los que usted pensó como objetivo para este nuevo dicasterio o incluso como objetivo principal...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benedicto XVI:&lt;br /&gt;Con este dicasterio he pensando en el mundo entero porque la novedad del pensamiento, la dificultad de pensar en los conceptos de la Escritura, de la teología, es universal, pero se da un punto central, el mundo occidental, con su secularismo, su laicidad, y la continuidad de la fe que debe renovarse para ser la fe de hoy y para responder al desafío de la laicidad. En Occidente, todos los grandes países tienen su propio modo de vivir este problema: hemos tenido, por ejemplo, los viajes a Francia, a la República Checa, al Reino Unido, donde por todas partes está presente de modo específico para una nación, para una historia, el mismo problema. Y esto vale también de manera fuerte para España. España era siempre, por una parte, un país originario de la fe. Pensemos que el renacimiento del catolicismo en la época moderna ocurrió sobre todo gracias a España. Figuras como san Ignacio de Loyola, santa Teresa y san Juan de Ávila, son figuras que han renovado el catolicismo y conformado la fisonomía del catolicismo moderno. Pero también es verdad que en España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España: por eso, para el futuro de la fe y del encuentro --¡no el desencuentro!, sino encuentro-- entre fe y laicidad, tiene un foco central también en la cultura española. En este sentido, he pensado en todos los grandes países de Occidente, pero sobre todo también en España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre Lombardi:&lt;br /&gt;Con el viaje a Madrid del año próximo con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), usted habrá hecho tres viajes a España, algo que no ha tenido lugar con ningún otro país. ¿Por qué este privilegio? ¿Es un signo de amor o de particular preocupación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benedicto XVI:&lt;br /&gt;Naturalmente es un signo de amor. Se podría decir que es una coincidencia que venga tres veces a España. La primera visita fue el gran encuentro internacional de las familias, en Valencia: ¿cómo el Papa podría estar ausente si las familias del mundo se encuentran? El próximo año tiene lugar la JMJ, el encuentro de la juventud del mundo en Madrid, y en esa ocasión el Papa no puede estar ausente. Y finalmente tenemos el año santo de Santiago, y la consagración después de más de cien años de trabajo de la catedral de la Sagrada Familia de Barcelona. ¿Cómo no podía venir el Papa? Por tanto, las ocasiones son también los desafíos, casi una necesidad de ir. Ahora bien, precisamente el hecho de que precisamente en España se concentren tantas ocasiones muestra también que es realmente un país lleno de dinamismo, lleno de la fuerza de la fe, y la fe responde a los desafíos que están igualmente presentes en España. Por eso decimos que la casualidad ha hecho que venga, pero esta casualidad demuestra una realidad más profunda, la fuerza de la fe y la fuerza del desafío para la fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias, Santidad. Y ahora, si quiere decir algo más para concluir nuestro encuentro, ¿hay algún mensaje particular que usted espera dar a España y al mundo actual con este viaje?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Benedicto XVI:&lt;br /&gt;Yo diría que este viaje tiene dos temas: el tema de la peregrinación, estar en camino, y el tema de la belleza, la expresión de la verdad en la belleza, la continuidad entre tradición y renovación. Yo pienso que estos dos temas del viaje son también un mensaje: estar en camino, no perder el camino de la fe, buscar la belleza de la fe, la novedad y la tradición de la fe que sabe expresarse y sabe encontrarse con la belleza moderna, con el mundo de hoy. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Transcripción no oficial realizada por ZENIT. Traducción de Jesús Colina]&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-2973742123665444439?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/2973742123665444439/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=2973742123665444439' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2973742123665444439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2973742123665444439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/11/declaraciones-de-benedicto-xvi-7xi2010.html' title='Declaraciones de Benedicto XVI 7.XI.2010'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-2591224808629114088</id><published>2010-11-29T07:18:00.000-08:00</published><updated>2010-11-29T07:21:21.000-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benedicto XVI'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia'/><title type='text'>HOMILÍA CONSAGRACIÓN DE LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA Y DEL ALTAR</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;VIAJE APOSTÓLICO A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y BARCELONA&lt;br /&gt;(6-7 DE NOVIEMBRE DE 2010)&lt;br /&gt;CONSAGRACIÓN DE LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA Y DEL ALTAR&lt;br /&gt;HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&lt;br /&gt;Barcelona&lt;br /&gt;Domingo 7 de noviembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En catalán:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estimats germans i germanes en el Senyor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«La diada d’avui és santa, dedicada a Déu, nostre Senyor; no us entristiu ni ploreu… El goig del Senyor sarà la vostra força» (Ne 8, 9-11). Amb aquestes paraules de la primera