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Wednesday, August 13, 2008

Bta. Celestina Donati

FIESTA DE SANTIDAD EN FAMILIA
Jesús María Lecea. Escolapio. Padre General

Escribo la salutatio en Roma pero con el alma todavía en Florencia, donde los días 29, 30 y 31 de marzo de este año participé, con la casi totalidad de la Comunidad de San Pantaleón, en las celebraciones de la Beatificación de Madre Celestina Donati, Fundadora de las Hermanas Calasancias Pobres de San José de Calasanz (Suore Calasanziane). Un conjunto de actos de tono austero y sencillo, pero bien preparados hasta el mínimo detalle y mejor desarrollados con profunda y gozosa unción religiosa. Un estilo, pues, muy a lo Calasanz, quien evitaba todo boato y artificio grandilocuente en las celebraciones. Una solemne dignidad le dio el marco bellísimo y monumental de Florencia: la bellísima Catedral de Santa María del Fiore (de la Flor), coronada por la magnífica cúpula de Brunelleschi, y enfrente las Puertas del Paraíso de Ghiberti, que dan paso al extraordinario Baptisterio, que sirvió de sacristía.

La afluencia fue numerosa. La Familia Calasancia estuvo representada por las Escolapias, las Calasancias de la Divina Pastora, el Instituto Cavanis, las Religiosas del Provolo y nosotros, Escolapios, venidos de diferentes lugares de Italia. Una nueva cita para celebrar la santidad en familia. Un nuevo reto, porque tener santos en la familia es permanecer constantemente interpelados hacia la santidad. Si ellos pudieron ¿por qué no los demás? ¿Por qué no también nosotros? El dicho latino sonaba con fuerza: maiorum vestigia sectando! Seguir las huellas de los que nos precedieron: Calasanz, Pompilio, Montal, Casani y Faustino, los beatos mártires (ellos y ellas), Schwartz, Donati...

Atraído por lo que fui oyendo de la nueva Beata durante las celebraciones, he tratado de conocer más su persona durante los días pasados. Algo de lo que he ido percibiendo quiero ahora compartirlo con vosotros.

Madre Celestina Donati nació en Marradi, pequeña población de la Provincia de Florencia, en 1848 (doscientos años exactos después de la muerte de Calasanz). La bautizaron con el nombre de Marianna. Curiosamente el actual Obispo de la diócesis de Cortona, a la que pertenece el pueblo, nació también allí, “a pocos pasos de la casa natal de la Beata”, nos comentó. Mons. Gualtiero Bassetti presidió la Eucaristía de Acción de gracias, al día siguiente de la Beatificación, en la Basílica de San Lorenzo, la representación más perfecta –dicen- de la arquitectura renacentista, obra también de Brunelleschi. Esta iglesia se encuentra en la misma plaza de nuestra Casa de San Giovannino, en cuya iglesia tuvo lugar la Vigilia de oración y de acogida de peregrinos la noche anterior a la Beatificación. Marianna tomó el nombre de religión de Celestina (Donati) de la Madre de Dios el día de su vestición religiosa en 1889. Celestina por su Director espiritual, el escolapio P. Celestino Zini, que llegó a ser Obispo en Siena; “de la Madre de Dios”, por veneración a San José de Calasanz, quien igualmente había elegido para sí este nombre de religión. Llamó a su Congregación Sorelle Povere Calasanziane Della Madre di Dio e delle Scuole Pie. Más adelante, tras las aprobaciones pontificias (primera por San Pío X en 1911, segunda y definitiva por Benedicto XV en 1920), quedó el nombre de Figlie Povere di San Giuseppe Calasanzio (Suore Calasanziane). Zini las quería Orden Segunda Escolapia y así la presentó el día de la primera vestición de Celestina Donati y sus primeras cinco compañeras. Interesante que en la misma ceremonia, D. Francesco Donati, padre de Celestina, recibió el escapulario de la Orden Tercera de las Escuelas Pías, de manos del mismo P. Zini. Varios Escolapios de Florencia fueron consejeros de Celestina y sus valedores en las dificultades fundacionales, que fueron muchas, pero sin duda destacó Zini, quien fue su director espiritual y maestro e inspirador de la fundación. Murió con fama de santidad en Siena el año 1892. Celestina, que sufrió grandemente su pérdida, quiso sin embargo celebrar su muerte con el himno de acción de gracias (Te Deum laudamus) porque “había muerto un santo en la tierra”.

Las afinidades con el carisma calasancio, transmitido vivencialmente por el P. Zini y otros escolapios, son evidentes. Me atrevería a decir que es idéntico. Madre Celestina percibió a la perfección el carisma que guió a Calasanz y quiso imitarlo en su total integridad, apuntando a lo más genuino, si cabe: por puro amor de Dios entregar la vida para acoger a los niños pobres. La plasmación del carisma tuvo también su proceso. Celestina comienza abriendo una “escuela popular” –así la llama- a finales de 1885. Pero en los años sucesivos dos acontecimientos le dan nueva luz. Una madre desesperada le pide que acoja a su hija, todavía niña, para evitar que el padre la siga maltratando; entiende que Dios le pide acoger a los niños abandonados y huérfanos. Otra madre, en iguales condiciones de necesidad, deja abandonados ante Celestina a sus cuatro hijos pequeños, tres niñas y un niño; el padre ha sido condenado a prisión por treinta años; Celestina entiende que deberá acoger a los hijos de padres encarcelados. Le animan a ello otros escolapios, que ayudaban en actividades parecidas al Beato Bartolo Longo en el Santuario Mariano de Pompeya, junto a Nápoles. Le apoya también el nuevo Arzobispo de Florencia, el escolapio Cardenal Alfonso María Mistrangelo. Celestina se decide y abre “casa nido” en Florencia, Livorno y ¿por qué no en Roma? Allí manda a una compañera, M. Luigina Fiorini, en 1923. Mujer de gran carácter y de don de gentes, de mirada penetrante y atrayente, de gestos decididos. La conocí personalmente siendo junior en Roma. Apretaba la mano con fuerza al saludar y dejaba casi marcadas las huellas de sus manos encallecidas cargando con toda clase de enseres para dotar la casa cuna de Roma.