lectura que hem proclamat vull saludar-vos a tots els qui us trobeu aquí presents participant en aquesta celebració. Adreço una salutació afectuosa a Ses Majestats els Reis d’Espanya, que han volgut acompanyar-nos cordialment. La meva salutació agraïda al Senyor Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arquebisbe de Barcelona, per les seves paraules de benvinguda i la seva invitació a dedicar aquesta Església de la Sagrada Família, suma admirable de tècnica, d’art i de fe. Saludo també al Cardenal Ricard Maria Carles Gordó, Arquebisbe emèrit de Barcelona, als altres Senyors Cardenals i Germans en l’Episcopat, especialment, al Bisbe auxiliar d’aquesta Església particular, com també als nombrosos sacerdots, diaques, seminaristes, religiosos i fidels que participen en aquesta solemne cerimònia. També adreço la meva deferent salutació a totes les Autoritats Nacionals, Autonòmiques i Locals, com també als membres d’altres comunitats cristianes, que s’han unit al nostre goig i a la nostra lloança agraïda a Déu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Amadísimos Hermanos y Hermanas en el Señor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Hoy es un día consagrado a nuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis… El gozo en el Señor es vuestra fortaleza» (Neh 8,9-11). Con estas palabras de la primera lectura que hemos proclamado quiero saludaros a todos los que estáis aquí presentes participando en esta celebración. Dirijo un afectuoso saludo a Sus Majestades los Reyes de España, que han querido cordialmente acompañarnos. Vaya mi saludo agradecido al Señor Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona, por sus palabras de bienvenida y su invitación para la dedicación de esta Iglesia de la Sagrada Familia, admirable suma de técnica, de arte y de fe. Saludo igualmente al Cardenal Ricardo María Carles Gordó, Arzobispo emérito de Barcelona, a los demás Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado, en especial, al Obispo auxiliar de esta Iglesia particular, así como a los numerosos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y fieles que participan en esta solemne ceremonia. Asimismo, dirijo mi deferente saludo a las Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales, así como a los miembros de otras comunidades cristianas, que se unen a nuestra alegría y alabanza agradecida a Dios.]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este día es un punto significativo en una larga historia de ilusión, de trabajo y de generosidad, que dura más de un siglo. En estos momentos, quisiera recordar a todos y a cada uno de los que han hecho posible el gozo que a todos nos embarga hoy, desde los promotores hasta los ejecutores de la obra; desde los arquitectos y albañiles de la misma, a todos aquellos que han ofrecido, de una u otra forma, su inestimable aportación para hacer posible la progresión de este edificio. Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y artífice de este proyecto: a Antoni Gaudí, arquitecto genial y cristiano consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el término de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es también, de algún modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creación artística y poética, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucaristía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alegría que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus orígenes, ha estado muy vinculado a la figura de san José. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: «San José acabará el templo». Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es José.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué hacemos al dedicar este templo? En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos dedicado este espacio sagrado a Dios, que se nos ha revelado y entregado en Cristo para ser definitivamente Dios con los hombres. La Palabra revelada, la humanidad de Cristo y su Iglesia son las tres expresiones máximas de su manifestación y entrega a los hombres. «Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo» (1 Co3,10-11), dice San Pablo en la segunda lectura. El Señor Jesús es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesión de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En Él tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de Él recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misión. La Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento  de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El único Cristo funda la única Iglesia; Él es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. Ésa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia. En este sentido, pienso que la dedicación de este templo de la Sagrada Familia, en una época en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios. Él mismo, abriendo así su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. Así expresaba el arquitecto sus sentimientos: «Un templo [es] la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa afirmación de Dios lleva consigo la suprema afirmación y tutela de la dignidad de cada hombre y de todos los hombres: «¿No sabéis que sois templo de Dios?... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros» (1 Co 3,16-17). He aquí unidas la verdad y dignidad de Dios con la verdad y la dignidad del hombre. Al consagrar el altar de este templo, considerando a Cristo como su fundamento, estamos presentando ante el mundo a Dios que es amigo de los hombres e invitando a los hombres a ser amigos de Dios. Como enseña el caso de Zaqueo, del que se habla en el Evangelio de hoy (cf. Lc 19,1-10), si el hombre deja entrar a Dios en su vida y en su mundo, si deja que Cristo viva en su corazón, no se arrepentirá, sino que experimentará la alegría de compartir su misma vida siendo objeto de su amor infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iniciativa de este templo se debe a la Asociación de amigos de San José, quienes quisieron dedicarlo a la Sagrada Familia de Nazaret. Desde siempre, el hogar formado por Jesús, María y José ha sido considerado como escuela de amor, oración y trabajo. Los patrocinadores de este templo querían mostrar al mundo el amor, el trabajo y el servicio vividos ante Dios, tal como los vivió la Sagrada Familia de Nazaret. Las condiciones de la vida han cambiado mucho y con ellas se ha avanzado enormemente en ámbitos técnicos, sociales y culturales. No podemos contentarnos con estos progresos. Junto a ellos deben estar siempre los progresos morales, como la atención, protección y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado (cf. Jn 6,29).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos, al dedicar este espléndido templo, suplico igualmente al Señor de nuestras vidas que de este altar, que ahora va a ser ungido con óleo santo y sobre el que se consumará el sacrificio de amor de Cristo, brote un río constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apostólica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En catalán:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desitjo, finalment, confiar a l’amorosa protecció de la Mare de Déu, Maria Santissima, Rosa d’abril, Mare de la Mercè, tots els aquí presents, i tots aquells que amb paraules i obres, silenci o pregària, han fet possible aquest miracle arquitectònic. Que Ella presenti al seu diví Fill les joies i les penes de tots els qui vinguin en aquest lloc sagrat en el futur, perquè, com prega l’Església en la dedicació dels temples, els pobres trobin misericòrdia, els oprimits assoleixin la llibertat veritable i tots els homes es revesteixin de la dignitat dels fills de Déu. Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Deseo, finalmente, confiar a la amorosa protección de la Madre de Dios, María Santísima, Rosa de abril, Madre de la Merced, a todos los que estáis aquí, y a todos los que con palabras y obras, silencio u oración, han hecho posible este milagro arquitectónico. Que Ella presente también a su divino Hijo las alegrías y las penas de todos los que lleguen a este lugar sagrado en el futuro, para que, como reza la Iglesia al dedicar los templos, los pobres puedan encontrar misericordia, los oprimidos alcanzar la libertad verdadera y todos los hombres se revistan de la dignidad de hijos de Dios. Amén.]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-2591224808629114088?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/2591224808629114088/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=2591224808629114088' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2591224808629114088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/2591224808629114088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/11/homilia-consagracion-de-la-iglesia-de.html' title='HOMILÍA CONSAGRACIÓN DE LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA Y DEL ALTAR'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-538998078831136837</id><published>2010-11-29T07:09:00.000-08:00</published><updated>2010-11-29T07:15:37.693-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escuela Pía'/><title type='text'>Gratitud por nuestros mayores (P. Aguado XI,2010</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;In memoriam…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carta a los Hermanos&lt;br /&gt;P. Pedro Aguado, escolapio&lt;br /&gt;P. General&lt;br /&gt;noviembre de 2010&lt;br /&gt;Ephemerides Calasanctianae&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos hermanos, permitidme una carta un poco diferente de las que en los últimos meses os he dirigido. Os escribo esta salutatio a los pocos días de recibir la noticia de la muerte del P. Jesús Etxarri, de la Provincia Emaús, en nuestro colegio de Pamplona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda que todos tenéis en vuestra memoria y en vuestro corazón el nombre de dos o tres personas de las que habéis aprendido a ser escolapios. Religiosos que han sabido sacar lo mejor de vosotros mismos y que os han servido de ejemplo, de padre, de maestro y de ayuda en el camino. Yo tengo unos cuantos, pero sobre todo dos: Fernando Legarreta (Lekun) y Jesús Etxarri. Jesús nos ha dejado hace pocos días, a finales de septiembre. No pude estar en su funeral porque estaba comprometido en Montecalvo Irpino para celebrar los 300 años del nacimiento de San Pompilio. Desde allí, bautizando a siete niños en la Memoria del Bautismo de San Pompilio, recé a Dios por la Vida plena del P. Jesús Etxarri.