Madre Celestina murió en Florencia, en la Casa Madre de la Congregación, un 18 de marzo de 1925. Tenía 77 años. En Getafe, 10 días antes, había fallecido otro fundador, el escolapio P. Faustino Míguez. También ahora es contado en el catálogo de los Beatos. Fundó el Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora (Religiosas Calasancias).

Celestina fue mujer de carácter robusto, con capacidad organizativa, de gran fortaleza de ánimo. Sobresalió sobre todo por su carisma de “maternidad espiritual”. La llamaban familiarmente “madrina” por su comportamiento sumamente afectuoso: madrina delle sue nane (madrina de sus pequeñas). Dotada de inteligencia sobresaliente, se preparó para la docencia consiguiendo los diplomas correspondientes de maestra, cosa poco común en aquellos años entre las mujeres. Fue lectora asidua de teología y ascética.

El P. Zini la orientó hacia una espiritualidad centrada en la Pasión de Cristo, en el misterio de la cruz, aspecto central en la espiritualidad escolapia. Para Celestina la contemplación de la Pasión de Cristo le supuso una experiencia profunda de alma sencilla pero amada de Dios. La ciencia si no se acompaña de la sabiduría de la cruz puede reducirse a un saber sin alma, árido conocimiento. Sus “Meditaciones de la Pasión de Jesús” son expresión de una piedad popular. Bien sabemos que son sobre todo los misterios de Pasión y Cruz del Señor los que más inspiran la religiosidad popular, juntamente con su Natividad. Repasando estas meditaciones he encontrado un pasaje que no me resisto a transcribir por la novedad que supone todavía hoy. Se refiere a la contemplación de las palabras de Jesús “Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46).

Celestina resalta el hecho del grito de Jesús y lo relaciona con el grito de una mujer en trance de parto: “habiendo sido nuestro Padre en la creación, ahora se hace Madre en la cruz. ¡Cómo le cuesta en la Redención sernos Madre! ¿No oís –escribe citando a Juan Crisóstomo- cómo Jesús alza la voz como clamor, a semejanza de una Madre parturienta que se agita en el momento del parto? Realmente Jesús nos da a luz, a la vida de gracia, de su seno. Por ello nos debemos a él como a Madre llena de ternura; quizás más que a cualquier madre, porque somos hijos nacidos en el dolor.

El gritó con mucha vehemencia para recalcarnos esta verdad, que debe ser custodiada celosamente”.

Junto al amor al Misterio de la Pasión del Señor, Celestina cultivó también el amor a la Eucaristía. Por voluntad suya una comunidad, la de la Casa Madre, practica la adoración eucarística todos los días del año, a favor de la Congregación. Finalmente su pasión por Jesús Crucificado y Eucaristía se traducía en pasión por la humanidad que sufre, sobre todo en los pequeños indefensos y desatendidos. Como Calasanz, Madre Celestina supo reconocer el rostro de Jesús en el rostro de cada uno de sus niñas y niños pequeños.

Ante una mujer así no es extraño que fuera reconocida persona de Dios por los que la conocieron aunque sólo fuera de paso. El Cardenal de Pisa, Pietro Maffi, que sólo la vio una vez, quedó tan impactado que guardó viva siempre su memoria, describiendo así su retrato: “Su mirada, dulcísima. No levantaba los ojos si no lo requería el momento. Habitualmente los mantenía bajos y recogidos, por una costumbre sin duda muy arraigada en ella, siempre amada y custodiada. La cabeza, inclinada ligeramente como manteniéndose en un recogimiento de meditación interior. La palabra serena, precisa, delicada, sin gesticulaciones: a lo más un movimiento lento y sencillo de una mano a modo de precisión o asentimiento. Todo su rostro era de bondad, sereno y suave: el rostro de las personas habituadas a las consolaciones de Dios y a las miserias de los hombres; el rostro de quien posee en el corazón, como en un tabernáculo, a Dios que habla y es escuchado y también escucha; rostro de quien se inclina sobre los dolores de los hermanos para compartirlos, suavizarlos y consolarlos. Una bienaventurada, que tenía su mente absorta en Dios y sus manos siempre abiertas y tendidas a la caridad. Este es el recuerdo que guardo en mí de Sor Celestina Donati”.

Termino felicitando muy cordialmente a los hermanos que durante este mes de mayo celebran fechas significativas: a los PP. Felicísimo Del Mazo y Andrés Gómez por sus 60 años de sacerdocio escolapio; a los “noventañeros” PP. Gregorio Ruiz (92) y Fernando Negrillos, mi enhorabuena con todo afecto y estima.

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