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De él aprendí a dar clase, a descubrir la centralidad de la Eucaristía, a celebrarla pensando siempre en aquellos con quienes lo hago, a valorar la vida comunitaria… ¡tantas cosas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, en homenaje a él, he pensado escribiros esta breve carta sobre la gratitud que todos debemos a nuestros mayores, a los escolapios que nos han precedido en la Orden y que han entregado lo mejor de sí mismos por las Escuelas Pías, por los niños y jóvenes, y por quienes llamábamos a las puertas de la Orden para ser escolapios y que éramos acogidos con cariño, esperanza y dedicación. Somos escolapios –también- porque otros lo han sido. No lo olvidéis nunca. Sin ellos, sin su tiempo y testimonio, sin su paciencia y entrega, no estaríamos aquí. La Orden es el resultado de una larga cadena vocacional en la que unos pasan el testigo a otros. Seamos agradecidos por quienes nos han precedido, de todo corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaría ofreceros algunas sencillas sugerencias para poder vivir este agradecimiento. Son pequeñas, pero os las ofrezco deseando contribuir con esta reflexión al gran objetivo en el que estamos metidos: construir Escuelas Pías. La Orden no se construye sólo con ideas, proyectos o estructuras, sino, sobre todo, a través de una red de amor, de vocación compartida, de testimonio entregado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso agradecemos a Dios por los que nos han precedido en el camino escolapio y duermen el sueño de la paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1-Hay una frase muy conocida&lt;br /&gt;de Voltaire –desde luego, alguien nada sospechoso de valorar nuestra vida- sobre los religiosos: “se juntan sin conocerse, viven sin amarse y mueren si llorarse”. Todos la hemos escuchado alguna vez, y a todos, estoy seguro, nos ha hecho pensar. Sabemos que esta afirmación no es verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también sabemos que necesitamos vivir nuestra vida “conociéndonos, amándonos y llorándonos más”. Nuestra vida familiar se teje, en parte, a través de las relaciones humanas, aunque es mucho más que eso, pues el eje central es el testimonio de la fe. Pero esto segundo es imposible sin lo primero, y, más aún, nuestro modo de vida suele ser frecuentemente expresión, clara o contradictoria, de la autenticidad de nuestra razón de existir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2-Me gustaría resaltar un segundo aspecto&lt;br /&gt;que tiene que ver con nuestros mayores y su recuerdo. En muchas ocasiones solemos hablar de las claves de nuestra vida, y normalmente tratamos de formar a nuestros jóvenes para que vivan con autenticidad lo esencial de la vida religiosa escolapia. ¿Habéis probado alguna vez a explicar nuestra vida hablando de nuestros mayores? Yo os aseguro que es una extraordinaria experiencia. En todas nuestras demarcaciones tenemos ejemplos preciosos de los que podemos hablar. Os invito a pensar en ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os puedo decir que a lo largo de estos meses he recibido ya muchos testimonios, en diversas demarcaciones, de religiosos fallecidos hace poco tiempo cuya vida resalta de modo diáfano alguna característica importante de nuestro ser escolapio. Por ejemplo: el P. Dino Bravieri, como ejemplo de síntesis entre ciencia y espiritualidad, entre Piedad y Letras, el P. Jesús Fernández, cuya vida nos puede servir para explicar lo que significa la santidad en la vida cotidiana del escolapio, el P. José Ramón Ferrís, un maestro en saber acercarse el corazón de los jóvenes, el P. Josef Horvátik, testimonio de amor por la Orden y audacia para hacerla posible, el P. Alejandro García Durán, Chinchachoma, expresión extraordinaria de la centralidad del niño pobre en la vida escolapia, el P. José Mateo, valioso ejemplo de ponderación y de mentalidad de Orden, y tantos otros. No quiero hacer un elenco completo. Sé que la lista podría ser muy larga, pero no es mi objetivo en esta carta; os ruego que lo comprendáis. Sólo quiero proponeros que hablemos a nuestros jóvenes de nuestros mayores. Ellos necesitan saber que sus sueños son posibles, y necesitan verlo en quienes van por delante de ellos. Es un modo privilegiado de construir Escuelas Pías, no lo dudéis. Hablemos de nuestros ideales, pero hagámoslo también presentándolos de modo encarnado; es el modo en el que deseamos vivirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3-Hace un tiempo compartí una asamblea con un grupo de religiosos.&lt;br /&gt;Habían dedicado la tarde a hacer “memoria agradecida” de sus mayores. Habían disfrutado proyectando sus fotografías, habían dedicado tiempo a contar sus anécdotas y experiencias sobre cada uno de ellos, habían preparado algunas presentaciones de la “vida y milagros” de cada uno y habían terminado con una Eucaristía de acción de gracias por ellos y una buena cena fraterna. Al día siguiente tenían comigo la sesión de trabajo. Me pareció un buen ejemplo a seguir, una idea que nos puede ayudar a vivir con más hondura humana y religiosa la despedida de quienes nos preceden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4-Somos corresponsables con ellos en la construcción de la Orden.&lt;br /&gt;Esta es una afirmación que quiero resaltar con claridad. A lo largo de este año me habéis oído hablar con frecuencia de que estamos “construyendo Escuelas Pías”. Lo digo para resaltar la actitud con la que nos tenemos que situar en este momento en el hoy de nuestra Orden: tenemos que ser escolapios en actitud de corresponsabilidad con los desafíos fundamentales que tenemos planteados. Pues bien, me gustaría resaltar en este contexto el valor de la vida de todos los escolapios. De todos y cada uno. De los que están en las publicaciones de los “escolapios ilustres” y de los que simplemente están en el Catálogo. Todos los escolapios contribuimos al bien de la Orden, y todos hemos de estar mutuamente agradecidos. Cuando recordamos a nuestros difuntos hemos de hacerlo también desde esta perspectiva, agradeciendo a Dios todo lo bueno que nos han sabido dar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5-San José de Calasanz tiene una frase muy bonita&lt;br /&gt;para hablarnos de la oración por nuestros difuntos. Dice que “no debemos dejar caer en el olvido, tras la muerte, a quienes durante esta vida de observancia religiosa hemos tenido como hermanos en Cristo” (CC82). Nos pide que recemos por ellos y que les recordemos ante Dios. Oramos por los nuestros, con todo el corazón. Sin duda que todos tenemos nuestra propia sensibilidad ante la oración por los nuestros, pero es muy importante que lo hagamos. Con ella aprendemos a ponernos en las manos de Dios, también nosotros. A través de ella crecemos en agradecimiento, en esa oración nos sentimos más escolapios, a través de ella nos hacemos más conscientes de nuestra pequeñez, y por ella nos acercamos al amor de Dios por nuestros hermanos, implorando de Él la plenitud de la Vida para quienes en vida fueron testigos de su amor. Cuidemos esta oración, hagámosla con cariño, con cuidado, con tiempo. También esta oración contribuye a la calidad de la vida de la comunidad y a la conciencia de pertenencia a la Orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6-El recuerdo de los nuestros, cariñoso y creyente,&lt;br /&gt;nos ayudará, sin duda, a seguir viviendo, a seguir adelante en nuestra vida escolapia. Orar por ellos, ponerles en las manos de Dios, nos ayuda a entender qué significa vivir desde Dios. Pedir para otros la plenitud de la Vida nos ayuda a vivir con creciente sentido, desde nuestra pequeñez. Sin duda que la convicción de que “quien deja todo por Jesús recibirá cien veces más, y en la edad futura la vida definitiva” (Lc 18, 30) ha sostenido e iluminado el camino de la ancianidad y de la enfermedad de muchos de nuestros mayores. Es muy importante que esta experiencia de fe guíe la vida de todos nosotros, tengamos la edad que tengamos: somos llamados a la plenitud, que se ofrece como don al seguidor de Jesús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, el mejor homenaje al que se va es seguir viviendo, y hacerlo en plenitud. Vivir desde las mejores opciones que nos han dejado quienes han sido escolapios antes que nosotros. Nuestra fe nos lo recuerda constantemente, y en la ocasión de las despedidas se nos hace más patente: tenemos un hogar en la presencia de Dios. Él nos espera y nos lo ofrece. Nuestra vida debe ser vivida en plenitud aquí, y será llevada a plenitud por Dios. Lo primero es nuestro desafío; lo segundo es nuestro regalo. Lo primero es tarea, lo segundo es don. Y los dos son inseparables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De muchos escolapios podemos decir que nos han enseñado esta verdad fundamental: vivir en plenitud aquí, esperar con nostalgia la plenitud de Dios. La fe no es una “respuesta fácil”. Hay que profundizar en ella para que la fe pueda ofrecer esperanza. Hemos de seguir viviendo, como homenaje al que se va, y como respuesta a nuestras propias preguntas. Vale la pena la vida, si lo esencial es hacer que otros vivan, si lo que buscamos es compartir nuestro vivir. Si vivimos la vida como un regalo, nos será más fácil compartirla. Si la entendemos como un don, aprenderemos a entregarla. Ahora, a través de nuestra entrega; luego, confortados por el amor de Dios. Esa es nuestra fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos cuesta entender eso de las verdades del cielo. ¿Sabéis por qué? Porque no sabemos vivir con plenitud nuestra vida concreta. No podemos entender la plenitud si nuestra vida es pequeña y sin horizontes. Ojalá sepamos vivir nuestra vida escolapia dotándola de pequeños signos de plenitud, de una plenitud que es, para nosotros, la pequeñez habitada por Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este modo podremos seguir sintiéndonos animados y fortalecidos en nuestra vocación también por quienes nos han dejado. Podemos, por ejemplo, crecer en amor por Calasanz recordando al P. Augusto Subías o en ganas de vivir para trabajar en nuestra misión recordando al P. Nicolás Díaz, o en servicio y dedicación a los hermanos recordando al P. José Antonio García Nuño, o en fidelidad vocacional teniendo presente el testimonio de la vida del P. Hartmann Thaler. Podemos hacer mucho más larga la lista, hasta llegar al testimonio pleno que hemos recibido de lo que significa la confianza incondicional en Dios y la pasión por la misión, agradeciendo a Dios la paternidad de San José de Calasanz para con todos nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta carta llegará a vuestras manos el 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, día en el que agradecemos a Dios el don de la Vida plena que nos concede, y en la víspera de la oración por nuestros difuntos. Me uno a toda esa cadena de oración agradecida con la mía propia, pidiendo a Dios que nuestra oración por nuestros mayores nos cambie y nos transforme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre, danos la sabiduría de lo alto; que sepamos valorar y acoger a los hermanos; haznos sencillos y sinceros con todos, accesibles a los pequeños, comprensivos y serviciales. Bendícenos a todos, para que nos mantengamos en apertura a los valores de tu Reino. Acuérdate de los enfermos y necesitados, de los que sufren más las dificultades de la vida. Acuérdate de los que han compartido ya la muerte de los pobres con Cristo, especialmente de nuestros hermanos escolapios, a quien ponemos en tus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibid un abrazo fraterno&lt;br /&gt;Pedro Aguado&lt;br /&gt;Padre General&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-538998078831136837?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/538998078831136837/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=538998078831136837' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/538998078831136837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/538998078831136837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/11/gratitud-por-nuestros-mayores-p-aguado.html' title='Gratitud por nuestros mayores (P. Aguado XI,2010'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-5178166727287643652</id><published>2010-11-29T01:19:00.000-08:00</published><updated>2010-11-29T01:21:22.507-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nicaragua'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Documento'/><title type='text'>MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE NICARAGUA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Dado en San Marcos, a los 17 días del mes de noviembre del año 2010.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nuestros Sacerdotes, Religiosos (as), agentes de pastoral, pueblo católico, hermanos en la fe cristiana, nicaragüenses, hombres y mujeres de buena voluntad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracia y paz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Al concluir los trabajos de nuestra Asamblea Ordinaria Anual del 2010, los Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua deseamos hacer llegar a todos la bendición de Dios a través del apostólico saludo bíblico de “gracia y paz” (cf. Rom 1,7; 1Cor 1,3; Ef 1,2; Gal 1,3; 1Tes 1,1), conscientes de que sólo la “gracia”, el amor de Dios gratuito y salvador, y la “paz”, que es reconciliación de los hombres con Dios y de los hombres entre sí, llenan de sentido la existencia de cada ser humano y posibilitan una convivencia humana basada en la caridad y la justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. A pocos días de que el Santo Padre Benedicto XVI ha publicado la Exhortación Apostólica Verbum Domini, sobre la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia, nos presentamos ante ustedes como “servidores de la Palabra” (Lc 1,2), protegidos y alimentados con ella como en un regazo materno (cf. Pastores Gregis, 15). Al dirigirles este mensaje, queremos ser eco de la Palabra de Dios que hemos acogido y meditado, pues nos mueve la profunda convicción de creyentes y de pastores de que “no podemos guardar para nosotros las palabras de vida eterna que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo: son para todos, para cada hombre (…). Nos corresponde a nosotros la responsabilidad de transmitir lo que, a su vez, hemos recibido por gracia” (Verbum Domini, 91).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El magisterio social de la iglesia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Dando continuidad a nuestro mensaje del 23 de abril de este año, reiteramos que la Iglesia no ofrece soluciones técnicas y no instituye ni propone sistemas o modelos de organización social (Cf. Sollicitudo rei socialis, 41), pues no corresponde a la misión que Cristo le ha encomendado. La Iglesia posee la competencia que le viene de la sabiduría de vida y del mensaje liberador del Evangelio de Cristo, y es desde él que para la Iglesia “derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina” (Gaudium et Spes, 42).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Aún sabiendo que no puede emprender la empresa política de realizar la sociedad más justa posible, ni sustituir al Estado, la Iglesia tampoco desea quedarse al margen de la búsqueda y la construcción de la justicia y de la paz, iluminando y abriendo la inteligencia y estimulando fuerzas espirituales que llevan a abrir la voluntad a las exigencias del bien y la verdad (cf. Deus Caritas est, 28). La palabra de la Iglesia en materia social y política no es, pues, una intrusión  abusiva, sino un servicio a la formación de las conciencias en la política. La Iglesia tiene el derecho de ser para el hombre maestra de la verdad de fe; no sólo de la verdad del dogma, sino también de la verdad moral que brota de la misma naturaleza humana y del Evangelio (cf. Dignitatis humanae, 14; Veritatis Splendor, 27.64.110).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Situación actual del país&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Desde la publicación de nuestro mensaje de abril pasado la realidad social y política de Nicaragua lamentablemente no ha mejorado, antes bien algunas de las situaciones a las que nos referíamos continúan agravándose. La “ley” sigue siendo paradójicamente un mecanismo para legitimar abusos y hacer pasar por legal lo que es ilegal; el “derecho” parece ser cada vez más un instrumento para legalizar en modo artificioso las estructuras de poder y las ambiciones personales; el “Estado” da la impresión de ser un entramado de instituciones al servicio de intereses particulares y de grupo. Toda esta situación tiene graves repercusiones para el desarrollo económico del país, la solución sostenida de los grandes problemas sociales y la gobernabilidad estable a largo plazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. El momento que vive el país se vuelve aún más complejo dado que los grupos y partidos existentes no logran interpretar los anhelos de gran parte de la población y  colaborar constructiva y responsablemente en la dinámica de la democracia. Es normal que en una sociedad democrática como la nuestra existan partidos y grupos con ideologías e intereses específicos, sin embargo “los partidos políticos han de promover todo lo que, a juicio suyo, se requiera para el bien común; pero en ningún caso traten de anteponer sus propios intereses al bien común” (Gaudium et Spes, 75).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7. Exhortamos a toda la clase política del país para que personas y grupos abran su corazón y su mente hacia las grandes aspiraciones de la mayoría de nuestro pueblo, que vean de cerca sus sufrimientos, entiendan su lenguaje y su modo de pensar y aprecien sus criterios valorativos y sus prioridades existenciales. El pueblo de Nicaragua anhela una sociedad nueva, donde se viva sin ningún tipo de temor, donde las instituciones estatales estén realmente al servicio del bien común y en donde la  actividad política se vea liberada de toda sombra de corrupción, que es una de las peores deformaciones del sistema democrático (Cf. Sollicitudo rei  socialis, 42) Para ello los políticos deben superar viejos esquemas que han dañado al país, permitiendo a un grupo de privilegiados decidir el destino de todos; deben renunciar a seguir concibiendo la política como medio para obtener privilegios sociales y ventajas económicas y abrirse progresivamente a los grandes valores evangélicos (caridad, modestia, generosidad, humildad, honestidad, etc.) que favorecen la práctica de la política con espíritu de servicio (cf. Christifideles laici, 42). Para la realización de estas aspiraciones es decisiva la función de los medios de comunicación social, a quienes exhortamos  para colaborar en el logro de la verdadera reconciliación entre los nicaragüenses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. Junto a todo el pueblo nicaragüense afirmamos la absoluta soberanía de Nicaragua sobre el Río San Juan como algo indiscutible e innegociable para el país. Esperamos que este conflicto se resuelva en el menor tiempo posible por las vías del dialogo, los cauces diplomáticos y el respeto al derecho internacional. Sin embargo nos preocupa que la reciente crisis surgida en torno al tema distraiga la atención del gobierno y de los ciudadanos y nos lleve a ignorar y no afrontar los graves problemas internos de la nación. Los grandes problemas socio-económicos, la crisis institucional no resuelta y el reto de un año electoral a las puertas, nos exigen a todos atención y responsabilidad para colaborar, cada uno desde sus propias posibilidades, sin minimizar la situación y sin caer en la resignación, en la búsqueda de caminos de solución para tan graves dificultades que afectan el presente y el futuro del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año de oración por Nicaragua&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. Estamos convencidos de que, dada la complejidad de la situación del país y la gran rapidez con que cambian los escenarios políticos, es el momento de hacer una clara opción por la oración. Proclamamos para toda la Iglesia el año 2011 como un “Año de oración por Nicaragua”. En su debido momento daremos mayores indicaciones prácticas sobre ello. No podemos ignorar que para los cristianos la oración es el primer aporte y la mayor contribución que podemos hacer en la transformación de la historia. Cuando oramos no invocamos soluciones mágicas, no lo hacemos para sentirnos libres de compromisos y responsabilidades, sino porque estamos convencidos de que la historia no es sólo el escenario en que actúan las voluntades humanas sino el ámbito en que Dios hace llegar su Reino de caridad, justicia y paz. Con razón Jesús nos ha enseñado a pedir: “venga a nosotros tu Reino”. Por eso cuando oramos permitimos misteriosamente que la fuerza del Señor Resucitado fecunde y cambie la historia, nos hacemos eco de las aspiraciones de paz y justicia de todo nuestro pueblo y sobre todo tomamos conciencia de nuestra propia responsabilidad en el cambio social. Por todo ello, exhortamos a todo el pueblo católico a acoger nuestro llamado a vivir personal y comunitariamente el próximo año 2011 como “Año de oración por Nicaragua”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conclusión&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. Como ya hemos venido anunciando en los últimos meses, nos sentimos agradecidos con el Señor y llenos de gozo de poder celebrar en el año 2013 el primer centenario de la erección de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua, que congrega a las distintas diócesis de nuestro país en una estructura que fomenta continuamente entre ellas y entre sus Obispos recíprocas relaciones de fe y de colaboración pastoral (cf. Codex iuris canonici, 431). Por lo que invitamos al pueblo católico de Nicaragua a que nos acompañen con su presencia y sus oraciones en la misa de inauguración de los tres años de preparación de este acontecimiento que tendremos en la santa iglesia catedral de León el 2 de diciembre del presente año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. Con este mensaje no hemos pretendido abordar todos los tópicos de la realidad eclesial y nacional. Por ello deseamos mantenernos en actitud de discernimiento orante frente a la realidad nacional y los próximos desarrollos de la política del país, “examinándolo todo” a la luz del Espíritu de Dios (cf. 1Tes 5,20-21) y en comunión con todo nuestro pueblo creyente. De este modo podremos continuar ejerciendo nuestro ministerio pastoral al servicio de la construcción de un país más humano y solidario, más desarrollado y democrático. Que María, La Purísima, “madre de la Palabra encarnada” (Deus Caritas est, 41) y madre y reina de Nicaragua, interceda por el presente y futuro de nuestra patria, por cada uno de los nicaragüenses y sus familias y ayude a nuestra Iglesia a imitarla a Ella, “tanto en la actitud de escucha orante como en la generosidad del compromiso en la misión y el anuncio” (Verbum Domini, 28).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado en San Marcos, a los 17 días del mes de noviembre del año 2010.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+Mons. Leopoldo José Brenes Solórzano&lt;br /&gt;Arzobispo Metropolitano de Managua&lt;br /&gt;Presidente de la CEN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+ Mons. Juan Abelardo Mata Guevara&lt;br /&gt;Obispo de Estelí&lt;br /&gt;Vicepresidente de la CEN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+Mons. Sócrates René Sándigo Jirón&lt;br /&gt;Obispo de Juigalpa&lt;br /&gt;Secretario General de la CEN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+Mons. David Zywiec Sidor Ofm. Cap.&lt;br /&gt;Obispo auxiliar del Vicariato Apostólico de Bluefields&lt;br /&gt;Ecónomo General de la CEN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+ Mons. Silvio José Baez OCD&lt;br /&gt;Obispo Auxiliar de Managua&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+Mons. Jorge Solórzano Pérez&lt;br /&gt;Obispo de Granada&lt;br /&gt;Administrador Apostólico de Matagalpa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+Mons. Pablo Schmitz Simon. Ofm Cap.&lt;br /&gt;Obispo del Vicariato Apostólico de Bluefields&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+Mons. Carlos Enrique Herrera  Gutiérrez&lt;br /&gt;Obispo de Jinotega&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+Mons. Bosco Vivas Robelo&lt;br /&gt;Obispo de León&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-5178166727287643652?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/5178166727287643652/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=5178166727287643652' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/5178166727287643652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/5178166727287643652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/11/mensaje-de-la-conferencia-episcopal-de.html' title='MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE NICARAGUA'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-280171343626107283</id><published>2010-10-30T06:17:00.000-07:00</published><updated>2010-10-30T06:21:23.334-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexión'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='General'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escuela Pía'/><title type='text'>Reflexión sobre la vocación (P. Aguado IX.2010)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;El 12 de septiembre -2010- el P. General envió a los participantes en el encuentro –juniores de Italia y Centroeuropa- una extensa reflexión sobre la vocación y una invitación cordial a vivirla en profundidad. A continuación presentamos un fragmento tomado del capítulo dedicado al amor por la Orden y a la disponibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Queridos hermanos, todos formáis parte de la Orden. Lleváis en ella pocos años, pero la amáis con todo el corazón y sois amados por ella desde el compromiso de ayudaros a crecer y ser escolapios en plenitud. Hoy, más que nunca, amar a la Orden significa conocer y asumir, con un compromiso creciente, las grandes opciones desde las que las Escuelas Pías quieren servir, en la Iglesia, a la causa de la educación evangelizadora de los niños y jóvenes, encarnada como un carisma en la vida de San José de Calasanz y ofrecida a los escolapios como don y tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os propongo que profundicéis en esta vuestra pertenencia a la Orden. Os invito a amar profundamente a vuestra Provincia sabiendo que al hacerlo, amáis a la Orden. Os pido que hagáis crecer en vuestro corazón el don de la disponibilidad, pidiendo a Dios que os fortalezca para estar siempre disponibles a lo que las Escuelas Pías pidan de cada uno de vosotros. Todo esto, hermanos, es también una tarea espiritual, hemos de vivirlo y alimentarlo también desde la oración.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ephemerides Calasanctianae&lt;br /&gt;Estudiantes de Italia y Europa Central&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28838557-280171343626107283?l=secviccentmagisterio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/feeds/280171343626107283/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28838557&amp;postID=280171343626107283' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/280171343626107283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28838557/posts/default/280171343626107283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://secviccentmagisterio.blogspot.com/2010/10/reflexion-sobre-la-vocacion-p-aguado.html' title='Reflexión sobre la vocación (P. Aguado IX.2010)'/><author><name>Alforja Calasanz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05379379467824601198</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='28' src='http://3.bp.blogspot.com/_tGOV4qBdoe4/Sum6CrmB4pI/AAAAAAAARJc/3J3nvXZg8ZU/S220/Sandalias.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28838557.post-8669807182867180721</id><published>2010-09-29T07:34:00.002-07:00</published><updated>2010-09-29T07:38:26.431-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reino Unido'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Papa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magisterio'/><title type='text'>Benedicto XVI - Monición - CELEBRACIÓN ECUMÉNICA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;PALABRAS INTRODUCTORIAS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI EN EL REZO DE VÍSPERAS&lt;br /&gt;Abadía de Westminster - City of Westminster&lt;br /&gt;Viernes 17 de septiembre de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuestra Gracia,&lt;br /&gt;Señor Decano,&lt;br /&gt;Queridos amigos en Cristo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os agradezco vuestra amable acogida. Este no
